Rubéola y Embarazo

La rubéola (también llamada sarampión alemán) es una leve enfermedad de la niñez que, si es contraída por una mujer durante el embarazo, supone una grave amenaza para el feto. Durante los años 1964 y 1965, cuando se produjo un brote epidémico de rubéola, nacieron más de 20.000 bebés con defectos de nacimiento. Durante este mismo brote epidémico se produjeron por lo menos 10.000 abortos espontáneos y nacimientos de bebés sin vida.

Por suerte, ya no se dan grandes brotes epidémicos de rubéola en EE.UU. Desde el año 1969, cuando fue aprobada una vacuna contra la rubéola, se vacuna a los niños de forma rutinaria para impedir la propagación de la enfermedad y proteger a las madres embarazadas susceptibles de contraerla. La mayoría de las mujeres en edad de concebir son inmunes a la rubéola, bien por haber recibido la vacuna o bien por haber padecido la enfermedad durante la niñez. Gracias al uso generalizado de la vacuna contra la rubéola, es raro que ésta cause defectos de nacimiento.

Sin embargo, como todavía aparecen pequeños brotes epidémicos de rubéola, aún existe la posibilidad de que las mujeres embarazadas susceptibles a la enfermedad contraigan la infección. Dos de cada diez mujeres en edad de tener hijos son vulnerables a la rubéola. Una mujer puede proteger a su futuro hijo de los efectos de la rubéola sometiéndose a una prueba de inmunidad antes de quedar embarazada y, si no es inmune, recibiendo la vacuna. 

¿Qué es la rubéola?

La rubéola es una enfermedad leve pero altamente contagiosa causada por un virus. Se caracteriza por la erupción de la piel, la inflamación de las glándulas y, especialmente en los adultos, dolores en las articulaciones. Por lo general la erupción de la piel dura unos tres días y puede presentarse acompañada de una ligera fiebre. Otros síntomas, tales como el dolor de cabeza o de garganta y la pérdida del apetito, son más comunes en los adolescentes y adultos que contraen la infección que en el caso de los niños. A veces no se produce síntoma alguno. 

El virus que causa la rubéola es diferente del que causa el sarampión común. La inmunidad de una persona contra la rubéola no la protege contra el sarampión, como tampoco la inmunidad contra el sarampión la protege contra la rubéola. 

¿Cuáles son los riesgos que la rubéola supone para el feto?

Alrededor del 25 por ciento de los bebés cuyas madres contraen rubéola durante el primer trimestre del embarazo, nacen con uno o más defectos de nacimiento que, de manera conjunta, se denominan síndrome congénito de rubéola. Entre estos defectos se encuentran ciertos defectos de los ojos (que causan pérdida de la visión o ceguera), la pérdida de la audición, algunos defectos cardíacos, el retraso mental y, con menor frecuencia, la parálisis cerebral. 

Muchos niños con síndrome congénito de rubéola demoran más tiempo en aprender a caminar y a realizar ciertas tareas, pero algunos de ellos llegan a desarrollarse plenamente y no tienen problemas. 

A menudo, esta infección provoca abortos espontáneos y nacimientos de bebés sin vida. El riesgo de síndrome congénito de rubéola es de alrededor del uno por ciento cuando la madre contrae la infección durante las primeras semanas del segundo trimestre de gestación. Es raro que exista riesgo de que se produzcan defectos de nacimiento cuando la rubéola de la madre aparece después de transcurridas 20 semanas de embarazo. 

Algunos bebés infectados presentan problemas de salud que no perduran. Su peso de nacimiento puede ser bajo (menos de 5 libras y media) y pueden tener problemas de alimentación, diarrea, neumonía, meningitis (una inflamación alrededor del cerebro) o anemia. Pueden aparecer manchas de color púrpura-rojizo en sus caras y cuerpos debido a anomalías pasajeras en la sangre que pueden provocar una tendencia a sangrar con facilidad. El hígado y el bazo pueden agrandarse. 

Algunos bebés infectados parecen normales en el momento del nacimiento y durante su infancia. Sin embargo, es necesario realizar un seguimiento cuidadoso de todos los bebés cuyas madres padecieron rubéola durante su embarazo, porque es posible que los problemas de visión, audición, aprendizaje y comportamiento no sean evidentes hasta la niñez. Los niños con síndrome congénito de rubéola también tienen mayor riesgo de padecer diabetes, que puede desarrollarse durante la niñez o bien a edad adulta. 

¿Cómo se trata a los bebés con síndrome congénito de rubéola?

No hay un tratamiento específico para el síndrome congénito de rubéola. Algunos de los problemas propios del período neonatal, como las anomalías de la sangre y del hígado, generalmente desaparecen sin practicarse tratamiento alguno. Otros defectos de nacimiento, como los de los ojos o del corazón, pueden, a veces, corregirse de forma total o parcial mediante prácticas quirúrgicas realizadas a edad temprana. Los bebés con deficiencias visuales o auditivas, se benefician al asistir a programas de educación especiales que los estimulan desde pequeños y les ayudan a desarrollar destrezas de comunicación y de aprendizaje. Los niños con retraso mental también se benefician al asistir a programas de educación especial desde pequeños. Aquellos niños con múltiples discapacidades pueden necesitar de la intervención de un equipo de expertos desde muy temprana edad. 

¿Cómo puede una mujer averiguar si es susceptible de contraer rubéola?

Existe un análisis de sangre sencillo que puede determinar si una persona es o no inmune a la rubéola. El análisis comprueba si la sangre de dicha persona contiene las sustancias que luchan contra el virus (es decir, los anticuerpos). Los anticuerpos contra la rubéola son producidos por personas que han padecido la enfermedad o que han sido vacunadas contra la misma. 

¿Se puede prevenir el síndrome congénito de rubéola?

March of Dimes recomienda que todas las mujeres se sometan a una prueba de inmunidad contra la rubéola antes de quedar embarazadas y consideren ser vacunadas si no son inmunes. 

La vacunación servirá para prevenir la rubéola en mujeres susceptibles a contraer la enfermedad, de modo que sus futuros hijos estarán protegidos contra el síndrome congénito de rubéola. 

En el caso de mujeres que quedan embarazadas antes de someterse a esta prueba, se procede a realizar la prueba de inmunidad durante una de las primeras visitas prenatales. Cuando una mujer embarazada no es inmune a la rubéola, debe evitar el contacto con cualquier persona que tenga la enfermedad. No existe un tratamiento contra la rubéola que sea eficaz a durante el embarazo, como tampoco una manera eficaz de prevenir la rubéola en una mujer vulnerable que ha sido expuesta a la enfermedad. Las mujeres embarazadas que no son inmunes también deben considerar recibir la vacuna después de dar a luz, para de esa manera estar inmunizadas si quedan embarazadas en el futuro. 

Se puede administrar la vacuna contra la rubéola, sin riesgo alguno,  a una mujer que amamanta a su hijo. 

No se recomienda administrar la vacuna durante el embarazo; y se recomienda que toda mujer que recibe la vacuna aplace sus intentos de concebir un bebé hasta, por lo menos, tres meses después de recibirla. 

¿Puede la vacuna contra la rubéola causar daños en el feto, si se administra en una fecha próxima a la concepción?

Es muy improbable que la vacuna contra la rubéola dañe a un bebé cuya madre fue vacunada poco antes de la concepción. Entre los años 1971 y 1989, los centers for Disease Control and Prevention del gobierno (CDC) estudiaron a cientos de mujeres que fueron vacunadas entre los tres meses previos y los tres meses posteriores a la concepción. En el momento de recibir la vacuna, estas mujeres no sabían que estaban embarazadas o que concibirían un bebé poco tiempo más tarde. Ninguno de los bebés nacidos de estas mujeres tuvo defectos de nacimiento similares a los que produce la rubéola. Sin embargo, los CDC siguen recomendando que una mujer posponga la concepción de un bebé durante tres meses después de recibir la vacuna porque teóricamente existe un pequeño riesgo de que el feto sufra daños. 

¿Quién más debe recibir la vacuna?

Todos los niños deben recibir la vacuna contra la rubéola a menos que exista una razón médica por la cual no deban hacerlo. La vacunación generalizada de los niños contribuye a prevenir la propagación de esta enfermedad a otras personas, especialmente a mujeres embarazadas. 

Por lo general, la primera dosis de la vacuna se administra entre los 12 y los 15 meses de edad, casi siempre junto con las vacunas contra el sarampión y las paperas. Esta combinación de vacunas se denomina MMR. Un niño no debe recibir la primera dosis de MMR antes de cumplir los 12 meses de edad. Esto se debe a que el bebé conserva algunos de los anticuerpos de la madre hasta alcanzar esta edad, y estos anticuerpos pueden interferir con la vacuna e impedir que ésta funcione debidamente. Suele administrarse una segunda dosis de MMR entre los 4 y los 6 años de edad, o bien a los 11 o 12 años. En la actualidad hay por lo menos 12 estados donde se exige la administración de una segunda dosis de MMR antes de que los niños entren al jardín de infancia. 

La vacunación de grupos de adolescentes o adultos en centros educativos, lugares de trabajo, hospitales o bases militares contribuye a prevenir los brotes epidémicos en dichas áreas. Las personas que trabajan en guarderías de recién nacidos deben vacunarse porque los bebés nacidos con rubéola son capaces de contagiar a otros durante un breve período después de nacer. Las mujeres susceptibles a la enfermedad que estén en edad de tener hijos, también deben considerar someterse a la vacuna antes de salir de EE.UU., ya que la rubéola es una enfermedad común en muchos países. 

Referencias

CDC. Recommended Childhood Immunization Schedule-United States, 1995. Morbidity and Mortality Weekly Report, volumen 44, número RR-5, 16 de junio, 1995. 

Committee on Infectious Diseases, American Academy of Pediatrics. 1994 Red Book: Report of the Committee on Infectious Diseases Twenty-third edition, Elk Grove Village, IL, American Academy of Pediatrics, 1994, pág. 406 - 412. 

Cooper, Louis Z. Fetal rubella syndrome, in Buyse, Mary Louise (ed.): Birth Defects Encyclopedia, Dover, MA, center for Birth Defects Information Services, 1990, pág. 723 - 725. 

Cooper, Louis Z. Rubella, in Rudolph, M.M., Hoffman, J.I.E., Rudolph, C.D. (eds.): Rudolph's Pediatrics 20th edition, Stamford, CT, Appleton & Lange, 1996, pág. 679 - 683. 

Immunization Practices Advisory Committee. Rubella prevention. Morbidity and Mortality Weekly Report, volumen 39, número RR-15, 23 de noviembre, 1990.

Fuente
March of Dimes
http://www.nacersano.org

 

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Aviso

La información que usted encontrará en este artículo tiene solo fines educativos. No pretende substituir el necesario consejo médico o la necesidad de un tratamiento profesional médico para una dolencia o transtorno en su salud.

Siempre debe consultar a un médico ante cualquier duda sobre su salud y antes de comenzar un nuevo tratamiento con medicamentos, dieta o programa de ejercicio físico


 

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