Hepatitis
C y Embarazo
Dr.
Alejandro Soza
La hepatitis
C es una enfermedad hepática frecuentemente diagnosticada a raíz
del hallazgo de elevación leve a moderada de las transaminasas en
un paciente asintomático. Aproximadamente en la mitad de los pacientes
es posible identificar un factor de riesgo para la transmisión de
la enfermedad, siendo lo más frecuente el antecedente de transfusión
de sangre antes del tamizaje obligatorio en Chile, el año 1996 (1).
El virus de
la hepatitis C (HCV) tiene una prevalencia estimada por la Organización
Mundial de la Salud de 3%, lo que representa aproximadamente 170
millones de personas infectadas en el mundo (2-4). La infección
por este virus puede manifestarse como una hepatitis aguda, frecuentemente
asintomática, que puede llevar a infección crónica (definida como
mayor de 6 meses) en un 70% de los infectados. Los pacientes con
infección crónica habitualmente son asintomáticos por períodos prolongados
de tiempo. Aproximadamente el 20% de estos sujetos desarrollará
una cirrosis hepática a los 20 años de evolución (5). Los pacientes
que han desarrollado cirrosis, aparte del riesgo de llegar a la
insuficiencia hepática y necesidad de transplante, tienen un riesgo
significativo de desarrollar carcinoma hepatocelular. En la actualidad
la infección por HCV es la principal causa de trasplante hepático
y de cáncer hepático en el mundo occidental (6, 7) y también en
Chile (8), representando una causa mayor de morbi-mortalidad hepática.
La figura esquematiza la progresión de la historia natural de la
hepatitis C.

En Chile la
hepatitis C es una enfermedad frecuente, estimándose que en nuestro
país hay 120.000 personas infectadas, con una prevalencia que aumenta
con la edad (1, 9, 10). Esto explica que la prevalencia en población
joven (mujeres en edad fértil) sea relativamente baja (11).
Se han descrito
una serie de manifestaciones extra-hepáticas menos frecuentes de
la infección por HCV, de las cuales las mejor documentadas son la
crioglobulinemia mixta esencial, linfoma no-Hodkin, glomerulonefritis,
síndrome de Sjögren, liquen plano y porfiria cutanea tarda (12,
13).
El HCV es un
virus RNA pequeño que codifica una poliproteína de aproximadamente
3000 aminoácidos. Esta es procesada por proteasas virales y del
huésped generando múltiples péptidos estructurales y no estructurales.
Algunos de estas proteínas no estructurales como la polimerasa y
proteasa son el foco de activa investigación dirigida al desarrollo
de nuevos antivirales. El HCV tiene una alta tasa de replicación
y corta vida media en el plasma, lo que explica su alta variabilidad
genética. Se han descrito 6 genotipos principales, con sus respectivos
genotipos y subtipos. La importancia clínica de conocer el genotipo
del paciente infectado radica en que éste determina en forma importante
la respuesta al tratamiento (12, 13).
Diagnóstico
Los pacientes
infectados con el virus de la hepatitis C frecuentemente son asintomáticos
y se detectan por el hallazgo de elevación de transaminasas leve
a moderado, en el rango de 1 a 10 veces el valor máximo normal.
Durante el embarazo
se produce frecuentemente una disminución de los niveles de transaminasas
séricas en las pacientes con hepatitis C. Aproximadamente la mitad
de las pacientes infectadas tienen transaminasas elevadas al inicio
del embarazo, proporción que baja al 7% en el tercer trimestre (14,
15). Por lo anterior, el hecho de observar transaminasas normales
durante el embarazo en una paciente con factores de riesgo para
infección por virus C no descarta en absoluto la enfermedad. A pesar
de esta normalización de transaminasas, algunos estudios han sugerido
que el embarazo produce aumento de la actividad inflamatoria hepática
en las pacientes infectadas.
El examen de
elección para el diagnóstico es la determinación de anticuerpos
anti-hepatitis C, que es altamente sensible. Un examen negativo
descarta en la práctica la enfermedad.
Los anticuerpos
maternos son detectables en el recién nacido de una madre infectada,
aún cuando no haya transmisión vertical del virus, por lo que en
niños nacidos de madres infectadas, la serología debe realizarse
no antes de los 15 meses de vida.
Una serología
positiva debe confirmarse con un examen adicional, siendo en la
actualidad lo más usado la detección del RNA viral circulante mediante
PCR (polymerase chain reaction). Este es un examen cualitativo (RNA
presente o ausente).
Exámenes adicionales
incluyen la determinación cuantitativa del RNA viral circulante
("carga viral"), habitualmente mediante PCR cuantitativo. Este examen
podría tener importancia para en la estimación del riesgo de transmisión
vertical de la enfermedad. Durante el segundo y tercer trimestre
se ha observado una tendencia a la elevación de la carga viral (14).
La determinación del genotipo viral tiene importancia en la planificación
del tratamiento, pero no afecta el pronóstico ni la historia natural
de la enfermedad.
Transmisión
vertical
El virus de
la hepatitis C no traspasa la barrera placentaria, y su transmisión,
cuando ocurre, es en el período perinatal. La transmisión vertical
se define convencionalmente como la persistencia de anticuaerpos
anti-hepatitis C en el recién nacido por más de 12 meses.
Existen muchas
series publicadas sobre las tasas de transmisión vertical de la
infección. Una revisión sistemática de 77 estudios, con más de 5.000
pacientes, muestra que las tasas crudas de transmisión son del orden
del 5%, que aumentan a 8% cuando el análisis se restringe a las
pacientes virémicas (16).
Entre las condiciones
que se asocian a un riesgo aumentado de transmisión, el más importante
es la coinfección con virus de la inmunodeficiencia humana (HIV).
Este factor aumenta el riesgo de transmisión a un 22%. Otro factor
que aumenta el riesgo es una mayor carga viral. La lactancia materna
no se relaciona al riesgo de transmisión vertical.
La vía del parto
es un tema controvertido en la infección por hepatitis C. Algunos
estudios han demostrado una mayor frecuencia de transmisión en parto
por cesárea que vaginal (32 versus 6%) (17), sin embargo probablemente
esto se deba a que un gran porcentaje de estas pacientes estaba
co-infectado por HIV. En pacientes HIV-negativas, el riesgo parece
ser similar entre la vía vaginal y cesárea (18). En la práctica,
se aconseja a realizar cesárea sólo por indicaciones obstétricas
en estas pacientes (19).
Otros factores
que pueden asociarse a un mayor riesgo de transmisión del virus
al recién nacido son ruptura de membranas de más de 6 horas y monitoreo
fetal invasivo (20).
Tratamiento
No existe tratamiento
antiviral específico para la hepatitis C durante el embarazo. La
terapia recomendad actualmente, consistente en la combinación de
peginterferon y ribavirina, se considera contraindicada durante
el embarazo, a pesar de al menos un reporte de tratamiento (21).
Tampoco existe ninguna intervención profiláctica (inmunoglobulinas
o antivirales) en el recién nacido que disminuya la probabilidad
de transmisión.
Riesgos para
el personal médico
La hepatitis
C se transmite por vía parenteral. El riesgo de transmisión luego
de una exposición por pinchazo con una aguja contaminada es del
orden del 1.8% (comparada con un 30% en la hepatitis B). No existe
tratamiento profiláctico específico inmediato ante la exposición
(inmunoglobulinas o antivirales), y la recomendación es obtener
serología y pruebas hepáticas basalmente en el sujeto expuesto y
discutir la conducta posterior con el hepatólogo.
Pronóstico
No hay evidencias
de que la infección por hepatitis C produzca un aumento del riesgo
de complicaciones del embarazo, particularmente la enfermedad hepática
se mantiene clínicamente estable y no hay aumento del riesgo de
malformaciones fetales (22).
Los recién nacidos
de madres infectadas que adquieren la infección habitualmente tienen
un curso benigno, siendo asintomáticos, y mantienen transaminasas
normales o levemente elevadas durante la infancia (23, 24). El pronóstico
a largo plazo no es conocido, pero es posible que sea similar al
de los niños que adquieren la infección por transfusiones tempranamente
en la vida, quienes presentan enfermedad hepática en general leve
luego de 20 años de infección (25).
Recomendaciones
A una paciente
embarazada a la que se le detecta serología positiva para hepatitis
C se aplican las siguientes recomendaciones:
- Determinación
de RNA circulante (PCR).
- Análisis
de factores de riesgo (transfusiones, drogas intravenosas, conductas
de riesgo sexual, etc.), determinación del status HIV y hepatitis
B, chequeo de la pareja sexual y de hijos anteriores.
- Determinación
de pruebas hepáticas y albuminemia. Es muy poco frecuente encontrar
enfermedad hepática avanzada (cirrosis) en pacientes embarazadas
con hepatitis C. Las transaminasas deben repetirse 6 meses después
del parto.
- Determinación
de carga viral (opcional).
- Manejo
en conjunto con un hepatólogo.
- La
decisión de la vía del parto no debe ser alterada por la presencia
de esta infección.
- Se
recomienda evitar monitoreo fetal invasivo y ruptura de membranas
prolongada.
- No
hay indicación de suspender la lactancia materna.
- Debe
determinarse anticuerpos anti-hepatitis C en el recién nacido
a los 15 meses. La determinación de RNA por PCR en 2 ocasiones
(entre los 2 y 6 meses) es una alternativa para el diagnóstico
más precoz de la infección en el recién nacido.
Conclusiones
La hepatitis
C es una enfermedad hepática crónica causada por un virus RNA capaz
de transmitirse por vía vertical al recién nacido en aproximadamente
el 5% de las embarazadas infectadas. Esta infección no afecta en
forma significativa el curso del embarazo ni el pronóstico del recién
nacido. No hay tratamiento antiviral específico durante el embarazo.
No hay evidencias de que la vía del parto o la ausencia de lactancia
disminuyan este riesgo. El pronóstico del recién nacido infectado
es favorable.
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Creado:
02 Septiembre de 2004
Ultima revisión:
16 April 2005
Fuente
Hepatitis.cl en www.hepatitis.cl
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