Manejo del Dolor en el Paciente con Cáncer
El
dolor provocado por el cáncer se puede controlar eficazmente en la mayoría
de los pacientes con cáncer o con historial de dicho padecimiento. Aunque
este dolor no siempre se puede aliviar completamente, la mayoría de los
pacientes reciben algo de alivio de la terapia. El manejo del dolor mejora la
calidad de vida de los pacientes en todas las etapas de la enfermedad.
Un
factor importante en el manejo del dolor provocado por el cáncer es la
flexibilidad. Los pacientes difieren en su diagnóstico, la etapa de la
enfermedad en la que se encuentran, sus respuestas al dolor y a los tratamientos,
y sus gustos personales, por lo que el manejo del dolor provocado por el cáncer
debe ser individualizado. Los pacientes, sus familias y sus proveedores de salud
deben cooperar estrechamente para que el manejo del dolor del paciente sea eficaz.
Evaluación
Para
tratar el dolor, es necesario medirlo. El paciente y el médico deben medir
los niveles del dolor a intervalos regulares después de comenzar a tratar
el cáncer, cada vez que el paciente informe sobre un dolor nuevo, y después
de comenzar un tratamiento para el dolor. Se debe identificar y tratar con rapidez
la causa del dolor.
Informe del paciente para sí mismo
Para
ayudar al proveedor médico a determinar el tipo y el nivel del dolor, los
pacientes con cáncer pueden describir la ubicación y la intensidad
del dolor, los factores agravantes o aliviadores, y sus objetivos en relación
con el control del dolor.Se le podría pedir al familiar o persona encargada
que rinda un informe en aquellos casos en los que el paciente tenga problemas
del habla, lenguage o trastorno mental.
Dolor: El paciente puede describir
el dolor, cuándo empezó, cuánto dura, y si es más
fuerte a ciertas horas del día o de la noche. Ubicación:
El paciente puede mostrar con exactitud dónde le duele señalando
el punto en su cuerpo o en el dibujo de un cuerpo y a dónde va el dolor
si es que se mueve o se extiende. Intensidad
o gravedad: El paciente puede llevar un diario para anotar el grado de gravedad
del dolor. Factores
agravantes o aliviadores: El paciente puede identificar factores que hacen que
el dolor aumente o disminuya. Respuesta
conductuable al dolor: El proveedor de salud o personas encargadas del cuidado
del paciente pueden notar conductas que indiquen síntomas de dolor en aquellos
pacientes que tienen problemas de comunicación. Objetivos
sobre el control del dolor: Con ayuda de su proveedor médico, el paciente
puede decidir cuánto dolor puede aguantar y cuánta mejoría
puede lograr. El paciente puede utilizar un diario cotidiano sobre el dolor para
así tener una mejor conciencia de este, aumentar el control sobre el, y
recibir una guía adecuada por parte de los profesionales de la salud sobre
la mejor forma de manejar el dolor. Evaluación
de los resultados del manejo del dolor
Los resultados del manejo del
dolor se deben medir mediante el seguimiento de la disminución de la gravedad
del dolor y el progreso en la capacidad de pensar, bienestar emocional y funciones
sociales. Se debe hacer seguimiento también a los resultados después
de tomar los medicamentos para el dolor. La adicción a los medicamentos
no es común entre los pacientes de cáncer. El que desarrolle una
tolerancia más alta hacia un medicamento o se vuelva físicamente
dependiente de ese medicamento para el alivio del dolor no significa que el paciente
está adicto. Los pacientes deben tomar los medicamentos para el dolor tal
como se los recete el médico. Los pacientes que tienen historia de abuso
de drogas, pueden tolerar una dosis más alta del medicamento para el control
del dolor.
Manejo
con fármacos
Principios básicos del manejo del dolor
relacionado con el cáncer La Organización Mundial de la Salud
(OMS) desarrolló un programa de 3 pasos para el manejo del dolor basado
en la severidad del dolor:
Para el dolor que va de leve a moderado, el
médico podría recetar un medicamento de la fase I tal como aspirina,
acetaminofeno o uno antiinflamatorio no esteroides (AINE, por sus siglas en inglés).
Los pacientes deben ser monitoreados en sus efectos secundarios especialmente
aquellos ocasionados por AINE como en los riñones o estómago y problemas
intestinales. Cuando
el dolor tarda en aliviarse o aumenta, el médico podría cambiar
la receta a un medicamento para el dolor en la fase II o la fase III. La mayoría
de los pacientes con dolor relacionado con el cáncer necesitarán
un medicamento de fase II o III. El médico podría pasar por alto
los medicamentos en la fase I si los pacientes inicialmente tienen un dolor que
va de lo moderado a lo severo. En
cada etapa el médico podría recetar medicamentos o tratamientos
adicionales (como por ejemplo radioterapia). El
paciente debe tomar sus dosis de forma regular, por vía oral y de acorde
al horario estipulado para mantener un nivel constante de fármaco en el
cuerpo. Así evitará que el dolor recurra. Si el paciente está
incapacitado de tragar, el medicamento deberá administrarse por otra ruta
(p.ej., mediante infusión o inyección). El
médico puede recetar dosis adicionales del fármaco para que el paciente
las tome según lo necesite para el dolor que se presenta entre horario
y horario del medicamento. El
médico hará un reajuste de la dosis para el dolor para las necesidades
individuales de cada paciente y sus condiciones físicas. El
acetaminofeno y los AINEs
Los AINEs son eficaces en el alivio del dolor
leve, y se pueden administrar junto con opiáceos para mitigar dolores moderados
o fuertes. El acetaminofeno también alivia el dolor, pero no tiene el efecto
antiinflamatorio de la aspirina o los AINEs. Los pacientes, especialmente los
pacientes mayores de edad, que toman acetaminofeno deben ser observados cuidadosamente
por efectos secundarios.
Opioides
Los opioides son muy eficaces
para el alivio del dolor moderado a fuerte. Los casos de tratamiento deficiente
surgen cuando la preocupación sobre la adicción a estos fármacos
(dependencia psicológica) hace que ésta se confunda con la tolerancia
y la dependencia física. Muchos pacientes con dolor provocado por el cáncer
se vuelven tolerantes a los opioides durante terapias de larga duración.
Esto hace necesario aumentar sus dosis para continuar aliviando su dolor, incluso
aunque puedan surgir efectos secundarios.
Tipos de opioides
Existen
varios tipos de opioides. La morfina es el opioide más común utilizado
en el manejo del cáncer. Otros opioides comúnmente utilizados son
la idromorfona, oxicodona, metadona y fentanilo. La disponibilidad de varios y
diferentes opioides le permite al médico ciertas flexibilidad en recetar
un régimen de medicamentos que llenaran las necesidades individuales del
paciente.
Pautas en la administración de opioides
La
mayoría de los pacientes con dolor del cáncer necesitarán
recibir un medicamento contra el dolor en un horario fijo para manejar el dolor
y prevenir que este empeore. El médico recetará una dosis de medicamento
opioide que podrá tomarse según se necesite junto al opioide regular
en sus dosis establecidas para controlar el dolor que se presente entre las dosis
estipuladas. La cantidad de tiempo entre dosis dependerá del tipo de opioide
que recete el médico. La dosis correcta consistirá en la cantidad
de opioide que controle el dolor con la menor cantidad de efectos secundarios
posibles. La meta es lograr un buen equilibrio entre el alivio del dolor y los
efectos secundarios mediante un reajuste gradual de la dosis. Si el paciente se
volviera tolerante al opioide, esto se puede resolver aumentando sus dosis o cambiando
el medicamento por otro opioide, especialmente si se necesitan dosis más
altas.
Ocasionalmente, las dosis necesitan reducirse o suspenderse. Esto
podría presentarse cuando los pacientes se recuperan del dolor debido al
tratamiento del cáncer como el bloqueo de nervios o la radioterapia. El
médico podría disminuir las dosis cuando el paciente experimenta
sedación relacionada con el opioide y un buen control del dolor.
Los
medicamentos para el dolor se pueden administrar de varias maneras. El método
preferido es el oral, ya que los fármacos administrados por vía
oral son convenientes y por lo general cuestan poco. Cuando el paciente no puede
tomar medicamentos por vía oral, se pueden utilizar otros métodos
menos invasores, como la vía rectal o los parches de medicamento que se
colocan en la piel. Los métodos intravenosos sólo se utilizan cuando
los métodos que son simplemente menos exigentes, menos costosos resultan
inapropiados, ineficaces o no aceptables al paciente. Algunas veces se usan bombas
analgésicas controladas por el paciente (PCA, por sus siglas en inglés)
que se utilizan para determinar la dosis necesaria al principio de la terapia.
Una vez se logra controlar el dolor, el médico podría recetar dosis
regulares de opioides basadas en la cantidad requerida por el paciente cuando
utiliza la bomba PCA. La administración intraespinal de los opioides combinada
con un anestésico local podría resultar útil en algunos pacientes
que sufren de dolor incontrolable.
Efectos secundarios de los opioides
Los
pacientes deben vigilarse de cerca para determinar si presentan algunos de los
efectos secundarios más comunes de los opiáceos, los cuales incluyen
estreñimiento, náusea y somnolencia. El médico debe consultar
con el paciente antes de iniciar una terapia con opioides. La náusea y
la somnolencia suelen presentarse por lo general al inicio de la terapia y tiende
a mejorar a los pocos días, otro de los efectos secundarios de los opioides
incluye el vómito, problemas para pensar claramente, problemas para respirar,
la sobredosis gradual, y mal desempeño sexual.
Los opioides disminuyen
las contracciones musculares y movimientos del estómago y los intestinos,
lo que da como resultado deposiciones duras. La clave para prevenir eficazmente
el estreñimiento es asegurarse de que el paciente ingiere suficientes líquidos
para mantener las deposiciones suaves. El médico debe recetar un suavizador
de deposiciones al inicio de un tratamiento con opioides. Si el paciente no responde
ante el suavizador de deposiciones, se deberá recetar laxantes adicionales.
Los pacientes deben hablar con sus médicos sobre los efectos secundarios
que lleguen a ser demasiado molestos o fuertes. Debido a que existen diferencias
entre los diversos pacientes en cuanto al grado de efectos secundarios ocasionados
por los opioides, los efectos severos o prolongados deben informárseles
al médico. En estos casos el médico podría reducir la dosis
del opioide, cambiar de opioide o cambiar la forma de administración de
este, por ejemplo de forma intravenosa o inyectada en vez de oral, para de esta
manera reducir los efectos secundarios.
Fármacos utilizados
con los medicamentos para el dolor
También se puede administrar
otros fármacos al mismo tiempo que los medicamentos contra el dolor con
el fin de aumentar su eficacia, tratar los síntomas y aliviar tipos específicos
de dolor. Estos fármacos incluyen los corticosteroides, los anticonvulsivos,
los antidepresivos, los anestésicos locales y los estimulantes. Existen
diferencias marcadas en como los pacientes responden a estos medicamentos. Los
efectos secundarios son comunes y deben ser comunicados al médico.
Intervenciones
físicas y psicosociales
Se pueden utilizar métodos físicos
y psicológicos no invasores junto con fármacos y otros tratamientos
para manejar el dolor durante todas las fases del tratamiento del cáncer.
La eficacia de las intervenciones contra el dolor dependerá de la participación
del paciente en el tratamiento y de su capacidad para indicar a su proveedor médico
qué métodos le alivian mejor el dolor.
Intervenciones
físicas
La debilidad, el desgaste muscular y el dolor muscular/óseo
se pueden tratar con calor (compresas calientes o almohadillas eléctricas);
frío (paquetes de hielo flexibles); masajes, presión y vibración
(para ayudar con la relajación); ejercicio (para fortalecer los músculos,
aflojar las articulaciones rígidas, recuperar la coordinación y
el equilibrio, y fortalecer el corazón); cambios de posición; restricción
del movimiento de áreas doloridas o huesos rotos; estimulación;
estimulación eléctrica controlada de bajo voltaje; o acupuntura.
Intervenciones relacionadas con el pensamiento y la conducta
Las
intervenciones relacionadas con el pensamiento y la conducta también son
importantes para tratar el dolor, al servir para que los pacientes se sientan
en control de su situación y para que aprendan a afrontar su enfermedad
y sus síntomas. Es útil comenzar estas intervenciones temprano durante
el curso de la enfermedad para que los pacientes puedan aprender y practicar sus
habilidades cuando aún tienen suficiente fuerza y energía. Se deben
probar diversos métodos, y se debe utilizar uno o varios regularmente.
Imaginería y relajación: Se pueden utilizar técnicas
de relajación simples para los episodios de dolor cortos (por ejemplo,
durante los procedimientos del tratamiento del cáncer). Las técnicas
breves y simples son apropiadas para periodos en que la capacidad de concentración
del paciente se ve limitada por dolores fuertes, ansiedad intensa o fatiga. (Vea
los ejercicios de relajación que aparecen debajo) Hipnosis:
Se pueden usar técnicas hipnóticas para promover la relajación,
y éstas pueden combinarse con otros métodos relacionados con el
pensamiento y la conducta. La hipnosis surte efecto como calmante del dolor para
las personas que son capaces de concentrarse y usar la imaginería, y que
están dispuestos a practicar esta técnica.
Pensamiento
dirigido: Para no concentrarse en el dolor o en las emociones negativas que éste
conlleva se pueden utilizar distracciones internas (por ejemplo, contar, rezar,
o decirse a sí mismo "Puedo aguantar") o externas (como la música,
la televisión, el diálogo, el escuchar a alguien leer, o el mirar
a algo específico). Los pacientes también pueden aprender a estudiar
y evaluar los pensamientos negativos y reemplazarlos con ideas e imágenes
más positivas.
Educación
del paciente: Los proveedores médicos pueden entregar a los pacientes información
e instrucciones sobre el dolor y su manejo y asegurarles que es posible controlar
eficazmente la mayoría de los dolores. También deben hablarles sobre
los obstáculos más importantes que existen a la hora de lograr un
manejo eficaz del dolor.
Apoyo
psicológico: La terapia psicológica a corto plazo ayuda a algunos
pacientes. Los que desarrollan una depresión clínica o un trastorno
de la adaptación pueden acudir a un psiquiatra para obtener un diagnóstico.
Grupos
de apoyo y orientación religiosa: Los grupos de apoyo ayudan a muchos pacientes,
y la orientación religiosa puede ayudarles también al proporcionarles
cuidados espirituales y apoyo social.
Los
siguientes ejercicios de relajación pueden ser útiles para el alivio
del dolor
Ejercicio 1.
Respiración
lenta y rítmica para la relajación *
Tome aire lenta y profundamente,
mantenga el estómago y los hombros relajados. Expulse el aire despacio
y note cómo empieza a relajarse; sienta que la tensión abandona
su cuerpo. Respire lentamente y de forma regular a un ritmo cómodo
para usted. Si lo desea, puede respirar inflando y desinflando el abdomen. Para
ayudarle a concentrarse en su respiración y respirar de forma lenta y rítmica:
cuente hasta tres para sí mismo al tomar aire o diga para sus adentros
algo como "paz" o "ahhh" al expulsarlo. Siga los pasos
1 a 4 sólo una vez o repita los pasos 3 y 4 hasta un máximo de 20
minutos. Para terminar, respire profundamente. Al expulsar el aire, dígase
a sí mismo: "me siento alerta y relajado".
Ejercicio
2.
Contacto físico simple, masaje o calor *
El contacto
físico y el masaje son métodos tradicionales para ayudar a que otros
se relajen. Como ejemplos tenemos: - Contacto
o masaje breve, como el tomar a alguien de la mano, colocarle la mano en el hombro
un instante o darle un pequeño masaje en los hombros.
- Poner
los pies en remojo en agua tibia o envolverlos en una toalla húmeda y caliente.
- Masaje
del cuerpo entero o sólo la espalda, los pies o las manos (entre 3 y 10
minutos). Si el paciente es recatado o no puede moverse o voltearse con facilidad
en la cama, se puede considerar el masaje de las manos y los pies.
- Uso
de un lubricante tibio. Se puede calentar un poco de loción en un recipiente
en el microondas o un frasco de loción sumergiéndolo en agua caliente
durante 10 minutos aproximadamente.
Los
masajes para relajar se suelen dar en forma de toques suaves, largos y lentos;
no obstante, se puede probar a ejercer diferentes grados de presión y usar
distintos tipos de masaje, como si estuviese amasando la piel y golpecitos ligeros
de arriba hacia abajo, para determinar cuál prefiere el paciente.
Sobre
todo para las personas de edad avanzada, un masaje de la espalda que surta efecto
relajando al paciente puede consistir en 3 minutos o menos de toques lentos y
rítmicos (unos 60 por minuto) a ambos lados de la columna, desde lo alto
de la cabeza hasta la cintura. Para mantener el contacto continuamente, empiece
a bajar una mano por la espalda mientras la otra está aún en la
cintura, y luego levántela. Es una buena idea tener un horario regular
para el masaje, ya que esto le da al paciente algo agradable que esperar con ansias.
Ejercicio 3.
Experiencias pasadas agradables *
Toda
persona cuenta con experiencias pasadas que le hacen sentirse tranquilo y cómodo
al pensar en ellas. Quizás usted pueda recordar una de esas experiencias
y sentir lo mismo en el presente. Considere las siguientes preguntas: ¿Puede
recordar alguna situación, incluso de cuando era niño, en que se
sintiera tranquilo, sosegado, seguro, esperanzado o cómodo? ¿Se
ha encontrado alguna vez soñando despierto sobre algo que le ha hecho sentirse
sereno? ¿En qué estaba pensando? ¿Le hace sentirse bien
la música? ¿Qué clase de música prefiere? ¿Tienen
algún poema favorito que le haga sentirse alegre o tranquilo? ¿Es
usted religioso o lo ha sido alguna vez? ¿Tiene lecturas, himnos u oraciones
favoritas? Aunque no las haya oído ni haya pensado en ellas durante mucho
tiempo, las experiencia religiosas infantiles pueden servir aún para sosegarle.
Puntos adicionales: Algunas de las cosas que le hacen sentir bien, como
su música favorita o una oración, se pueden grabar para que usted
las oiga siempre que quiera; o, si tiene buena memoria, puede simplemente cerrar
los ojos y recordar la experiencia o las palabras que desee.
Ejercicio
4.
Escuchar música de forma activa *
Obtenga los siguientes
objetos: Un reproductor o una grabadora de casete (conviene que sea uno de
los más pequeños que funcionan con pilas). Auriculares (con
ellos se consigue más estímulo que oyendo música de un altavoz
y además se evita molestar a otras personas). Una cinta de casete de
música que le guste (casi todo el mundo prefiere música rápida
y viva, pero algunos elijen música relajante. También se pueden
escuchar grabaciones de comedias, acontecimientos deportivos, programas de radio
antiguos o historias). Marque el ritmo de la música usando, por ejemplo,
un dedo o meneando la cabeza. Eso le ayudará a concentrarse en la música
y no en sus molestias. Mantenga los ojos abiertos y fije su mirada en un punto
o un objeto inmóvil. Si desea cerrar los ojos, imagínese algo relacionado
con la música. Escuche la música a un volumen agradable. Si
aumenta la molestia, pruebe a subir el volumen, y bájelo cuando la molestia
se vaya aliviando. Si este ejercicio no le da suficientes resultados, pruebe
una de los siguientes ideas: dése un masaje al ritmo de la música,
pruebe otro tipo de música, o marque el ritmo de la música de más
de una forma, por ejemplo, con la mano y el pie al mismo tiempo.
Puntos
adicionales: Esta técnica funciona para muchos pacientes y la utilizan
muchas personas, probablemente debido a que el equipo necesario es algo fácil
de encontrar que forma parte de nuestra rutina diaria. Otras de sus ventajas son
que es fácil de aprender y no le deja a uno exhausto física ni mentalmente.
Si se encuentra muy cansado, puede dedicarse a escuchar la música solamente,
sin marcar el ritmo ni fijar su mirada en un punto. * [Nota: Adaptado
y reproducido con permiso, de McCaffery M, and Beebe A: Pain: Clinical Manual
for Nursing Practice. St. Louis, Mo: CV Mosby: 1989.]
Intervenciones
anticáncer
Radioterapia
La radioterapia local
o del cuerpo entero puede aumentar la eficacia de los medicamentos contra el dolor
y otras terapias no invasoras al afectar directamente a la causa del dolor (por
ejemplo, reduciendo el tamaño del tumor). Una sola inyección de
un agente radioactivo puede aliviar el dolor cuando el cáncer se disemina
de forma extensa por los huesos.
Cirugía
Se puede
utilizar la cirugía para extirpar el tumor en parte o en su totalidad con
el fin de reducir el dolor directamente, aliviar síntomas de obstrucción
o compresión, y mejorar los resultados, incluso aumentando la supervivencia
a largo plazo.
Intervenciones
invasivas
Se debe utilizar los métodos menos invasores para
aliviar el dolor antes de probar tratamientos invasores. No obstante, algunos
pacientes pueden necesitar este tipo de terapia.
Bloqueos de los nervios
El
bloqueo de los nervios consiste en la inyección ya sea de un anestésico
local o de un fármaco que desactiva los nervios con el fin de controlar
dolores que no es posible aliviar de otra manera. Estos bloqueos se pueden usar
para determinar de dónde proviene el dolor, tratar padecimientos dolorosos
que responden a este tratamiento, predecir cómo responderá el dolor
a tratamientos a largo plazo, y evitar el dolor después de un procedimiento
médico.
Intervenciones neurológicas
Se puede
realizar una operación para implantar un aparato que administre fármacos
o que estimule los nervios mediante corrientes eléctricas. En casos excepcionales,
es posible llevar a cabo una operación para destruir uno o varios nervios
que formen parte del itinerario del dolor.
Manejo del dolor provocado
por procedimientos médicos
Muchos de los procedimientos para
el diagnóstico y el tratamiento son dolorosos, pero es posible tratar este
dolor antes de que aparezca. Se pueden utilizar anestésicos locales u opiáceos
de poca duración para manejar el dolor provocado por dichos procedimientos,
siempre que se cuente con el tiempo suficiente para que el fármaco surta
efecto. También se pueden usar fármacos contra la ansiedad o sedantes
para reducir la ansiedad o sedar al paciente. Los tratamientos como la imaginería
y la relajación son útiles en el manejo del dolor y la ansiedad
provocada por procedimientos médicos.
Los pacientes normalmente
toleran mejor los procedimientos si saben lo que esperar. La compañía
de un familiar o amigo durante el procedimiento puede ayudar a reducir su ansiedad.
Tanto los pacientes como sus familiares deberían recibir instrucciones
por escrito sobre cómo manejar el dolor en casa y con quién ponerse
en contacto si tienen preguntas relacionadas con el manejo de esa molestia.
Tratamiento
para pacientes de edad avanzada
Los pacientes de edad más avanzada
corren el riesgo de recibir tratamientos deficientes para el dolor debido a que
a veces se subestima su sensibilidad al dolor, se espera que lo toleren bien,
y existen ideas falsas sobre su habilidad para beneficiarse de los opioides. Los
problemas que pueden surgir a la hora de evaluar y tratar el dolor relacionado
con el cáncer en pacientes de edad avanzada incluyen: El padecimiento
de varias enfermedades crónicas y la existencia de varias fuentes de dolor.
La edad y tratamientos complicados con medicamentos ponen a las personas mayores
en mayor riesgo de interacciones entre los medicamentos y entre los medicamentos
y las enfermedades crónicas. Los
problemas de la vista, el oído, el movimiento y el razonamiento pueden
hacer necesario usar pruebas más simples y un control más frecuente
para determinar el grado de dolor en los pacientes de más edad. Es
más probable que los pacientes mayores padezcan efectos secundarios de
los medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE, por sus siglas en inglés),
como toxicidad estomacal y del hígado, problemas para pensar, estreñimiento
y dolores de cabeza. Eficacia
de los opioides: Los pacientes de más edad pueden ser más sensitivos
al alivio del dolor y a los efectos de los opioides en el sistema nervioso central
y por lo tanto tener periodos más prolongados de alivio del dolor. La
analgesia controlada por el paciente se debe utilizar con precaución con
los pacientes de edad avanzada, ya que los fármacos tardan más tiempo
en salir de su cuerpo y estos pacientes son más sensibles a sus efectos
secundarios. Otras
vías de administración, como la vía rectal, pueden no ser
útiles con estos pacientes debido a su incapacidad física para administrarse
el medicamento. El
control del dolor después de una operación requiere mantener un
contacto directo y frecuente con los proveedores médicos, para el monitoreo
del manejo del dolor. Se
debe realizar una nueva evaluación del manejo del dolor y efectuar los
cambios necesarios cada vez que el paciente se mude (por ejemplo, del hospital
a su casa o a un asilo).
Fuente www.cancer.gov Si
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http://www.geosalud.com/Cancer%20pacientes/Cancer%20index.htm
Aviso La
información que usted encontrará en este artículo no pretende substituir
el necesario consejo médico o la necesidad de un tratamiento profesional médico
para una dolencia o transtorno en su salud. Siempre
debe consultar a un médico ante cualquier duda sobre su salud y antes de comenzar
un nuevo tratamiento con medicamentos, dieta o programa de ejercicio físico
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