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Factores de riesgo del infarto al miocardio

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Otros términos: ataque al corazón, ataque cardiaco

Quién tiene riesgo de sufrir un infarto de miocardio y cuáles son los factores de riesgo que pueden tratarse?

Los factores de riesgo, como la hipertensión, el tabaquismo y el colesterol, son muy prevalentes en el mundo.

En cuanto a los hábitos dietéticos relacionados con las cardiopatías, los estudios realizados en nuestro país indican que en los últimos 30 años se ha incrementado considerablemente el consumo de productos lácteos, especialmente, yogures.

El consumo de verduras, fruta y pescado ha aumentado, también el del pan y cereales. Mientras que el consumo de carne(ternera) ha disminuido. En el patrón nutricional es llamativo el aumento de consumo de grasa, en particular de grasas saturadas (aumentando el consumo de bollería, pastelería y platos preparados), aunque la alimentación sigue ajustándose a los cánones de dieta mediterránea y a las recomendaciones actuales.

La presencia de más de un factor de riesgo puede ser muy peligrosa, ya que cada uno de ellos puede aumentar en gran medida el efecto de otro. Este fenómeno, llamada sinergismo, el conjunto de todos ellos, y mucho más peligroso, que la suma de las partes. Los factores de riesgo principales son los siguientes.

Sexo

La enfermedad coronaria es más frecuente en hombres de mediana edad. Las mujeres pasan, como media, de diez a quince años más que los hombres, sin sufrir una enfermedad cardiaca, pero a medida que envejecen las mujeres alcanzan a los hombres. De hecho, las mujeres tienen más probabilidades de sufrir angina que los hombres.

Por lo que se refiere a la edad, los índices de supervivencia por ataques cardiacos son similares en hombres y en mujeres, pero las mujeres jóvenes tienen un mayor riesgo de muerte por infarto que los hombres de la misma edad. Los motivos de esto no están claros.

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En España, la cardiopatía isquémica es la responsable del 32 por ciento de las defunciones en las mujeres y el 25 por ciento de las de los hombres.
Los estrógenos, que parecen proteger al corazón, pueden tener algo que ver, y puede ser que muchas mujeres jóvenes que sufren ataques cardiacos tengan niveles de estrógenos inferiores.

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Por ejemplo, en un estudio, las mujeres que entraron pronto en el proceso natural de la menopausia ( a los 35-40 años), tenían un riesgo mayor de muerte por un ataque cardiaco que las mujeres que entraron más tarde en la menopausia.

Muchos estudios han informado de que las mujeres reciben un tratamiento menos agresivo que los hombres en todas las fases de la enfermedad cardiaca. Los estudios más recientes han sugerido que, sin embargo, se trata de forma similar tanto a hombres como a mujeres durantes las últimas fases de la enfermedad cardiaca.

Las mujeres más jóvenes con enfermedad cardiaca a menudo no tienen los mismos síntomas que sus homólogos masculinos y es menos probable que se les diagnostique correcta o agresivamente.

De hecho, es menos probable que los síntomas aparezcan como una angina típica y se hacen a menudo más pruebas a las mujeres que a los hombres para detectar problemas gastrointestinales. (Un interesante estudio del 1999 halló que aunque, en realidad, las mujeres con angina inestable recibían tratamiento menos agresivo que los hombres, cuando se comparaban los factores de riesgo, los hombres presentaban peores resultados a largo plazo).

Tabaco

Los fumadores de entre treinta y cuarenta años tienen un índice de ataque cardíaco cinco veces mayor que el de los no fumadores de este mismo grupo de edad. Fumar cigarrillos puede ser el responsable directo de al menos un 20% de todas las muertes anuales, o de alrededor de 120.000 muertes anuales. Fumar puros puede aumentar el riesgo de muerte temprana por enfermedad cardiaca, aunque las evidencias son mucho más concluyentes para los cigarrillos.

Colesterol y otros lípidos

Una serie de estudios ha demostrado ahora que, reducir las LDL (el llamado colesterol malo) y los niveles totales de colesterol y potenciar los niveles de HDL ( el llamado colesterol bueno) mejora la supervivencia y previene los ataques cardiacos. Dependiendo de los factores de riesgo, las personas deberían intentar llegar a los siguientes niveles de colesterol:

Valores generales para el colesterol:

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  • Niveles totales de colesterol: 200 mg/dl o inferiores.
  • Niveles de colesterol LDL: 160 mg/dl o inferiores. (Cuanto menos mejor).
  • Niveles de colesterol HDL: 45 mg/dL para hombres y 50 mg/dL para mujeres, siendo aproximadamente 60 el objetivo (Cuanto más alto mejor).
  • Niveles de triglicéridos: 200 mg/dL o inferiores. (Aunque hay pruebas que sugieren que las personas deberían alcanzar niveles por debajo de los 100 mg/dL para reducir el riesgo de enfermedad cardiaca)

Valores para personas con dos o más factores de riesgo de enfermedad cardiaca:

  • Niveles LDL : 130 mg/dl o inferiores.

Valores para personas con una enfermedad cardiaca existente:

  • Niveles LDL de menos 100 mg/dl. Se cree también ahora que los niveles elevados de otros lípidos, incluyendo las lipoproteínas (a) y apolipoproteínas A-1 y B son importantes indicadores de riesgo cardiaco. La apolipoproteína B, por ejemplo, puede resultar un indicador muy preciso del riesgo enfermedad cardiaca en mujeres. [Para más información, ver los capítulos de la enciclopedia de egalenia, Colesterol y Dieta cardiosaludable].

Presión arterial elevada

La presión arterial alta, o hipertensión, ha demostrado ser una causa de enfermedad coronaria desde hace mucho tiempo. La presión arterial se clasifica en:

  • Óptima (por debajo de 120/80 mm Hg).
  • Normal (entre 120/80 y 130/85 mm Hg).
  • Normal-alta (entre 130/85 y 139/89). (Algunos estudios indican que la normal-alta pone al paciente en un riesgo mayor de sufrir episodios cardiacos y embolia, aunque otros sugieren que el riesgo existe principalmente en las personas diabéticas).
  • Hipertensión, o hipertensión arterial (140/90).

Diversos estudios han evidenciado que la presión arterial sistólica elevada es de forma significativa el indicador más exacto de hipertensión, particularmente en el anciano. (La presión sistólica es la más alta y el primer número de medida de la presión arterial.

Mide la fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes arteriales así como las contracciones cardíacas para bombear la sangre. 

Estilo de vida sendentario y ejercicio

Las personas sedentarias tienen al menos el doble de posibilidades de sufrir un infarto frente a aquellas que hacen ejercicio de forma regular. El ejercicio aeróbico moderado practicado de forma regular beneficia al corazón de diferentes formas.

Por ejemplo, caminar deprisa tiene las siguientes ventajas:

  • Baja la frecuencia cardiaca y la presión arterial
  • Mejora el colesterol
  • Baja los niveles de azúcar en sangre
  • Abre los vasos sanguíneos y, en combinación con una dieta sana, puede mejorar los factores de coagulación sanguínea.
  • Reduce el estrés y mejora el humor.

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Algunos estudios indican que para la mayor protección cardíaca, lo que cuenta no es la duración del ejercicio, sino la cantidad total diaria de energía gastada. Por tanto, la mejor forma de hacer ejercicio puede consistir en cortos periodos de ejercicio intenso.

Incluso las personas ancianas con angina inestable o que han sufrido con anterioridad un ataque cardiaco pueden beneficiarse de un programa estructurado de ejercicio. Los ejercicios que entrenan y refuerzan los músculos del pecho pueden ser también muy importantes para pacientes con angina.

Debe hacerse hincapié en que el ejercicio agotador (como por ejemplo quitar nieve o cortar el césped) puede ser una situación de riesgo de angina e infarto para estas personas. Asimismo, las actividades que impliquen subir los brazos por encima de la cabeza pueden implicar riesgo, y las personas que sufren de angina de pecho nunca deben realizar ejercicio después de comer.

Las personas que tengan factores de riesgo para enfermedad cardiaca deben buscar la autorización y el asesoramiento médico, y la prescripción de un programa detallado de ejercicios. Todo el mundo, incluyendo las personas sanas, deben observar su cuerpo, haciendo caso de las molestias que puedan sentir mientras realizan ejercicio. [Ver el capítulo de la enciclopedia de egalenia sobre Ejercicio].

Diabetes y resistencia a la insulina

Los infartos de miocardio de corazón representan un 60% y las embolias un 25% de muertes en personas diabéticas. Un estudio de 1998 informó que los pacientes con diabetes de tipo 2 y sin historia de enfermedad cardiaca tienen el mismo riesgo de un ataque cardiaco a los siete años que los no diabéticos que sufren una enfermedad cardiaca.

La resistencia a la insulina a largo plazo, incluso sin diabetes tipo 2, parece tener efectos dañinos significativos para el corazón. Este trastorno se produce cuando los niveles de insulina son de normales a elevados, pero el cuerpo es incapaz de usar la insulina para regular el metabolismo del azúcar en sangre y guardarlo para obtener energía.

En tales casos, el cuerpo compensa esto aumentando los niveles de insulina (hiperinsulinemia), que a su vez aumentan los niveles de triglicéridos y reduce el colesterol HDL. Normalmente, la insulina estimula la liberación de dos sustancias, la endotelina y el óxido nítrico, que son importantes para mantener elásticas y abiertas las arterias. La resistencia a la insulina puede causar un desequilibrio en estas sustancias

Homocisteína

Los niveles anormales en sangre del aminoácido homocisteína están estrechamente vinculados a un aumento del riesgo de la enfermedad coronaria y la embolia. La homocisteína puede dañar el interior de las arterias y favorecer la coagulación de la sangre. Se pueden encontrar niveles altos de este aminoácido en presencia de déficit de las vitaminas B6, B12 y ácido fólico.

Algunos expertos creen que los niveles altos de homocisteína son sólo indicadores, y no causas, de enfermedad cardiaca. Sin embargo, algunos estudios han sugerido que hay una fuerte asociación entre este factor y la enfermedad cardiaca.

Obesidad

La obesidad está relacionada con la hipertensión, la diabetes, los niveles altos de colesterol y la falta de ejercicio físico, todos ellos factores contribuyentes al infarto de miocardio. La obesidad abdominal ("curva de la felicidad") supone un riesgo mayor. De hecho, un estudio afirmaba que los hombres con una cintura de más de 90 cm. y niveles altos de triglicéridos (más 2 mmol/L) corren un riesgo mayor de desarrollar enfermedad cardiaca en los cinco años siguientes.

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La obesidad en los niños es un factor de riesgo de futuros problemas cardiacos mayor que una historia familiar de enfermedades cardiacas. Las personas que presentan sobrepeso en la mitad de su vida, pueden no reducir completamente el riesgo de enfermedad coronaria más adelante, incluso aunque pierdan el exceso de peso. Las personas con sobrepeso u obesas tienen unos niveles elevados de proteina C reactiva, una sustancia indicadora de un proceso inflamatorio y un marcador de la enfermedad cardíaca. 

Continuar leyendo aquí Hábitos alimentarios

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Autor: Dr. Carlos Muñoz Retana

​Actualizado: 19 de Septiembre, 2018

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