Accidente
Cerebrovascular
¿Qué
es un accidente cerebrovascular o una apoplejía?
Bases
del proceso
Obstrucción
del riego sanguíneo. El cerebro recibe un 25% del oxígeno del cuerpo, pero
no puede almacenarlo. Las células del cerebro requieren un aporte constante de
oxígeno para mantenerse sanas y funcionar correctamente. La sangre, entonces,
necesita llegar continuamente al cerebro a través de los dos sistemas arteriales
importantes:
- Las
arterias carótidas, que suben por la parte anterior del cuello. (El pulso de una
arteria carótida puede notarse poniendo los dedos suavemente en cualquier lado
del cuello por debajo de la mandíbula).
- Las
arterias basilares se forman en la base del cráneo a partir de las arterias vertebrales,
que recorren la columna vertebral y llegan por la parte posterior del cuello.
Una reducción del flujo sanguíneo durante un mínimo período de tiempo puede
resultar desastrosa y es la causa principal de embolismo. Una embolia tiene la
misma relación con el cerebro que un ataque cardiaco tiene con el corazón. Las
dos cosas son resultado de una obstrucción de un vaso sanguíneo que interrumpe
el suministro de oxígeno a las células, provocando la muerte de tejido vital.
Un accidente
cerebrovascular (ACV) normalmente es de dos tipos:
- Isquémico
(causado por una obstrucción en una arteria).
- Hemorrágico
(causado por un desgarro de la pared de la arteria que produce una hemorragia
en el cerebro)
Las
consecuencias de un ACV, el tipo de funciones afectadas y la gravedad, difieren
según el punto en el que se localiza la oclusión y la extensión de la lesión.
Necrosis
celular. Otros procesos localizados en el cerebro agravan la lesión. Los científicos
están llevando a cabo investigaciones con el fin de descubrir el ciclo de acontecimientos
involucrados en la necrosis celular una vez que se pierde el oxígeno.
Una
de las hipótesis es la siguiente:
- Cuando
la sangre no llega al cerebro, se liberan las proteínas denominadas aminoácidos
"excitadores", entre las que se incluyen el glutamato y la glicina.
- Éstas proteínas abren canales
en las membranas que cubren las neuronas (células del cerebro) y permiten la entrada
de grandes cantidades de calcio.
- El
calcio reacciona en las neuronas y libera sustancias nocivas que dañan las células.
- Las partículas naturales
liberadas por los procesos químicos del cuerpo humano denominadas radicales libres
de oxígeno tal vez desempeñen un papel en la lesión provocada por el AVC. (Los
peróxidos lípidos son algunos de los radicales libres de oxígeno que están siendo
estudiados).
Otra
hipótesis se centra en una enzima denominada PARP (Poli(ADP-ribosa)polimerasa):
- La PARP normalmente efectúa
reparaciones moleculares menores.
- Sin
embargo, ante una lesión importante, la reacción de la PARP es desmesurada y absorbe
todas las enzimas ATP, las cuales constituyen la principal fuente de energía celular.
- Las células
mueren.
- En
cuestión de minutos, la zona donde se produce la necrosis celular inicial es rodeada
por células del cerebro adicionales dañadas y en proceso de necrosis. El proceso
puede alargarse durante horas.
Accidente
cerebrovascular de origen isquémico
El
ACV isquémico constituye la forma más frecuente de apoplejía, siendo la causa
del 80% de todos los accidentes cerebrovasculares. Denominamos isquemia al déficit
de aporte de oxígeno en los tejidos vitales. Las embolias se producen por la formación
de coágulos que normalmente son de dos tipos:
- Trombosis
cerebral. Los trombos son coágulos sanguíneos que se forman en el interior
de algunas de las arterias del cerebro.
- Embolia.
Los émbolos son coágulos que desde otros emplazamientos son arrastrados por la
sangre, y se van acumulando en la arteria (émbolos).
Arteriosclerosis
y trombosis. Por lo general, una trombosis cerebral se produce cuando un coágulo
de sangre obstruye una arteria del cerebro; el coágulo de sangre se forma como
consecuencia de la arteriosclerosis, proceso involutivo de endurecimiento de las
arterias. A veces estos accidentes cerebrovasculares reciben el nombre de ACV
de grandes arterias. Este proceso es complejo y se produce con el tiempo:
- Las paredes de las arterias
se hacen poco a poco más gruesas, rígidas y estrechas hasta reducir el flujo sanguíneo,
una alteración denominada estenosis (estrechamiento).
- Las
lesiones en las arterias anómalas indican al sistema inmunológico cuándo liberar
glóbulos blancos (especialmente aquellos denominados neutrófilos y macrófagos)
en el lugar afectado.
- Los
macrófagos se "comen" literalmente los restos y se convierten en células espumosas
que se adhieren a las células de los músculos lisos de los vasos sanguíneos, haciendo
que se acumulen.
- El
sistema inmunológico, al detectar una mayor agresión, libera otros factores denominados
citoquinas, que atraen más glóbulos blancos y perpetúan el ciclo regenerativo.
A medida que continúan estos procesos, el riego sanguíneo es más lento.
- Además, las paredes interiores
lesionadas no consiguen producir suficiente óxido nítrico, una sustancia vital
para el mantenimiento de la elasticidad de los vasos sanguíneos. Las arterias
se calcifican y pierden elasticidad.
- Las
arterias endurecidas y rígidas son incluso más vulnerables a lesionarse. Si se
desgarran, puede formarse un coágulo sanguíneo o trombo.
- A
continuación el coágulo sanguíneo obstruye completamente la arteria ya estrecha
y no deja llegar oxígeno hasta determinadas partes del cerebro. Entonces se produce
un accidente cerebrovascular.
Embolias
y fibrilación auricular. Por regla general, una embolia se produce por la
emigración de un coágulo sanguíneo, que circula por los vasos sanguíneos hasta
quedar atascado en una arteria. Los émbolos representan un 60% de los accidentes
cerebrovasculares debido a varios trastornos:
- En
un 15% de todos los casos, las embolias se forman originalmente como consecuencia
de una alteración del ritmo cardíaco denominada Fibrilación Auricular, un latido
irregular rápido en las aurículas del corazón. A consecuencia del bombeo irregular,
parte de la sangre puede acumularse en la aurícula, donde da lugar a coágulos,
que pueden posteriormente soltarse y llegar al cerebro como émbolos.
- Los émbolos también pueden
originarse por coágulos de sangre localizados en el emplazamiento de válvulas
cardíacas artificiales, tras un infarto de miocardio, o como resultado de la alteración
de una válvula del corazón.
- Los
émbolos pueden producirse también después de un infarto de miocardio o en relación
con una insuficiencia cardiaca. (Rara vez un émbolo se forma a partir de partículas
grasas, células de tumores, o burbujas de aire que circulan a través del torrente
sanguíneo).
Infarto
lacunar. Denominamos infartos lacunares a una serie de accidentes cerebrovasculares
isquémicos menores que son la causa de torpeza de movimientos, debilidad y variabilidad
emocional. Representan un 25% de embolias y a veces constituyen señales de aviso
de una embolia grave.
Accidente
cerebrovascular hemorrágico
Hemorragia.
El 20% de lo ACV se producen por una hemorragia (sangrado repentino). Las embolias
hemorrágicas pueden clasificarse por cómo y cuándo ocurren:
- Hemorragia
cerebral o parenquimatosa, se produce dentro del cerebro. Representan más de la
mitad de apoplejías hemorrágicas. Suelen ser principalmente resultado de una hipertensión
que ejerce presión excesiva en las paredes arteriales dañadas ya por la aterosclerosis.
Los pacientes con ataque cardiaco que han recibido fármacos para romper los coágulos
o fármacos para diluir la sangre tienen un riesgo ligeramente elevado de este
tipo de apoplejía.
- Hemorragia
subaracnoidea, el otro tipo principal de embolia hemorrágica, se produce en los
tejidos que rodean el cerebro. Suelen estar causadas por la ruptura de un aneurisma,
una pared de un vaso sanguíneo debilitada, que a menudo es un trastorno heredado..
- Malformación
o fístulas arteriovenosas (MAV), es una conexión anormal entre arterias y venas.
Si se produce en el cerebro y se rompe, puede causar también una embolia hemorrágica.
Baja presión
arterial (hipotensión). Aunque no es tan frecuente, una presión sanguínea
demasiado baja puede reducir el suministro de oxígeno al cerebro y causar un ACV.
Esta situación puede darse en el caso de un infarto de miocardio, de un episodio
hemorrágico grave, de una infección grave (sepsis), o del uso de anestesia quirúrgica
o un tratamiento excesivo de hipertensión.
¿Cuáles
son los síntomas de un accidente cerebrovascular?
Las
personas con factores de riesgo, así como los compañeros o las personas que atienden
a individuos que presentan riesgo de embolias, deberían conocer cuáles son los
síntomas generales a fin de que la víctima de un ACV sea trasladada a un hospital
lo antes posible tras la aparición de estas señales de aviso. Resulta especialmente
importante que las personas que padezcan migrañas o dolores de cabeza agudos frecuentes
sepan cómo distinguir un dolor de cabeza corriente de los síntomas de una embolia.
Ataques
isquémicos transitorios
Los
ataques isquémicos transitorios (TIA) son pequeñas embolias isquémicas, a menudo
causadas por émbolos diminutos que se adhieren a una arteria y rápidamente se
fragmentan y disuelven. Las alteraciones mentales y físicas producidas a consecuencia
de estos TIA suelen desaparecer en menos de un día; de hecho, casi todos los síntomas
desaparecen en menos de una hora. No hay daño residual alguno.
Sin
embargo, los ataques isquémicos transitorios son señales de aviso de embolias
isquémicas, del mismo modo que una angina constituye un indicio de un posible
infarto de miocardio.
Aproximadamente
el 5% de las personas que experimentan ataques isquémicos transitorios sufren
una embolia en cuestión de un mes y, si no reciben tratamiento, una tercera parte
padecerán ACV en el transcurso de los cinco años siguientes. (De hecho, dada la
relación que existe entre la arteriosclerosis, la enfermedad arterial coronaria
y los AVC, los ataques isquémicos transitorios son también signos de aviso de
un posible ataque cardíaco).
Es
frecuente que uno de los dos sistemas arteriales principales esté implicado en
un ataque isquémico transitorio, ya sean las arterias carótidas o la arteria basilar:
Síntomas
de ataques isquémicos transitorios en las arterias carótidas. Las arterias
carótidas empiezan en la aorta y asciendo por el cuello, alrededor de la tráquea
hasta llegar al cerebro. Cuando se producen en esta zona los TIA, pueden causar
síntomas en la retina del ojo o en el hemisferio cerebral (una de las mitades
del cerebro):
- Cuando
se reduce el paso de oxígeno al ojo, la gente describe efectos visuales semejantes
a cuando baja una persiana. También pueden sufrir una mala visión nocturna.
- Cuando la zona
afectada por el TIA es uno de los hemisferios cerebrales, una persona puede experimentar
problemas de habla y parálisis, sensación de hormigueo, y entumecimiento, a menudo
en un único lado del cuerpo.
Síntomas
de ataques isquémicos transitorios en la arteria basilar. La segunda ubicación
problemática más importante, la arteria basilar, tiene su origen en la base del
cráneo a partir de las arterias vertebrales, que recorren la medula espinal. Cuando
el TIA se localiza en esta arteria, ambos hemisferios cerebrales pueden resultar
afectados, de manera que los síntomas aparecen en ambos lados del cuerpo. Algunos
de estos síntomas son los siguientes:
- Visión
temporalmente difusa, gris, borrosa en ambos ojos.
- Hormigueo
o entumecimiento en la boca, mejillas o encías.
- Dolor
de cabeza en la parte posterior.
- Mareos.
- Náuseas y vómitos.
- Dificultad en la
deglución.
- Incapacidad
de hablar claramente.
- Debilidad
en brazos y piernas, a veces provocando una súbita caída.
Síntomas
de un accidente cerebrovascular isquémico grave
Rapidez
en el inicio de los síntomas. El inicio de los síntomas en un ACV grave puede
variar en función del origen:
- Si
el ataque isquémico grave es causado por émbolos que han circulado por los vasos
sanguíneos hasta adherirse a una arteria en el cerebro, la aparición es repentina.
- Cuando la
causa del ACV es una trombosis, coágulo de sangre formado en una arteria estrechada,
la aparición es, por regla general, más gradual, en un tiempo que va de minutos
a horas. En casos infrecuentes, progresa de días a semanas.
Síntomas. Los
síntomas de un ACV grave son extremadamente variables:
- Los
síntomas precoces pueden ser idénticos a los de un ataque isquémico transitorio,
dado que, en ambos casos, el coágulo puede ser el causante de una oclusión en
un tramo de las arterias carótidas o basilar. [Ver más arriba]. (En el caso de
un ataque isquémico transitorio, los síntomas desaparecen).
- Por
regla general, el coágulo de sangre afecta al lado del cuerpo opuesto a su localización
en el cerebro, con la consiguiente posible pérdida de sensibilidad en uno de los
lados de la cara, en un brazo o pierna, o ceguera en un ojo.
- Pueden
producirse problemas de habla si está afectado el hemisferio izquierdo del cerebro.
(En algunas personas, especialmente en aquellas que son zurdas, las facultadas
del habla pueden verse afectadas por un coágulo localizado en el hemisferio derecho
del cerebro).
- La
víctima de una apoplejía podría ser incapaz de expresar verbalmente pensamientos
o de entender palabras cuando le hablan.
- Pueden
sufrir convulsiones graves y posiblemente un coma.
Síntomas
de un ACV hemorrágico
Síntomas
de una hemorragia cerebral. Los síntomas de una hemorragia cerebral, o parenquimatosa,
suelen aparecer repentinamente y desarrollarse durante varias horas y, entre otros,
son:
- Dolor
de cabeza
- Náuseas
y vómitos
- Alteración
del estado mental.
Hemorragia
subaracnoidea. Cuando la hemorragia es de tipo subaracnoidea, pueden producirse
una serie de señales de alerta desde unos días hasta un mes después, debidas a
un vaso sanguíneo roto después de que el aneurisma (dilatación y debilitamiento
de la pared del vaso) se desarrolle por completo y se rompa. Estas señales de
alarma incluyen:
- Dolores
de cabeza repentinos
- Náuseas
y vómitos
- Sensibilidad
a la luz.
- Diferentes
síntomas neurológicos
Cuando
el aneurisma se rompe, el paciente puede presentar:
- Un
terrible dolor de cabeza
- Rigidez
de nuca
- Vómitos
- Alteración del
nivel de conciencia
- Los
ojos pueden quedar fijos en una dirección o perder visión
- Puede
producirse apatía, rigidez y coma.
Infartos
cerebrales silentes
Ni
más ni menos que el 31% de las personas de la tercera edad padecen infartos cerebrales
subclínicos. Se trata de ACV menores que no causan síntomas perceptibles y que,
sin embargo, contribuyen en gran medida al deterioro de las facultades mentales
de los mayores. Los fumadores e hipertensos constituyen dos grupos de riesgo considerable.
¿Cuáles
son los factores de riesgo de un accidente cerebrovascular?
Los
accidentes cerebrovasculares o ictus son actualmente uno de los problemas más
importantes de salud pública en nuestro país, ya que más de 100.000 españoles
se ven afectados cada año por este tipo de enfermedades que constituyen la primera
causa de invalidez permanente y segunda de muerte entre la población adulta en
España. Se calcula que cada seis minutos una persona sufre una trombosis cerebral,
una embolia o un derrame cerebral.
Edad
y sexo
Personas
mayores. Las personas con un riesgo mayor de ACV son las personas mayores,
especialmente aquellas con presión arterial elevada, sedentarios, con sobrepeso,
fumadores o diabéticos. La edad avanzada está también vinculada con un índice
mayor de demencia post apoplejía. En los grupos de mayor edad, los estudios son
variados al respecto de los ACV según el sexo. Las mujeres pueden tener un riesgo
mayor de ACV hemorrágico que los hombres.
Algunos
han revelado que hay más mujeres que fallecen por ACV, aunque un análisis canadiense
del 2000 de casi 45.000 registros de pacientes afirmó que, aunque los hombres
mayores recibían un tratamiento más agresivo, las mujeres ancianas tenía una ligera
ventaja en la supervivencia un año después de un ACV.
Adultos
jóvenes. Tampoco son inmunes las personas más jóvenes; un 28% de los pacientes
tienen menos de 65 años. Los accidentes cerebrovasculares en personas más jóvenes
afectan por igual a hombres y mujeres.
Presión
arterial alta (Hipertensión)
La
presión arterial alta (conocida como hipertensión) es uno de los factores causantes
del 70% de los casos de ACV. De hecho, los investigadores han calculado que casi
la mitad de los ACV podrían evitarse si se controla bien la presión arterial.
Se utilizan dos cifras para describir la presión sanguínea:
- La
presión sistólica (la primera cifra, la más elevada) se mide cuando el corazón
se contrae para bombear la sangre.
- La
presión diastólica (la segunda cifra, la más baja) se mide cuando el corazón se
relaja a fin de permitir la entrada de sangre entre latido y latido. Al parecer,
una presión diastólica elevada comporta un riesgo considerable de ACV.
Fibrilación auricular
Cada
vez es más frecuente esta alteración en el ritmo cardiaco, que en España afecta
a cerca del 10 por ciento de los mayores de 70 años y es responsable de la elevada
tasa de embolias cerebrales que se detecta en individuos de edad avanzada, sin
lesión cardiaca previa. Las mujeres con fibrilación auricular corren un riesgo
mayor de ACV que los hombres con este trastorno. La fibrilación auricular puede
suponer también un riesgo mayor de complicaciones tras una embolia.
Tabaco
Las
personas que fuman un paquete al día tienen casi un riesgo de 2 veces y media
más de riesgo de ACV que los que no fuman. Los factores específicos de un riesgo
mayor de ACV en fumadores incluyen lo siguiente:
- Fumadores
empedernidos
- Fumadores
actuales. El riesgo puede seguir siendo elevado durante 14 años después de dejar
e fumar.
- Las
mujeres fumadores que toman anticonceptivos orales
- Dejar
el tabaco reduce significativamente el riesgo. En un estudio, los ex fumadores
tenían casi el mismo riesgo que aquellas personas que nunca había fumado.
Diabetes
y resistencia a la insulina
La
diabetes es un factor de riesgo importante de la embolia isquémica, tal vez debida
a los factores de riesgo acompañantes, como obesidad e hipertensión arterial.
Los estudios han implicado también la resistencia a la insulina, que suele producirse
en diabéticos insulinodependientes, como factor independiente en la aparición
de la aterosclerosis y la embolia. Con este trastorno, los niveles de insulina
son de normales a elevados, pero el cuerpo es incapaz de usar con normalidad la
insulina para metabolizar el azúcar en sangre. El cuerpo compensa al elevar el
nivel de insulina (hiperinsulinemia), que puede, a su vez, aumentar el riesgo
de coágulos sanguíneos y reducir niveles HDL (forma beneficiosa de colesterol).
La diabetes no parece aumentar el riesgo de una embolia hemorrágica. [Para más
información, ver el capítulo de la enciclopedia sobre Diabetes Tipo II].
Obesidad
y sedentarismo
La
obesidad se asocia con la embolia, principalmente porque el sobrepeso refleja
la presencia de otros factores de riesgo, incluyendo resistencia a la insulina
y diabetes, hipertensión arterial y niveles de colesterol poco saludables. El
peso que se centra en torno al abdomen (el sobrepeso denominado en forma de manzana)
tiene una mayor asociación con la embolia, como también con la enfermedad cardiovascular,
que el peso distribuido entorno de las caderas (en forma de pera).
Homocisteína
y deficiencias de vitamina B
Los
niveles anormales en sangre del aminoácido homocisteína, que se producen con deficiencias
de vitamina B6, B12, y ácido fólico, están fuertemente vinculados a un aumento
del riesgo de enfermedad de las arterias coronarias y de un accidente cerebrovascular.
Algunos expertos creen que la homocisteína es un factor de riesgo importante de
embolia, seguido sólo por la hipertensión arterial. La homocisteína parece ser
tóxica para las células que recubren las arterias y que contribuyen a la coagulación
sanguínea.
Colesterol
y otros lípidos
- Aunque
un exceso del colesterol "malo" tiene gran importancia en la aterosclerosis que
provoca la enfermedad cardíaca, su importancia en la embolia está menos clara.
Distintos factores del colesterol pueden tener efectos diferentes:
- Los estudios indican que
las HDL (lipoproteína de alta densidad, considerada colesterol saludable) tal
vez ayude en la prevención de apoplejías isquémicas e incluso reduzca el riesgo
de ACV causado por hemorragia. Por ejemplo, en un estudio del 2000, con los niveles
de colesterol HDL más elevados tenían un 32% menos de riesgo de embolia que los
hombres con los niveles de HDL más bajos.
- En
contraste con este lípido, la lipoproteína a y la apoE son lípidos (moléculas
grasas) que parecen aumentar el riesgo de apoplejía. La lipoproteína a presenta
una estructura similar a la de la LDL y transporta una proteína que puede obstaculizar
la habilidad del cuerpo de disolver coágulos de sangre.
- Son
pocas las pruebas que señalan la presencia de niveles elevados de colesterol y
LDL (el considerado colesterol perjudicial) como desencadenantes de ACV isquémicos;
de hecho, un nivel bajo de colesterol puede constituir un factor de riesgo de
apoplejía hemorrágica. Según un estudio realizado en 1999, existe una asociación
entre la presencia de LDL y un riesgo elevado de demencia tras un accidente cerebrovascular.
Abuso de drogas,
alcohol y café
Alcohol.
El abuso desmesurado de alcohol, especialmente un historial reciente de alcoholismo,
se asocia con un riesgo elevado de ACV isquémico y hemorrágico. Sin embargo, algunos
estudios han indicado que el consumo moderado de alcohol (de una a siete copas
por semana) está asociado con un riesgo considerablemente más bajo de apoplejía
isquémica, aunque no de apoplejía hemorrágica.
Café.
Algunos estudios sugieren que tomar tres o más tazas de café al día podría aumentar
el riesgo de ACV en hombres mayores con hipertensión. Al parecer, el café no comporta
ningún peligro en el caso de hombres con una presión arterial normal.
Abuso
de drogas. El abuso de drogas, especialmente en el caso de la cocaína y, cada
vez más, de la metanfetamina (una anfetamina), constituye un factor importante
de riesgo en la incidencia de casos de apoplejía entre los jóvenes. Los esteroides
utilizados para la tonificación del cuerpo también aumentan el riesgo.
Factores
genéticos y congénitos
La
genética puede ser responsable de la mayor parte de los casos de ACV. Los estudios
indican que la existencia de una historia familiar de apoplejía, especialmente
en el padre, constituye un factor de riesgo importante.
Genética
y hemorragia subaracnoidea. Los factores genéticos son especialmente importantes
en el caso de hemorragia subaracnoidea, siendo la causa del 7% al 20% de los casos.
Los aneurismas fisurados que presentan dichos pacientes suelen aparecer a una
edad más temprana, ser menores, y presentar una probabilidad de recidiva más elevada
que en el caso de pacientes sin dicha condición genética. Un estudio realizado
con personas que habían sufrido hemorragias subaracnoideas detectó que los parientes
más cercanos de los pacientes con apoplejía presentaban un riesgo elevado que
oscilaba entre el 2% y el 5%. Algunos expertos recomiendan realizar pruebas de
detección en personas con más de un familiar cercano que haya sufrido una embolia
hemorrágica.
Trastornos
hereditarios que contribuyen al ACV. Algunos casos de fibrilación auricular
pueden ser hereditarios. Las alteraciones genéticas también están asociadas con
ACV producidos por hemorragia; entre éstas se incluyen la enfermedad poliquística
renal, el síndrome de Ehlers-Danlos tipo IV, la neurofibromatosis tipo 1 y el
síndrome de Marfan. Se recomienda realizar pruebas para la detección de posibles
aneurismas en aquellas personas con más de un pariente cercano que haya sufrido
un ACV hemorrágico.
Factores
genéticos específicos que están siendo investigados. Se están investigando
determinados factores genéticos específicos. Algunos de ellos son los siguientes:
- El déficit
congénito de los factores denominados proteína C y S, factores, que inhiben la
coagulación de la sangre, puede ser la causante de ACV en adultos jóvenes, aunque
un estudio indica que no es importante.
- Una
mutación genética del factor V Leiden puede estar relacionada con riesgo de coagulación
sanguínea.
- Las
personas que han heredado un gen llamado apolipoproteina (Apo) E-4 pueden correr
un mayor riesgo de ACV. Este gen está también asociado con el de la enfermedad
de Alzheimer. Se requieren, no obstante, más estudios.
Enfermedad
cardiaca y sus tratamientos
La
enfermedad cardiaca y los ACV están fuertemente relacionados por muchos motivos:
- A menudo
tienen en común factores de riesgo, incluyendo una presión arterial alta y la
diabetes.
- El
riesgo de ACV aumenta durante las intervenciones quirúrgicas que implican cirugía
en las arterias coronarias, tales como operaciones de bypass aorto coronario,
angioplastia y arteriectomía coronaria. El peligro es mayor en aquellas personas
que presentan factores de riesgo de ACV, como presión sanguínea alta, diabetes
y soplos carotídeos. Los fármacos antitrombóticos (substancias disolventes de
coágulos) y otros anticoagulantes que se utilizan en el tratamiento de infartos
de miocardio también aumentan ligeramente el riesgo de ACV hemorrágico.
- Un infarto de miocardio
por sí sólo ya aumenta el riesgo de ACV; el peligro es aún mayor durante los primeros
días tras un ataque, aunque sigue sin ser demasiado elevado. Aquellos que presentan
más riesgo son las personas mayores y las personas que sufren también insuficiencia
cardiaca congestiva.
- Se
cree que el prolapso de la válvula mitral constituye una de las causas principales
de apoplejía entre los jóvenes, pero aún no se ha investigado adecuadamente tal
conexión. Un estudio de 1999 no proporciona prueba alguna que confirme que una
anomalía cardíaca leve tenga algún tipo de efecto en la aparición de un caso de
ACV.
Factores
mentales y emocionales
Estrés.
En algunas personas, el estrés mental prolongado o frecuente causa un aumento
exagerado de la presión arterial; con el tiempo, este efecto ha sido vinculado
con un engrosamiento de las arterias carótidas. De hecho, una serie de estudios
han descubierto una asociación entre el estrés mental prolongado y un estrechamiento
progresivo de la carótida.
Depresión.
La depresión también se ha vinculado a un riesgo más elevado de apoplejía e índices
de supervivencia inferiores después de sufrir una. En un estudio del 2000, los
pacientes con depresión grave tenían un riesgo de un 73% más de ACV y aquellos
con depresión moderada tenían un 25% de riesgo más que la media.
Migraña
y factores de riesgo asociados
Los
estudios han descubierto que la migraña o el dolor de cabeza grave es un factor
de riesgo de ACV tanto en hombres como en mujeres, especialmente antes de los
50. De hecho, la migraña se asocia con un 19% de todas las ACV. Hay que destacar
que muchas personas con migraña presentan un riesgo bajo, un 2.7% para las mujeres
y un 4.6% para hombres, según un estudio. Las mujeres del estudio corrían un riesgo
mayor entre 45 y 65 años y los hombres antes de los 45. En ambos sexos, el riesgo
disminuía con la edad.
Los
anticonceptivos orales se añaden al riesgo de ACV en mujeres jóvenes con migraña,
pero sólo que aquellas personas que sufren auras. Fumar intensifica este riesgo.
Infecciones
Los
informes han indicado durante algún tiempo que determinadas bacterias y virus
pueden tener importancia en la aterosclerosis y enfermedad cardiaca, provocando
generalmente una respuesta inflamatoria en las arterias. Pueden funcionar también
mecanismos similares con un ACV. Algunas pruebas que vinculan infecciones con
los ACV son las siguientes:
- Infecciones
pulmonares. En dos estudios del 2000, la infección crónica con Chlamydia pneumoniae,
un microorganismo no bacteriano que causa una leve neumonía en adultos se relacionaba
con un aumento de riesgo de ACV. Uno de los estudios revelaba un engrosamiento
de las paredes internas de los vasos de las arterias carótidas en pacientes portadores
del microorganismo. La Chlamydia también ha sido vinculada con la enfermedad cardiaca.
Un estudio del 1998 descubrió que los pacientes hospitalizados por ACV eran
tres veces más propensos que los pacientes que no habían sufrido una apoplejía
de haber estado expuesto recientemente a las infecciones, normalmente infecciones
leves en el aparato respiratorio. - Enfermedad
periodontal. La enfermedad periodontal ha sido asociada con un mayor riesgo de
apoplejía y enfermedad cardiaca. Las bacterias que causan periodontitis pueden
estimular factores que causan coagulación sanguínea y otras proteínas que contribuyen
a un riesgo más elevado.
- Virus
Varicela Zóster. El virus varicela zóster (virus causante de la varicela y el
herpes) ha sido asociado a la vasculitis cerebral, trastorno en que los vasos
sanguíneos del cerebro se inflaman. Es una causa de ACV en niños. El virus se
ha asociado también con algunos casos de ACV en adultos jóvenes.
Otras
factores asociados
Una
serie de trastornos y situaciones puede contribuir al riesgo de ACV:
- La apnea del sueño, que
puede contribuir al estrechamiento de la arteria carótida, parece aumentar el
riesgo de ACV multiplicándolo por tres e incluso por seis.
- El
embarazo comporta un riesgo mínimo de apoplejía, principalmente se da en mujeres
embarazadas con presión arterial alta o a aquellas a las que se les practica una
cesárea. El riesgo parece ser mayor durante los períodos posteriores al parto,
tal vez debido al cambio repentino de la circulación y del nivel de hormonas.
- Casi un 40%
de jóvenes con ACV y un 10% de todos los pacientes con apoplejía tienen componentes
del sistema inmunitario conocidos como anticuerpos antifosfolípido que aumentan
las probabilidades de coagulación sanguínea.
- Las
personas con anemia falciforme corren riesgo de ACV a una edad temprana.
Otros
factores de riesgo generales
Momento
del día. Como el ataque cardiaco y la muerte cardiaca repentina, el ACV parece
ser más común en las horas de la mañana, algo que tal vez se deba a un aumento
transitorio de la presión arterial en ese momento. Distintos estudios apuntan
a un riesgo más elevado de ACV los fines de semana, los lunes y en vacaciones.
El riesgo de embolia hemorrágica también puede ser mayor en invierno, especialmente
en personas mayores hipertensas.
¿Cuál
es la gravedad de un accidente cerebrovascular?
Un
ACV siempre es grave; a diferencia de las células de otras regiones del cuerpo
humano, las células del cerebro no pueden repararse o regenerarse. Los estudios
han indicado que un tercio de todos los accidentes cerebro vasculares son mortales
en los primeros 30 días.
Embolia
isquémica frente a hemorrágica
Las
personas que sufren embolias isquémicas tienen más probabilidades de sobrevivir
que aquellas que sufren embolias hemorrágicas. Dentro de las categorías de ACV
isquémicos, las más peligrosas son las embolias isquémicas, seguidas por las trombosis
de grandes arterias y las embolias lacunares.
La
embolia hemorrágica no solo destruye las células cerebrales, sino que también
supone riesgo de otras complicaciones, entre otras, un aumento de la presión en
el cerebro o espasmos en los vasos sanguíneos, ambas cosas pueden ser muy peligrosas.
Factores que
afectan la recurrencia
El
riesgo de recurrencia a los cinco años es de un 22%. Este riesgo de recurrencia
de cualquier tipo de apoplejía es mayor en los primeros seis meses, así que deberían
adoptarse medidas preventivas lo antes posible. Algunos factores de riesgo específicos
de recurrencia precoz son los siguientes:
- Ser
mayor
- Hemorragia
o embolia cerebral
- Diabetes.
- Alcoholismo
- Enfermedad valvular
cardiaca
- Fibrilación
auricular
Pronóstico
a largo plazo para los supervivientes
Más
de la mitad de víctimas de un accidente cerebrovascular sobreviven más de cinco
años. Sin embargo, los supervivientes de embolias hemorrágicas presentan una probabilidad
mayor de recuperación funcional al de los supervivientes de embolias isquémicas.
Como parte positiva, el 90% de los pacientes que logran sobrevivir a un ACV experimentan
diferentes grados de mejora tras la rehabilitación. Además, un pequeño estudio
de 1998 sostenía que aquellos que lograban sobrevivir durante muchos años tras
un ACV presentaban una capacidad de valerse por sí mismos y vivir sin dependencia
de nadie semejante a los de su edad que no habían padecido ninguna apoplejía.
Los pacientes con un ACV parecían incluso estar menos deprimidos.
¿Cuáles
son las medidas de estilo de vida para la prevención de un accidente cerebrovascular?
Dieta
Frutas y
verduras. Las dietas ricas en frutas (especialmente los cítricos) y verduras
(especialmente aquellas de hoja verde o crucífera, como el brócoli y la col rizada)
están resultando disminuir significativamente el riesgo de embolia isquémica y
posiblemente hemorrágica.
Los alimentos como las manzanas y el té, que son
ricos en unas sustancias químicas llamadas flavonoides pueden servir también de
protección. Los alimentos ricos en potasio (plátanos, naranjas y patatas) también
pueden proteger, especialmente en personas con presión arterial alta.
Cereales
integrales. Un estudio realizado en el 2000 indicó que había una incidencia
más baja de apoplejía en mujeres que tomaban una cantidad de comidas con cereales
integrales.
Calcio,
potasio y magnesio. El calcio, el magnesio y el potasio sirven como electrolitos
en el cuerpo y pueden tener importancia en la apoplejía:
- Un
importante estudio de 1999 mostró que el consumo de calcio está asociado con un
riesgo inferior de ACV en mujeres, lo que apoya un estudio precoz que indicaba
un riesgo inferior en hombres que consumían más leche.
- Existen
algunos indicios que sugieren que las dietas ricas en potasio pueden proteger
contra la apoplejía, especialmente al reducir la presión arterial, pero también
gracias a otros mecanismos. Los niveles bajos de potasio pueden aumentar también
el riesgo de apoplejía en determinadas personas. En un estudio llevado a cabo
en el 2000, las dietas pobres en potasio fueron asociadas con un riesgo mayor
de ACV sólo en hombres hipertensos.
- El
déficit de magnesio pueden aumentar el riesgo de fibrilación auricular. No existen
pruebas, sin embargo, que tomar suplementos de magnesio sirva como protección.
Grasas
y aceites. Un estudio ha indicado que los hombres de mediana edad y sin padecer
una enfermedad cardiaca y que consumían una cantidad mayor de grasas monoinsaturadas
o saturadas (no aceites poliinsaturados) tenían también el menor riesgo de apoplejía.
Los estudios en hombres asiáticos han mostrado resultados similares. Las dietas
bajas en grasas se han asociado, en realidad, con un mayor riesgo de ACV.
Cabe
destacar que las grasas saturadas, que contienen los productos animales y los
aceites tropicales, son factores de riesgo conocidos de enfermedad cardiaca. Los
aceites monoinsaturados, obtenidos del aceite de oliva y de colza, pueden tener
beneficios protectores contra la enfermedad cardiaca y los ACV.
Un
ácido graso llamado ácido alfa linolénico que contiene el aceite de colza, las
judías de soja y nueces, pueden tener ciertas ventajas contra la apoplejía, al
ayudar al corazón y reducir el riesgo de embolias.
Vitaminas.
Los efectos de las vitaminas en los ACV, la demencia o ambas están siendo estudiados.
Un estudio del 2000 realizado en personas con diabetes de tipo 2 ha sugerido que
los suplementos de dosis alta de vitamina E podría proteger el cerebro.
Por
otro lado, un estudio del 2000 indicó que no existe una asociación entre tomar
suplementos y una mayor protección en personas con un consumo elevado de alimentos
ricos en vitamina E. Sin embargo, otro estudio del 2000 ofrecía información adicional.
Los hombres que tomaron vitamina E o C , o bien tomaron ambas durante menos de
3-4 años no experimentaron protección contra la demencia asociada con el ACV.
Sin embargo, los hombres que tomaron ambas vitaminas durante los ocho años enteros
del estudio mostraron un descenso del 88% de riesgo de demencia por embolia u
obstrucción de los vasos sanguíneos. (No tuvieron efecto en el Alzheimer). No
se indicaron la dosificación de los suplementos.
Las
dosis elevadas de vitamina pueden aumentar el riesgo de sangrado y por tanto,
de embolia hemorrágica. Los estudios han sugerido que las personas con niveles
mayores de ácido fólico en sangre corren un riesgo inferior al de la media de
ACV.
Alcohol.
El consumo moderado de alcohol (una o dos copas al día) sirve como protección.
Beber mucho, sin embargo, aumenta el riesgo de ACV y de otras muchas enfermedades.
Ejercicio
No
están claros las ventajas del ejercicio en los ACV. Un estudio del 2000 indicó
que cuanto más se anda, menor es el riesgo de embolia isquémica (pero no de la
hemorrágica). Según un análisis de un grupo de 11.000 hombres, aquellos que quemaban
entre 2000 y 3000 calorías por semana (cerca de una hora de andar rápido cinco
días a la semana) reducía a la mitad el riesgo de embolia. Los grupos que quemaban
entre 1.000 y 2.000 calorías o más de 3000 a la semana también lograba cierta
protección contra la embolia, pero en menor grado. En el mismo estudio, el ejercicio
que conllevaba diversión protegía más que las rutinas de ejercicio que consistían
simplemente en andar o escalar.
¿Cuáles
son los tratamientos preventivos para personas con riesgo de padecer un primer
o segundo ACV?
Fármacos
anticoagulantes
Como
los coágulos sanguíneos son responsables de los TIA (accidentes isquémicos transitorios),
los medicamentos que impiden la coagulación sanguínea, o la formación de coágulos,
se han usado durante años en personas con riesgo de una primera embolia o una
recurrencia. Se están usando una serie de fármacos que evitan los coágulos sanguíneos
en personas con una historia de TIA o una embolia previa. Entre otros, se incluyen
la aspirina, el dipiridamol (Persantin, Asasantin), y fármacos conocidos como
tienopiridinas, que incluyen la ticlopidina (Tiklid) y el clopidogrel (Plavix,
Iscover).
Índices
de éxito. Un análisis importante de 17 ensayos indicó que el tratamiento antiagregante
reducía las probabilidades de embolia, ataque cardiaco y muertes relacionadas
en un 22% de los pacientes con una historia de AIT o apoplejía. Estas ventajas
eran evidentes en hombres y mujeres de cualquier edad, incluyendo aquellos con
o sin hipertensión o diabetes.
Aspirina
y Dipiridamol. Hasta hace poco, ha existido cierta polémica por el tratamiento
antiagregante correcto. Las recomendaciones médicas actuales aconsejan el uso
de la aspirina en bajas dosis o combinadas con el dipiridamol de liberación sostenida
para prevenir la embolia en individuos de alto riesgo.
Sin embargo, los fármacos
anticoagulantes comportan riesgo de sangrado. A este respecto hay cierta preocupación
en estudios que indican un riesgo mayor de ACV hemorrágico con el uso prolongado
de aspirina. El riesgo de embolia hemorrágica es muy pequeño, especialmente con
dosis baja de aspirina.
Otros
agentes anticoagulantes. La ticlopidina y el clopidogrel son tan eficaces
como la aspirina pero su coste es mayor. La ticlopidina también se ha asocidado
con el riesgo de trastornos sanguíneos, particularmente la trombocitopenia (disminución
de leucocitos). Aunque el clopidogrel ha sustituido a la ticlopidina debido a
su mejor perfil de seguridad, han creado cierta inquietud algunas descripciones
de trombocitopenia en pacientes en tratamiento con este fármaco.
El
anticoagulante warfarina (Aldocumar) es beneficioso para los pacientes, incluidos
los ancianos, pacientes con fibrilación auricular, los que presentan alto riesgo
de embolia, o aquellos pacientes de alto riesgo que no responden a otros tratamientos
antiagregantes. La warfarina precisa de una estrecha monitorización en sangre.
Endarterectomía
carotídea como prevención del ACV isquémico
La
endarterectomía de la carótida es una técnica quirúrgica empleada para limpiar
y abrir la arteria carótida estrechada. Se usa para evitar una trombosis (trombo
en una gran arteria) causada por la obstrucción de la arteria carótida interna,
que es responsable de un 9% de los ACV isquémicos.
Descripción
del procedimiento. El objeto de este procedimiento, es limpiar y abrir la
arteria carótida reducida. Un tubo de derivación [by-pass] se coloca para transportar
la sangre alrededor del área bloqueada durante el procedimiento. Después de que
el cirujano haya eliminado la placa acumulada en la pared arterial, se cose la
arteria y el flujo sanguíneo directamente a través de la arteria es restaurado.
Al paciente se le da la anestesia general durante la operación y generalmente
permanece en el hospital cerca de dos días. A menudo el paciente siente un leve
dolor en el cuello durante dos semanas y debe evitar lo máximo posible girar la
cabeza durante este periodo.
Candidatos
apropiados. Los mejores candidatos son pacientes con TIA o embolias isquémicas
menores que sufrieron también una estenosis grave de la arteria (la carótida se
estrecha hasta el punto que se obstruye en más de un 70%). Más de la mitad de
estas intervenciones, sin embargo, se realizan en pacientes sin síntomas, pero
que sufren estenosis de la arteria carótida de más de un 50%.
La
endarterectomía carotídea en este ultimo grupo asintomático ha sido objeto de
mucha polémica. Un importante estudio llevado a cabo en el 2000 indicó que más
de la mitad de ACV eran debidos a embolias o infartos lacunares, no a la obstrucción
de las arterias carótidas.
Hay
que destacar que la endarterectomía de la carótida es eficaz sólo en arterias
grandes. En este estudio, el riesgo de apoplejía en estos pacientes era sólo de
un 3.5%. Dados estos resultados, los expertos en este estudio no podían ni recomendar
la intervención para los pacientes asintomáticos con estenosis grave (estrechamiento
entre un 70 y un 99%) de las arterias carótidas hasta que más estudios definan
qué pacientes se beneficiarían. (Otros expertos no están de acuerdo y aún creen
que muchos pacientes con estenosis grave son buenos candidatos, independientemente
de que hayan síntomas o no).
En
cualquier caso, la intervención no es significativamente eficaz en los vasos sanguíneos
con estenosis de entre un 50 y un 60% ni tampoco lo es en la estenosis inferior
al 50%, incluso en pacientes con TIA. La operación no es recomendable o útil para
pacientes con arterias basilares comprometidas (aquellas que se encuentran en
la parte posterior del cráneo), para pacientes con un disfunción importante debida
a ACV previos, o para aquellos que están desarrollando una embolia.
Complicaciones.
La intervención conlleva un riesgo de ataque cardiaco o incluso de ACV. Un estudio
realizado en varios centros médicos mostró que los índices de ACV postoperatorios
oscilaba entre un 0% y un 7%. El riesgo general de embolia postoperatoria y muerte
fue de un 2.8%. Las mujeres parecen correr un riesgo ligeramente mayor de ACV
postoperatorio (5.3% en un estudio) que los hombres (1.6%).
Tratamiento
de la fibrilación auricular
El
objetivo del tratamiento de la fibrilación auricular es prevenir la formación
de coágulos sanguíneos restaurando primero, y luego manteniendo normales el ritmo
y la función cardiaca. Para restaurar inicialmente el ritmo cardiaco, suelen utilizarse
primero los fármacos anti-arrítmicos. Si no consiguen restaurarlo, una intervención
conocida como cardioversión suele ser eficaz. Incluso si se logra un ritmo constante
mediante fármacos o cardioversión, no puede mantenerse durante periodos prolongados,
así que pueden requerirse el tratamiento de mantenimiento a largo plazo con fármacos
antiarrítmicos.
Cardioversión
eléctrica. La cardioversión eléctrica es un tratamiento empleado para restaurar
el ritmo cardiaco normal. Los anticoagulantes (fármacos empleados para evitar
la coagulación de la sangre) deben administrarse, de ser posible, al menos tres
semanas antes de la intervención. (La operación conlleva un riesgo muy pequeño
de embolismo, un coágulo sanguíneo que se rompe y pasa a la circulación). Mediante
la realización de una técnica diagnóstica llamada ecocardiografía transesofágica
se puede detectar la presencia de un coágulo antes de practicar la cardioversión.
Durante
la cardioversión, el paciente suele estar sedado, pero puede sentir cierto dolor
a causa de la técnica. Aunque el efecto estabilizador suele ser sólo transitorio,
hay indicios que sugieren que una serie de cardioversiones pueden ser eficaces
para mantener el ritmo normal en pacientes jóvenes sanos sin necesidad de administrar
medicación antiarrítmica. Se están investigando para el mantenimiento los cardioversores
implantables .
Fármacos
empleados para restaurar el ritmo normal. Los siguientes fármacos se emplean
para restablecer el ritmo normal:
- Betabloqueantes
intravenosos (como el propranolol) o los bloqueadores de los canales de calcio
que se emplean para reducir la frecuencia cardíaca cuando aparece la fibrilación
auricular.
- La
digital, un fármaco más antiguo, no se emplea tan a menudo pero está resultando
ser muy eficaz en combinación con un betabloqueante.
Ninguno
de estos fármacos, no obstante, es capaz de convertir en normal un ritmo anormal;
no son útiles para el mantenimiento del ritmo cardiaco. Para mantenerlo estable,
se emplean los siguientes fármacos:
- La
amiodarona es muy eficaz y se cree que es más inocua que muchos otros fármacos
parecidos. Sin embargo, incluso en dosis pequeñas existe una alta incidencia de
efectos secundarios, incluyendo trastornos del tiroides, problemas neurológicos,
dermatológicos y oculares, y latidos cardiacos anormalmente lentos.
- Otros fármacos antiarrítmicos
son la quinidina, flecainida, procainamida, disopiramida, sotalol, y la propafenona.
- Los fármacos
más recientes incluyen la dofetilida, ibutilida, azimilida, y algunos están resultando
ser superiores a los otros más antiguos. Todavía no están disponibles en España.
Todos tienden a ser eficaces para recuperar y mantener el ritmo cardiaco normal.
Muchos
de estos fármacos comportan un aumento de un riesgo pequeño pero significativo
de una arritmia grave llamada "Torsades de pointes" y por ello, debería evitarse
e personas con ciertos problemas cardiacos.
Fármacos
anticoagulantes. Después del diagnóstico de fibrilación auricular, los pacientes
suelen tomar fármacos para reducir la coagulación de la sangre, normalmente la
warfarina o la aspirina.
La
Warfarina (Aldocumar) es muy eficaz y los médicos calculan que podría evitar unos
40,000 AVC anuales. Comporta un riesgo de sangrado y requiere un control cuidadoso.
Aquellos pacientes con especial riesgo de sangrado son los que tienen una historia
de abuso de alcohol, enfermedad renal crónica o sangrado gastrointestinal previo.
La aspirina es
menos eficaz, pero comporta también un riesgo inferior de sangrado; actualmente
es el tratamiento preferido para los pacientes más jóvenes y aquellos sin otros
factores de riesgo de AVC.
Cirugía.
En algunos casos difíciles, puede recomendarse la cirugía:
La
ablación por radiofrecuencia consiste en alterar la comunicación entre las aurículas
(las dos cámaras superiores del corazón) y los ventrículos (las dos cámaras inferiores)
y en insertar un marcapasos.
- Puede
implantarse un marcapasos justo bajo la piel con electrodos que lleven hasta los
ventrículos para aumentar la frecuencia cardiaca en personas con ritmo cardiaco
demasiado lento.
- Una
operación más agresiva utiliza cirugía abierta en el tórax, donde se realizan
una serie de incisiones en las aurículas. A medida que se curan, el tejido cicatricial
evita que circuito anómalo se active. Existe una nueva técnica similar, pero menos
invasiva.
Tratamiento
de la hipertensión arterial
Reducir
la presión arterial leve o moderada usando un tratamiento farmacológico, principalmente
con diuréticos y betabloqueantes, han hecho disminuir el riesgo de AVC en casi
un 42%. El tratamiento de la hipertensión es más eficaz si se administra pronto.
Por lo general, el tratamiento farmacológico se recomienda aún si la hipertensión
leve no responde a los cambios en la dieta y en el estilo de vida en unos tres
o seis meses. Los pacientes hipertensos que dejan el tratamiento farmacológico,
aumentan en gran medida el riesgo de engrosamiento del corazón (hipertrofia cardiaca)
y siguen corriendo el riesgo de AVC incluso después de controlar la presión arterial.
[Para más información, ver el capítulo de la enciclopedia sobre Hipertensión arterial].
Uso de estatinas
Los
inhibidores de la HMG-CoA reductasa que controlan el colesterol, comúnmente llamadas
estatinas, como lovastatina (Mevacor; Mevasterol), pravastatina ( Liplat), y simvastatina
(Zocor, Colemin, Pantok), reducen el riesgo de AVC.
Las
estatinas elevan los niveles de HDL (el llamado colesterol bueno) y ayudan a abrir
arterias. Según un estudio de 1999, la lovastatina era muy eficaz para retrasar
la progresión de la aterosclerosis en la arteria carótida tanto en mujeres como
en hombres. La regresión de la enfermedad en mujeres era mayor cuando tomaban
una combinación de warfarina y lovastatina mientras que los hombres lograron la
mejor protección con sólo la lovastatina.
Prevención
quirúrgica de ACV hemorrágicos
Ante
la detección de un aneurisma no roto, se deben valorar cuidadosamente todas las
opciones médicas, incluyendo la reparación quirúrgica. [Ver ¿Cuáles son los tratamientos
quirúrgicos para los AVC ?, más adelante]. Los aneurismas no rotos se producen
en un 1-6% de la población general y existe cierta polémica sobre cuándo operar
y a qué pacientes. En general, la decisión depende del tamaño del aneurisma, pero
sigue existiendo la incertidumbre:
- Un
estudio indicó que en pacientes con aneurismas más pequeños de 10 mm el riesgo
de la ruptura fue sólo de un.05% por año (que es mucho mayor el los riesgos por
cirugía). Incluso las personas con historia de hemorragia subaracnoidea tenían
solo un 0.5% de riesgo anual de recurrencia cuando los aneurismas eran así de
pequeños.
- Para
los aneurismas entre 10 y 25 mm, el riesgo de ruptura era aún bastante bajo, levemente
inferior a 1 por ciento por año en ambos grupos.
- Los
aneurismas superiores a 25 mm tenían solo un 6% de probabilidades de ruptura al
cabo de un año.
A
menudo los aneurismas pueden causar síntomas, incluso si no se rompen. Los pacientes
deberían hablar cuidadosamente con su médico de los factores especiales de riesgo.
Los individuos con malformaciones arteriovenosa, un trastorno causado por asociaciones
anormales entre las arterias y las venas, deberían seguir seguimiento por el médico
para controlar la aparición de un aneurisma.
¿Cómo
se diagnostican los accidentes cerebrovasculares y los accidentes isquémicos transitorios?
Diagnóstico
de los ataques isquémicos transitorios y determinación del riesgo de embolia
En
personas que han sufrido un TIA o pequeñas embolias, es importante determinar
el origen de estos ataques para poder prevenir una embolia mayor. Para ello, suelen
realizarse siempre un hemograma completo, una radiografía torácica y un electrocardiograma.
Exploración
de la arteria carótida. Se suele examinar primero la arteria carótida para
determinar si se ha producido un estrechamiento importante. Si es así, el paciente
corre peligro de sufrir una embolia mayor. (El engrosamiento de la arteria carótida
también está resultando ser un indicador valioso de los riesgos a largo plazo
tanto para el ACV, como la enfermedad cardiaca y la tasa de mortalidad en general).
El médico puede
usar una serie de opciones para determinar el engrosamiento de la arteria:
- Una pista de arteria colapsada
es un "soplo". Se trata de un sonido sibilante producido por la turbulencia del
flujo sanguíneo en la arteria estrechada. Este soplo puede oirlo el médico utilizando
un estetoscopio. En algunas ocasiones, incluso el paciente puede escuchar este
sonido. La presencia de un soplo, sin embargo, no necesariamente es un signo de
un AVC inminente, ni tampoco su ausencia indica que la arteria no esté colapsada.
- Una radiografía
de la carótida es una herramienta muy útil para medir el ancho de la arteria.
En este momento, la radiografía es más útil en personas de edades comprendidas
entre los 40 y los 60 años.
- También
puede medirse la presión sanguínea en el ojo. Si se ha reducido el flujo sanguíneo
del ojo, se supone que la arteria carótida se ha estrechado de forma importante.
- Otras técnicas
de imagen. Existen otras técnicas de imagen que pueden ser útiles para distinguir
pequeños coágulos de otros factores de riesgo del cerebro.
- El
doppler transcraneal es una técnica que mediante ultrasonidos puede identificar
pequeños coágulos en cerebro que no producen síntomas pero que hacen que el paciente
corra riesgo de TIA y de apoplejía.
- La
resonancia magnética (RM) es una forma precisa de evaluar los vasos sanguíneos
y la circulación cerebral. Esta técnica identifica incluso lesiones cerebrales
silentes en pacientes ancianos con alteraciones neurológicas pero sin síntomas
de ACV, aunque es muy costosa y no se usa de forma rutinaria.
- Angiografía
cerebral. Si las pruebas menos invasivas indican la necesidad de cirugía,
puede emplearse la angiografía cerebral. (Este procedimiento puede detectar también
aneurismas). Esto requiere la inserción de un catéter en la ingle, que pasa luego
a través de las arterias hasta llegar a la base de la arteria carótida. En este
punto, se inyecta un contraste y se realizan radiografías para determinar la ubicación
y el alcance del estrechamiento, o estenosis, de la arteria. También cabe apuntar
que como casi toda exploración médica, conlleva un mayor riesgo en sí de ACV,
en especial en ancianos diabéticos.
Diágnostico
de un ACV
Para
salvar la vida del paciente, es crucial efectuar un rápido diagnóstico de la presencia
y también del tipo de ACV. Lo primero que debe determinarse es si los síntomas
indican en realidad una embolia. (Las pruebas simples verbales y físicas pueden
permitir a los equipos de emergencias identificar a casi todos los pacientes con
un ACV).
Las técnicas
no invasivas para el diagnóstico de ataques isquémicos transitorios se emplean
también para las apoplejías mayores.
Determinar
el tipo y la causa de un ACV
Una
vez que se ha determinado la embolia, el siguiente paso importante es determinar
tan rápido como sea posible si ésta es hemorrágica o isquémica. Los tratamientos
farmacológicos anticoagulantes puede salvar la vida de pacientes con embolia isquémica,
pero sólo son eficaces en las primeras tres horas. Además, causan sangrado y pueden
ser letales si la causa de la embolia es, en realidad, una hemorragia.
Una
tomografía computerizada (TAC) realizada de forma precoz diagnostica con exactitud
un 95% de las embolias hemorrágicas. Los indicios de que existe un ACV isquémico
normalmente aparecen en el TAC al cabo de unos días. (El doppler transcraneal,
una técnica con ultrasonidos, puede ser lo suficientemente sensible para poder
diferenciar entre una hemorrágica y una isquémica si no se dispone de TAC).
· Si el TAC es negativo, pero el médico cree que puede existir un ACV hemorrágico,
está indicada hacer una punción lumbar. Si el líquido cefalorraquídeo contiene
cantidades significativas de sangre normalmente confirmará un ACV hemorrágico.
· Siempre se realiza una evaluación cardiaca usando un electrocardiograma y también
suele hacerse un ecocardiograma cuando se sospecha que puede existir una embolia
isquémica. Es particularmente útil una técnica exploratoria llamada ecocardiografía
transesofágica para determinar las causas del ACV, como la fibrilación auricular,
que les llevarán a tratamientos específicos. Debe descartarse la posibilidad de
una enfermedad cardíaca subyacente.
Análisis
sanguíneos
Pueden
ser también útiles hacer una serie de análisis sanguíneos para predecir el riesgo
de un ACV, así como la gravedad y las complicaciones de una embolia existente.
Algunos de ellos están investigándose:
- Algunos
análisis sanguíneos se emplean para determinar tiempos de coagulación.
- Se miden los niveles de
azúcar en sangre (hiperglicemia). Los niveles elevados indican un peor pronóstico
en el caso de algunos ACV (aunque no las hemorrágicas o las lacunares).
- Uno de estos análisis en
sangre mide el glutamato, un aminoácido. Los niveles elevados indican un ACV grave.
- La respuesta
inflamatoria del cerebro estimula la liberación de ciertos marcadores usados para
diagnosticar un accidente cerebrovascular. La proteína C-reactiva, las enzimas
llamadas troponinas y los índices elevados de sedimentación globular son también
indicadores del proceso inflamatorio y pueden predecir un mayor riesgo de ACV
y un peor pronóstico en personas con embolia existente.
- Los
niveles elevados de lipoproteína (a) pueden revelar la posibilidad de un aneurisma
no roto, algo que puede confirmarse con una resonancia magnética (RM).
¿Cuáles
son los primeros pasos para controlar un ACV?
Hasta
hace poco, el tratamiento del ACV estaba restringido a realizar un soporte básico
vital en el momento del cuadro y la rehabilitación después. Ahora, se están utilizando
unos tratamientos cuyos resultados parecer ser muy beneficiosos cuando se administran
lo antes posible tras la aparición de la embolia. En ese momento, es clave acudir
a un servicio de urgencias y ser diagnosticado lo antes posible:
- Si parece que una persona
con riesgo de un ACV presenta síntomas significativos, se debe llamar a un servicio
de urgencias o si es posible acudir lo más rápidamente a un servicio de urgencias
hospitaleario.
- Aunque
administrar una aspirina en las 48 horas siguientes puede reducir el riesgo de
una embolia recurrente, no se debe tomar antes de que el paciente haya ingresado
en el hospital. La aspirina aumenta el riesgo de sangrado en pacientes con ACV
hemorrágico y deberían evitarse los fármacos anticoagulantes en pacientes con
ACV isquémico.
- Tan
pronto como el paciente ingresa en el hospital, se le efectúan una serie de pruebas
diagnósticas, especialmente un TAC, para determinar si la embolia es isquémica
o hemorrágica.
- El
paciente recibe tratamiento para mantener las funciones vitales básicas y reducir
el estrés, el dolor y el nerviosismo. Es básico controlar la presión arterial
y el equilibrio hidroelectrolíctico (niveles de sodio, calcio y potasio en plasma).
- Si al paciente
le diagnostican un ACV hemorrágico, y presenta la presión arterial superior a
200 (sistólica) o de 100 (diastólica) se le administra tratamiento para el control
de la presión. (Disminuir rápidamente la presión arterial puede ser peligroso
y debe controlarse cuidadosamente).
- El
personal sanitario vigila y monitoriza cuidadosamente si existe un aumento de
presión en el cerebro, complicación frecuente de los ACV hemorrágicos. También
puede producirse días después de un ACV isquémico. Pueden administrarse una serie
de fármacos durante el ACV para reducir este riesgo. Los síntomas precoces de
un aumento de la presión intracraneal son somnolencia, confusión, letargo, debilidad
y dolor de cabeza.
¿Cuáles
son los fármacos empleados como tratamiento en pacientes con accidente cerebrovascular?
Fármacos
para el tratamiento inicial de un ACV isquémico
Trombolíticos.
Los fármacos para combatir los trombos, o trombolíticos, normalmente empleados
para diluir los coágulos existentes en pacientes que han sufrido un ataque cardiaco,
se están empleando ahora para los ACV isquémicos (no hemorrágicos). El fármaco
trombolítico estándar usado para la apoplejía es la rt-PA o alteplasa (Actilyse)
aunque se están investigando otros. (En este momento, la estreptoquinasa, otro
importante fármaco trombolítico, no parece mejorar el pronóstico en pacientes
con ACV).
Los
siguientes pasos son clave antes de administrar estos agentes:
- Los trombolíticos deben
administrarse a las tres horas del ACV (pero no después) para que pueda tener
algún efecto. Lamentablemente, la mayoría de pacientes con una embolia llegan
al hospital en un plazo mayor de tres horas después del ataque, y por ello no
se les puede administrar el tratamiento. (En un estudio, solo seis de cada 214
pacientes cumplen los criterios de tratamiento trombolítico, principalmente debido
a los retrasos para obtener ayuda).
- Antes
de administrarse la rt-PA, debe confirmarse mediante una TAC que la embolia no
es hemorrágica. La rt-PA conlleva riesgo de sangrado.
- Ciertos
pacientes corren un riesgo mayor de hemorragia tras tomar estos fármacos. Incluyen
a pacientes con las siguientes condiciones: tomar aspirinas u otros anticoagulantes,
alteraciones en la coagulación, una historia reciente de úlceras sangrantes y
fibrilación auricular.
El
fármaco puede ser apropiado en más pacientes de lo que se creía inicialmente,
incluidos los ancianos y los pacientes hipertensos. Un estudio del 2000 sugirió
que el tratamiento trombolítico podía no tener efectos positivos en la capacidad
funcional posterior, aunque el estudio era pequeño y se necesitan más investigaciones.
Ancrod.
El Ancrod es un anticoagulante derivado del veneno de una serpiente que reduce
la cantidad de un factor coagulante llamado fibrinógeno. Aunque no es un fármaco
anticoagulante, algunos expertos creen que puede ser una posible alternativa a
los trombolíticos. Los estudios están indicando menos incapacidad en pacientes
que recibieron ancrod a las tres horas del ACV. (Los indices de supervivencia
no son mayores que si no se administra el fármaco). Como con todos los agentes
anticoagulantes, existe un riesgo ligeramente superior de hemorragia.
Agentes
anticoagulantes. Los fármacos que impiden la formación de coágulos llamados
anticoagulantes se usan a veces para evitar la formación de trombos después de
un ACV. (No tienen efectos en los coágulos sanguíneos existentes). Incluyen la
aspirina, la warfarina, la heparina, y otros agentes. Los estudios han discrepado
sobre si estos son inocuos cuando se administran justo después de un ACV y sobre
qué anticoagulantes deberían usarse:
- La
aspirina parece ser eficaz y segura para muchos pacientes con embolia isquémica.
El uso precoz de la aspirina está reduciendo los índices de recurrencia de ACV
en pacientes de los que se sospecha que puedan padecer una embolia isquémica.
(Sin embargo, debería retrasarse la administración de aspirina hasta que se haya
descartado ACV hemorrágico o confirmado el uso de trombolíticos).
- La warfarina diluye la
sangre inhibiendo a la vitamina K, suele ser la primera opción para pacientes
con fibrilación auricular. Asimismo, los diversos estudios indican que en estos
pacientes, en especial los mayores, es mucho más eficaz que la aspirina para prevenir
un ACV. También puede demostrar ser el agente preferido cuando la causa de una
embolia isquémica no puede ser atribuida a la aterosclerosis carótida. Todos conllevan,
no obstante, cierto riesgo de hemorragia.
- La
heparina, otro agente anticoagulante, era el que suponía un mayor riesgo y la
aspirina, el de menor riesgo de complicaciones en un estudio de dos años en pacientes
que tomaron anticoagulantes estándar. Una forma más reciente de heparina llamada
heparina de bajo peso molecular ha sido estudiada para el ACV isquémico, pero
no parece ofrecer ninguna ventaja.
Fármacos
para el ACV hemorrágico
Bloqueantes
de los canales de calcio. Uno de los peligros más graves y comunes tras un
ACV hemorrágico es el espasmo de los vasos sanguíneos cerca del lugar de ruptura,
que cierra la llegada de oxígeno hasta el cerebro. El calcio causa la contracción
de los músculos lisos de los vasos sanguíneos, y los bloqueadores de los canales
de calcio son fármacos que relajan los vasos sanguíneos. Uno de estos fármacos,
la nimodipina (Nimotop), ha sido probada en varios ensayos con considerable éxito.
El fármaco funciona mejor si se administra en un plazo de seis horas después del
ACV. Los bloqueantes de los canales de calcio no son útiles para la embolia isquémica.
Irrigación
con uroquinasa. Para evitar los espasmos, puede ayudar el introducir catéteres
de irrigación y administrar uroquinasa (un agente trombolítico) después de extraer
un aneurisma.
Fármacos
protectores de las células nerviosas
Los
investigadores trabajan en el desarrollo de medicamentos que puedan retrasar o
prevenir el proceso de necrosis celular que sigue a cualquier apoplejía. Muchos
fármacos estudiados atacan los aminoácidos excitatorios, como la glicina o el
glutamato, que tienen un importante papel en causar daños y destruir las células
nerviosas. Algunos agentes investigados que protegen los nervios han incluido
la citicolina, tirilazad, aptiganel, y lubeluzol. Se han llevado a cabo pocos
estudios hasta la fecha y éstos han sido como mucho modestos. Un interesante estudio
con animales indicó que se producía una mejora en los resultados neurológicos
con la infusión de vitamina B3 (niacina o nicotinamida). Pero es necesario que
siga haciéndose un seguimiento.
¿Cuáles
son los tratamientos quirúrgicos para los accidente cerebrovasculares?
Tratamiento
quirúrgico después de una apoplejía isquémica
Endarterectomía
carótida como tratamiento para la apoplejía. La endarterectomía carotídea
normalmente se practica en personas que ya han sufrido un ACV. [Véase Endarterectomía
carotídea, en el apartado Prevención del ACV en este artículo.]
Estudios
importantes han demostrado que la endarterectomía es mejor que el tratamiento
con fármacos a la hora de reducir el riesgo de recidiva de ACV en algunos pacientes,
especialmente en aquellos cuyas arterias se han estrechado más de un 70%. En las
personas cuya arteria carótida presentaba un estrechamiento menor del 30%, el
tratamiento con fármacos resultó más beneficioso. En cuanto al tratamiento de
aquellos que se encuentran en una situación intermedia, aún se tiene que investigar
más.
Los beneficios
que proporciona la cirugía a largo plazo también incluyen mejoría en la visión,
en el habla, en la facultad de tragar, en el funcionamiento de brazos y piernas,
y en la calidad de vida en general. Debe tenerse en cuenta que los estudios que
mostraron un mayor beneficio de la cirugía en comparación con el tratamiento con
fármacos fueron realizados en hospitales con gran experiencia en tales operaciones.
Normalmente, se les aconsejó a los pacientes que esperaran seis semanas tras la
aparición del ACV antes de someterse a la intervención, sin embargo los estudios
afirman, que una intervención más temprana no conlleva riesgos mayores. Una vez
realizada la intervención, el riesgo de ACV incrementa temporalmente.
Cualquier
persona que elija cualquier intervención incruenta para el diagnóstico, el tratamiento,
o la prevención de una apoplejía debe antes asegurarse de que tanto el cirujano
como el hospital en el que va a ser ingresado no tiene un historial de más de
un 4% de incidencia de apoplejía después de la operación.
Angioplastia.
Unos pocos hospitales están utilizando técnicas en pacientes que han sufrido un
ACV isquémico similares a las angiografías que se practican en casos de angina
o ataques cardiacos. Se inserta un catéter extremadamente delgado en una arteria
de la ingle y ésta pasa por el sistema circulatorio hasta llegar al área obstruida
en el cerebro. El médico diluye el coágulo, o bien hincha un pequeño balón contra
las paredes de los vasos sanguíneos para ensancharlos (angioplastia). Esta técnica
conlleva cierto riesgo de embolia.
Cirugía
para ACV hemorrágico
Cirugía
urgente. La cirugía urgente para el ACV hemorrágico suele consistir en localizar
y extraer grandes coágulos sanguíneos. Antes estos procedimientos tenían pocos
efectos en la supervivencia. Los avances quirúrgicos actuales están mejorando
el pronóstico cuando se practica este tipo de cirugía de forma precoz.
Clipaje
del aneurisma. Si es posible, la técnica quirúrgica estándar para tratar un
aneurisma roto es colocar un clip en medio del cuello del aneurisma, lo que bloquea
el sangrado. Suele realizarse en los primeros tres días. Llegar hasta el aneurisma
suele ser extremadamente difícil. Se puede emplear el enfriamiento corporal con
el fin de enlentecer la circulación, consiguiendo un mayor tiempo para la operación.
Se están desarrollando nuevas técnicas quirúrgicas que permiten un acceso rápido
al aneurisma al extraer grandes porciones óseas del cráneo.
Embolización
con catéter. En la técnica denominada embolización con catéter, el neurocirujano
o especialista introduce un tubo delgado (catéter) a través de la arteria que
llega al aneurisma, a través del cual se pasan materiales para tapar u obstruir
el aneurisma.
En
este procedimiento se emplea un clip muy delgado de platino que se inserta a través
del tubo y queda colocado en el interior del aneurisma. Una carga eléctrica se
hace pasar a través del clip para formar coágulos sanguíneos. En este caso, los
coágulos de sangre benefician al paciente, ya que se utiliza el clip como armazón
y el aneurisma queda sellado.
En
pequeños ensayos clínicos en los que se utiliza un clip, sólo el 3.7% de los pacientes
sufrieron un segundo ACV después de siete meses comparado con la tasa habitual
de re-ruptura del 30 al 40%. El clipaje de los aneurismas parece obtener buenos
resultados pero la embolización es menos invasiva y puede ir mejor en pacientes
seleccionados. Se necesita un mayor número de estudios comparativos.
¿En
qué consiste la recuperación de un accidente cerebrovascular?
Reducir
los factores de riesgo de recurrencia de ACV
Los
mismos principios usados para prevenir una embolia y para tratar ataques isquémicos
transitorios sirven para prevenir un segundo ACV. [Véase Prevención del ACV].
Por regla general,
a aquellas personas que han sufrido un ACV isquémico, se les prescribe aspirina,
warfarina, o ambos fármacos. Si el primer médico que trata al paciente después
de una apoplejía es un neurólogo, y no cualquier otro tipo de especialista o doctor
de cabecera, la oportunidad de supervivencia aumenta considerablemente. (Se puede
dar una excepción en personas que sufren Fibrilación Auricular; una investigación
modesta indicaba que, en estos pacientes, los servicios médicos generales eran
más beneficiosos que el servicio de atención proporcionado por un neurólogo. Se
requieren más estudios).
En
cualquier caso, los pacientes o sus familiares deberían solicitar siempre el mejor
cuidado posible durante este primer periodo tan importante. El hecho de ser tratado
desde un buen principio en una unidad de apoplejía en vez de en un quirófano corriente
influye en la consecución de una calidad de vida a largo plazo.
Complicaciones
no neurológicas tras una apoplejía
Además
de los problemas causados por daños neurológicos, los pacientes que han sufrido
un ACV corren también el riesgo de padecer otros problemas graves que reducen
las probabilidades de supervivencia. Entre estos se incluyen coágulos sanguíneos
en las piernas (trombosis en las venas profundas), embolismo pulmonar, neumonía
y una infección extendida. Los pacientes que han sufrido una embolia también tienen
riesgo de problemas cardíacos, así como de infecciones de las vías urinarias,
las cuales son muy comunes.
Candidatos
para la rehabilitación
En
general, el 90% de los supervivientes de un ACV experimentan diferentes niveles
de mejora tras la rehabilitación. Actualmente desde los hospitales se suele remitir
a las personas de la tercera edad que han sufrido un ACV a una residencia de ancianos,
o al domicilio familiar. En ambos caso, sería muy importante probar en primer
lugar, un intento de rehabilitación. Un estudio demostró que la posibilidad de
volver a casa de estos pacientes era tres veces mayor cuando acudían a unidades
de rehabilitación y no a residencias de ancianos. Sin embargo, no todos los pacientes
necesitan o se benefician de la rehabilitación rutinaria:
- Si
el ACV es grave, un ejercicio físico excesivo no será de ayuda
- Si
el ACV es leve, los pacientes mejoran por sí mismos.
Ciertos
factores positivos pueden ayudar a predecir quiénes son buenos candidatos para
la rehabilitación:
- El
paciente debe ser capaz de estar sentado durante al menos una hora.
- Los pacientes deben ser
capaces de aprender y estar conscientes.
- La
espasticidad puede ser un buen signo, ya que indica una acción nerviosa activa.
- Los pacientes
que pueden mover los hombros o los dedos durante las tres primeras semanas después
de haber sufrido una apoplejía tienen más posibilidades de recuperar el movimiento
de las manos que aquellos que no presentan movilidad alguna. Sin embargo, la habilidad
de sentir una ligera presión en la mano afectada no tiene nada que ver con una
posible recuperación del movimiento de las manos.
- Los
familiares o amigos cercanos deberían participar en el proceso de rehabilitación.
- La disfagia (incapacidad
de tragar) se asocia con un índice de mortalidad elevado, posiblemente debido
a un aumento de riesgo de infección y malnutrición. (Los pacientes con disfagia
que se alimentan mediante un tubo en el estómago pueden mejorar más que aquellos
que lo hacen a través de una sonda insertada por la nariz).
- Incontinencia
- Incapacidad de
después de un ACV de reconocer sonidos no verbales que se producen después de
producirse tras una embolia.
- Una
escasa capacidad para apretar la mano que está todavía presente después de tres
semanas indica problemas graves.
Factores
que no descartan la rehabilitación
- Aproximadamente
el 30% de los pacientes sufren de afasia (problemas en el habla), lo cual es desalentador.
Esta incapacidad no altera necesariamente la capacidad de pensar.
- Aunque la confusión es
común entre las personas que han sufrido un ACV, es muy posible que puedan recuperarse
parcial o incluso completamente.
Consideraciones
sobre la rehabilitación
La
fisioterapia debería iniciarse tan pronto como el paciente esté estable, y si
fuera posible dos días después del ACV. Algunos pacientes experimentan una mejora
más rápida en los primeros días, y muchos de ellos siguen mejorando en los siguientes
seis meses o más. Como el ACV afecta a diferentes partes del cerebro, las diferentes
opciones específicas de rehabilitación varían en gran medida en función de cada
paciente:
- Una
opción es la que se basa en entrenar músculos diferentes para sustituir aquellos
que han sido alterados debido a la lesión de las neuronas. En un estudio limitado,
pero importante, del año 2000, 13 pacientes con ACV que habían tenido parálisis
del lado derecho, fueron sometidos a una inmovilización del brazo no paralizado,
con lo que eran forzados a usar su brazo paralizado. Once de estos pacientes experimentaron
mejoría en sus brazos. El hemisferio cerebral afectado de estos pacientes también
pareció volverse más activo. Son necesarios más estudios para confirmarlo. El
ejercicio físico relacionado con la minusvalía provocada por el ACV es, en cualquier
caso, importante y puede ayudar a reparar el cerebro.
- Mientras
progresa, el fisioterapeuta del paciente debe usar y estimular a la comunicación
no verbal, como con signos, expresiones faciales, y lápiz y papel. Aprender y
usar el alfabeto de signos puede ser útil tanto para comunicarse como para mejorar
la destreza de los pequeños movimientos.
- La
fisioterapia combinada con la estimulación eléctrica y las técnicas de biofeedback
han resultado beneficiosas en algunos casos. Por ejemplo, la estimulación eléctrica
de la garganta puede ayudar a los pacientes con disfagia a recuperarse de la capacidad
de deglución más rápida. La estimulación de la muñeca y de los dedos también están
siendo prometedores para mejorar las capacidades motoras.
- Otro
tratamiento interesante para pacientes con apoplejía en el hemisferio derecho
emplea un prisma especial y sonidos que ayuda al paciente a recobrar la función
del hemisferio izquierdo, que sufre descuido cuando el hemisferio derecho está
lesionado en un ACV.
Tratamiento
farmacológico en la rehabilitación
El
tratamiento farmacológico puede ayudar a veces a aliviar los efectos específicos
del ACV:
- El
dantrolene, el baclofeno, y las inyecciones de la toxina botulínica han mostrado
resultados prometedores para aliviar la espasticidad.
- En
un pequeño estudio, el fármaco bromocriptina (Parlodel), normalmente usado para
la enfermedad de Parkinson, mostró ser útil en pacientes con graves problemas
de habla, ya que mejoraba su capacidad para pronunciar palabras polisílabas y
formar oraciones.
- Algunos
pacientes experimentan hipo intratable, que puede ser muy grave. Entre los fármacos
empleados para este problemas se encuentran la clorpromazina o el baclofeno.
- Un estudio indicó
que el metilfenidato (Ritalin), fármaco usado para el trastorno por déficit de
atención, podría ayudar a que los pacientes se recuperaran después de un ACV.
El uso de esta anfetamina puede ayudar a mejorar las capacidades motoras cuando
se combina con la fisioterapia.
Ciertos
fármacos administrados comúnmente para trastornos relacionados con los ACV pueden,
en realidad, retrasar la recuperación. Entre éstos se incluyen los empleados para
la presión arterial alta, como la clonidina y el prazosin, fármacos anticomiciales,
antipsicóticos como el haloperidol, y las benzodiazepinas, que son los fármacos
ansiolíticos más comunes.
Controlar
las consecuencias emocionales
Estado
emocional de los pacientes. La depresión es muy común tras un ACV, tanto como
resultado directo como indirecto de una embolia.
Los
ACV que afectan al hemisferio derecho del cerebro aumentan especialmente el riesgo
de depresión. Los pacientes pueden sufrir ciertamente una depresión debido a los
grandes cambios en su autonomía y calidad de vida.
Un
peculiar trastorno inducido por la embolia, conocido como labilidad emocional
neurológica o llanto post-ACV, es un trastorno neurológico y no psicológico.
Si la depresión
es prolongada, puede alterar la recuperación. Un estudio mostró que las personas
que sufrieron ACV y depresión tenían tres veces más posibilidades de muerte en
un plazo de diez años que aquellos con ACV que no estaban deprimidos. Existe un
riesgo significativo de suicido en pacientes con ACV, especialmente en mujeres
y en personas menores de 60 años.
Los
antidepresivos, especialmente la fluoxetina (Prozac) y fármacos similares llamados
ISRS, son beneficiosos para aliviar la tristeza postapoplejía y para mejorar la
recuperación en general y el estado de ánimo en especial en pacientes con depresión.
Algunos médicos
recomiendan también otros fármacos llamados antidepresivos tricíclicos, incluyendo
la amitriptilina (Mutabase, Deprelio) y la nortriptilina. En un estudio del 2000
otro tricíclico, la nortriptilina no sólo mejoró el estado de ánimo, sino que
tuvo también efectos positivos en el funcionamiento mental, indicando tal vez
que puede haber alguna demencia asociada con la apoplejía puede ser debida a la
depresión. Los tricíclicos puede ser también útiles para la labilidad neurológica.
El trastorno
de ansiedad es también común e incapacitante. Algunos trabajos, de hecho, indican
que muchos pacientes sufren sentimientos idénticos a los del síndrome de estrés
post-traumático. Los dos trastornos suelen solaparse, pero los tratamientos farmacológicos
para cada uno difieren.
Debe señalarse que muchos fármacos para trastornos
psicológicos afectan al sistema nervioso central y pueden, en realidad, retrasar
la rehabilitación. La ayuda profesional experimentada es necesaria para determinar
los tratamientos más eficaces y seguros.
Estado
emocional del cuidador. El estado emocional del cuidador es fundamental. Los
pacientes empeoran cuando sus cuidadores se sienten deprimidos y no saben nada
acerca de lo qué es una embolia y cuando la vida familiar se altera. En un estudio
realizado, más de la mitad de los cuidadores se sentían deprimidos, especialmente
si las víctimas de apoplejía presentaban demencia o un comportamiento anormal.
Tratamientos
en investigación
Una
nueva técnica que se está investigando consiste en trasplantar células nerviosas
creadas en el laboratorio en el cerebro de pacientes con ACV para mejorar las
habilidades motoras y del habla. Seis de doce pacientes que habían sufrido ACV
en años pasados (en vez de en días), y que recibieron estas células parecieron
mejorar sus habilidades motoras, aunque el estudio llevado a cabo en el 2000 era
demasiado pequeño como para ser definitivo.
¿Dónde
más puede obtenerse información sobre los ACV?
En
castellano
Página
de la Sociedad Española de Neurología dirigida a familiares y pacientes con AVC.
http://www.ictusen.org/geecv/html/infofamiictus.htm
Información
sobre ACV. http://www.neurorehabilitacion.com/ave.htm
En
inglés
National
Stroke Association 9707 East Easternlane Englewood, Colorodo 80112 (800-787-6537)
o (303-649-9299) o (303-649-0122 para problemas auditivos) en Internet
http://www.stroke.org/
. Esta organización ofrece una serie de servicios informativos, incluyendo
opciones de tratamiento y prevención.
National
Institute of Neurological Disorders and Stroke, Building 31, Room 8A16, 31 Center
Drive, MSC 2540, National Institutes of Health, Bethesda, MD 20892-2540. Llamar
(301-496-5751) o (800-352-9424) o en Internet http://www.ninds.nih.gov/.
Esta organización es un buen recurso de información sobre los principales centros
estadounidenses para ensayos clínicos y de investigación.
National
Rehabilitation Information Center (NARIC), 1010 Wayne Avenue, Suite 800 Silver
Spring, MD 20910. Llamar (301-562-2400 ) o (800-346-2742) o en
http://www.naric.com/
. NARIC es un centro de información y de investigación de referencias que distribuye
información a cerca de la rehabilitación, de los productos y tecnología para aquellas
personas con discapacidades; proporciona una serie de recursos sobre la apoplejía.
National Aphasia
Association, 156 Fifth Ave., Suite 707, New York, NY 10010. Llamar (800-922-4622)
o en Internet http://www.aphasia.org/.
The
American Association of Neurological Surgeons and Congress of Neurological Surgeons
http://www.neurosurgery.org/.
Ayuda a encontrar un neurocirujano en las áreas locales.
Agency
for Health Care Policy and Research, PO Box 8547, Silver Spring, MD 20907. Llamar
(301-594-2800) o (800-358-9295) o en Internet http://text.nlm.nih.gov/.
Esta agencia ofrece recomendaciones sobre rehabilitación basada en amplias
investigaciones del US Public Health Service. Petición de rehabilitación postapoplejía:
asesoramiento, casos concretos, y tratamiento de pacientes. También pueden solicitarse
directrices en torno a esta enfermedad vía fax. Para el uso del fax, deberá disponerse
de una unidad telefónica.
Página
web con la descripción de la endarterectomía carotídea. http://yoursurgery.com/data/Procedures/carotid/p_corotid.htm
.
Una página
web muy bien creada por un estudiante y que proporciona imágenes anatómicas claras
y descripciones del cerebro http://library.thinkquest.org/26463/default.shtml
.
Un catálogo
online que ofrece productos de cocina, utensilios para el baño y productos cotidianos
para personas de todas las edades o con minusvalías. http://www.dynamic-living.com/
.
Directrices
sobre la apoplejía. http://stroke.ahajournals.org/cgi/content/full/31/4/1001
Fuente
Egalenia en :
www.egalenia.com
Si
desea más información sobre Enfermedades Cardiovasculares de un
clic aquí
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En
caso de diagnóstico o tratamiento de enfermedad grave, incurable o que
comprometa la calidad de vida del paciente, así como cuando el tratamiento
que le han recomendado implique un riesgo importante para su salud, por sus efectos
secundarios o por las secuelas que pueda dejar, la Segunda Opinión Médica
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La
información que usted encontrará en este artículo no pretende substituir
el necesario consejo médico o la necesidad de un tratamiento profesional médico
para una dolencia o transtorno en su salud.
Siempre
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un nuevo tratamiento con medicamentos, dieta o programa de ejercicio físico.