Rehabilitación
Después de un
Accidente Vascular Cerebral (AVC)
En los Estados
Unidos más de 700.000 personas sufren un ataque cerebrovascular1
cada año, y aproximadamente los dos tercios de estas personas
sobreviven y requieren rehabilitación. Los objetivos de la
rehabilitación son ayudar a los sobrevivientes a ser lo más
independiente posible y a lograr la mejor calidad de vida posible.
Aún cuando la rehabilitación no "cura" la
apoplejía ya que no revierte el daño cerebral, la
rehabilitación puede ayudar sustancialmente a las personas
a lograr los mejores resultados posibles a largo plazo.
¿Qué
es la rehabilitación después de una apoplejía?
La rehabilitación ayuda a que los sobrevivientes de un accidente
cerebrovascular aprendan de nuevo las habilidades que pierden cuando
se daña parte del cerebro. Por ejemplo, estas habilidades
pueden incluir la coordinación de los movimientos de las
piernas para poder caminar o ejecutar los pasos involucrados en
cualquier actividad compleja. La rehabilitación también
le enseña a los sobrevivientes nuevas maneras de realizar
tareas para circunvalar o compensar cualquier discapacidad residual.
Puede ser que los pacientes necesiten aprender a bañarse
y vestirse usando una sola mano, o a comunicarse con eficacia cuando
su habilidad para usar el lenguaje ha sido afectada. Hay un fuerte
consenso entre los expertos en rehabilitación de que el elemento
más importante en cualquier programa de rehabilitación
es la práctica repetitiva cuidadosamente dirigida y bien
enfocada, la misma clase de práctica repetitiva que toda
persona realiza cuando aprende una nueva destreza como tocar el
piano o lanzar una pelota de béisbol.
La terapia de
rehabilitación comienza en la sección de cuidados
intensivos del hospital después de que se haya estabilizado
la condición médica del paciente, a menudo entre 24
a 48 horas después del ataque cerebrovascular. Los primeros
pasos comprenden promover el movimiento independiente ya que muchos
pacientes están paralizados o seriamente debilitados. A los
pacientes se les instruye para que cambien de posición frecuentemente
mientras que estén acostados en la cama y que participen
pasiva o activamente en ejercicios de alcance para aumentar su movilidad
y fortalecer sus extremidades lesionadas por la apoplejía.
(Los ejercicios pasivos de alcance para aumentar la movilidad son
aquellos en los que el terapeuta ayuda físicamente al paciente
a mover una extremidad repetidamente, mientras que los ejercicios
"activos" son realizados por el paciente sin la ayuda
física del terapeuta.) Los pacientes van progresando de sentarse
solos, y cambiarse de la cama a una silla, a pararse, sosteniendo
su propio peso y a caminar, con o sin asistencia.
Las enfermeras
y los terapeutas de rehabilitación ayudan a los pacientes
a realizar tareas progresivamente más complejas y exigentes,
como bañarse, vestirse, y utilizar el inodoro, y les animan
a que comiencen a utilizar sus extremidades deterioradas por la
apoplejía para realizar estas tareas. La primera etapa en
el retorno a una independencia funcional del sobreviviente de un
ataque cerebrovascular constituye en comenzar a readquirir la capacidad
de realizar estas actividades básicas de la vida diaria.
¿Qué
discapacidades puede ocasionar una apoplejía?
Los tipos y grados de discapacidad que resultan de una apoplejía
dependen del área del cerebro que ha sido dañada.
Generalmente, una apoplejía puede causar cinco tipos de discapacidades:
parálisis o dificultad para controlar el movimiento, perturbaciones
sensoriales incluyendo dolor, problemas para usar o comprender el
idioma, problemas con el pensamiento y la memoria, y perturbaciones
emocionales.
Parálisis
o problemas para controlar el movimiento (control motriz)
La parálisis
es una de las discapacidades más comunes que resulta de una
apoplejía. Generalmente la parálisis es solamente
en el lado del cuerpo opuesto al lado del cerebro dañado
por la apoplejía, y puede afectar la cara, un brazo, una
pierna, o un lado entero del cuerpo. Esta parálisis de un
solo lado se llama hemiplejía (la debilidad de un solo lado
se llama hemiparesia). Los pacientes de una apoplejía con
hemiparesia o hemiplejía pueden tener dificultad para realizar
las actividades diarias como caminar o agarrar objetos. Algunos
pacientes que sufrieron una apoplejía tienen problemas para
tragar, lo que se llama disfagia, debido al daño a la parte
del cerebro que controla los músculos para tragar. Un daño
a la parte inferior del cerebro llamado cerebelo puede afectar la
habilidad del cuerpo para coordinar el movimiento, es decir, una
discapacidad llamada ataxia, que conduce a problemas con la postura
corporal, el caminar y el equilibrio.
Perturbaciones
sensoriales incluyendo el dolor
Los pacientes
que han sufrido un ataque cerebrovascular pueden perder su habilidad
de sentir cuando los tocan, o de sentir el dolor, la temperatura,
o la posición. La falta de sensibilidad también puede
entorpecer la habilidad de los pacientes de reconocer los objetos
que sostienen y puede ser tan severa que hace que el paciente no
reconozca su propia extremidad. Algunos pacientes sienten dolor,
entumecimiento o sensaciones raras de hormigueo o picazón
en las extremidades paralizadas o debilitadas, lo que se conoce
como parestesia.
Los sobrevivientes
de una apoplejía a menudo tienen una variedad de síndromes
de dolor crónico que resultan del daño inducido por
el ataque cerebrovascular al sistema nervioso (dolor neuropático).
Los pacientes que tienen un brazo seriamente debilitado o paralizado
a menudo sienten un dolor de moderado a severo que se extiende del
hombro hacia fuera. Más a menudo, el dolor resulta de la
inmovilidad de una articulación o coyuntura debida a la falta
de movimiento y a que los tendones y ligamentos alrededor de la
articulación se fijan en una sola posición. Comúnmente,
esto se llama una articulación "congelada"; el
movimiento "pasivo" de la articulación de la extremidad
paralizada es esencial para evitar la dolorosa "congelación"
y para permitir que el paciente se mueva con facilidad siempre y
cuando regrese la fuerza motriz voluntaria. En algunos pacientes
que han tenido un ataque cerebrovascular, las vías de sensación
del cerebro se dañan causando la transmisión de señales
falsas que resultan en sensaciones de dolor en la extremidad o en
el lado del cuerpo que tiene el déficit sensorial. El más
común de estos síndromes de dolor se llama el "síndrome
de dolor talámico", que puede ser difícil de
tratar aún con medicamentos.
La pérdida
de contingencia urinaria es bastante común inmediatamente
después de una apoplejía y a menudo resulta de una
combinación del déficit sensorial y el motriz. Los
sobrevivientes de una apoplejía pueden perder su habilidad
para sentir la necesidad de orinar o para controlar los músculos
de la vejiga. A otros les puede faltar la movilidad para alcanzar
el inodoro a tiempo. También puede haber una pérdida
del control intestinal o contingencia fecal o el estreñimiento.
La incontinencia permanente después de una apoplejía
no es común. Sin embargo, aún la pérdida temporal
del control de la vejiga o del control intestinal puede ser emocionalmente
difícil para los sobrevivientes de un ataque cerebrovascular.
Problemas
en el uso y entendimiento del idioma (afasia)
Por lo menos
un cuarto de todos los sobrevivientes de un ataque cerebrovascular
sufren de algún deterioro en el lenguaje que involucra la
habilidad para hablar, escribir y comprender el idioma hablado y
escrito. Un daño inducido por un ataque cerebrovascular a
cualquiera de los centros de control del lenguaje del cerebro puede
deteriorar severamente la comunicación verbal. Un daño
al centro del lenguaje localizado en el lado dominante del cerebro,
conocido como el área de Broca, causa la afasia expresiva.
Las personas con este tipo de afasia tienen dificultad para expresar
su pensamiento a través de las palabras o por escrito. Pierden
la habilidad para decir las palabras que están pensando y
para unir palabras en oraciones coherentes y gramaticalmente correctas.
En comparación, el daño a un centro del lenguaje localizado
en la parte trasera del cerebro, llamada el área de Wernicke,
resulta en una afasia receptiva. Las personas con este problema
tienen dificultad para comprender el idioma hablado o escrito y
a menudo tienen un habla incoherente. Aunque pueden formar oraciones
gramaticalmente correctas, a menudo su habla no tiene sentido. La
forma más severa de afasia, la afasia global, está
causada por un daño extensivo a varias áreas involucradas
en la función del lenguaje. Las personas con afasia global
pierden casi todas sus habilidades lingüísticas; no
pueden entender el idioma ni usarlo para expresar pensamientos.
Una forma menos severa de afasia, llamada afasia anómica
o amnésica, ocurre cuando solo hay un daño cerebral
mínimo; sus efectos a menudo son muy leves. Las personas
con afasia anómica simplemente pueden olvidarse selectivamente
de grupos interrelacionados de palabras, como los nombres de personas
o clases específicas de objetos.
Problemas
con el pensamiento y la memoria
La apoplejía
puede dañar partes del cerebro responsables por la memoria,
el aprendizaje, y el discernimiento. Los sobrevivientes de una apoplejía
pueden tener la concentración dramáticamente reducida
o pueden experimentar déficit en la memoria a corto plazo.
También pueden perder su habilidad para hacer planes, comprender
el significado de las cosas, aprender tareas nuevas, o involucrarse
en otras actividades mentales complejas. Dos déficit bastante
comunes que resultan de una apoplejía son la anosognosia,
una inhabilidad para aceptar la realidad de los deterioros físicos
que resultan de la apoplejía, y la negligencia unilateral,
es decir, la pérdida de la habilidad para responder a objetos
o estimulación sensorial en un lado del cuerpo, generalmente
el lado dañado por la apoplejía. Los sobrevivientes
de un ataque cerebrovascular que desarrollan apraxia pierden su
habilidad para planificar los pasos involucrados en una tarea compleja
y para llevar a cabo los pasos en la secuencia apropiada. Los sobrevivientes
de la apoplejía con apraxia también pueden tener problemas
para seguir una serie de instrucciones. Parece que la apraxia es
causada por una interrupción en las conexiones sutiles que
existen entre el pensamiento y la acción.
Perturbaciones
emocionales
Muchas personas
que sobreviven una apoplejía sienten miedo, ansiedad, frustración,
rabia, tristeza y una sensación de pesar por sus carencias
físicas y mentales. Estos sentimientos son una respuesta
natural al trauma psicológico de una apoplejía. Algunas
perturbaciones emocionales y cambios de personalidad son el resultado
de los efectos físicos del daño cerebral. La depresión
clínica, que es una sensación de desolación
que interrumpe la habilidad de la persona para funcionar, parece
ser el trastorno emocional que los sobrevivientes de una apoplejía
sienten más a menudo. Las señales de una depresión
clínica incluyen perturbaciones en el sueño, un cambio
radical en los patrones de alimentación que pueden conducir
a una pérdida o aumento repentino de peso, letargo, reclusión
social, irritabilidad, fatiga, auto-desprecio, y pensamientos suicidas.
La depresión después de la apoplejía se puede
tratar con medicamentos antidepresivos y terapia psicológica.
¿Qué
profesionales médicos se especializan en la rehabilitación
después de una apoplejía?
La rehabilitación después de una apoplejía
abarca médicos; enfermeras de rehabilitación; terapeutas
físicos, ocupacionales, de recreación, del habla y
del lenguaje, y vocacionales; y profesionales de la salud mental.
Médicos
Los médicos
tienen la responsabilidad primaria del manejo y coordinación
del cuidado a largo plazo de los sobrevivientes de una apoplejía,
incluyendo la recomendación de los programas de rehabilitación
que mejor convengan las necesidades de cada paciente. Los médicos
también son responsables del cuidado general de la salud
del sobreviviente de un ataque cerebrovascular y de aconsejarle
cómo prevenir un segundo ataque apopléjico, por ejemplo,
controlando la presión arterial alta o la diabetes y eliminando
factores de riesgo como el tabaquismo, el peso excesivo, una dieta
alta en colesterol, y un consumo elevado de alcohol.
Los neurólogos
generalmente dirigen los equipos de cuidado intensivo de ataques
cerebrovasculares y el cuidado de los pacientes mientras están
hospitalizados. A veces se mantienen a cargo de la rehabilitación
a largo plazo. Sin embargo, los médicos especializados en
otros campos a menudo asumen la responsabilidad después de
que la etapa aguda ha pasado, incluyendo los fisiatras, que se especializan
en la medicina física y la rehabilitación.
Enfermeras
de rehabilitación
Las enfermeras
especializadas en la rehabilitación ayudan a los sobrevivientes
a volver a aprender cómo realizar las actividades básicas
de la vida diaria. También educan a los sobrevivientes sobre
el cuidado regular de la salud, por ejemplo, cómo seguir
un horario de medicación, cómo cuidar su piel, cómo
moverse de la cama a una silla de ruedas, y cómo atender
las necesidades especiales de las personas con diabetes. Las enfermeras
de rehabilitación también trabajan con los sobrevivientes
para reducir los factores de riesgo que pueden causar una segunda
apoplejía, y proporcionan entrenamiento para los cuidadores.
Las enfermeras
están íntimamente involucradas en ayudar a los sobrevivientes
de un ataque cerebrovascular a manejar su cuidado personal, tales
cómo bañarse y controlar la incontinencia. La mayoría
de los sobrevivientes de una apoplejía recobran su habilidad
para mantener su continencia, a menudo con la ayuda de estrategias
que aprenden durante su rehabilitación. Estas estrategias
incluyen el fortalecimiento de los músculos pélvicos
a través de ejercicios especiales y el mantenimiento de un
itinerario estricto para ir al baño. Si el problema con la
incontinencia continúa, las enfermeras pueden enseñar
a los cuidadores de los pacientes cómo insertar y manejar
catéteres y a tomar medidas higiénicas especiales
para evitar que se desarrollen otros problemas de salud relacionados
con la incontinencia
Terapeutas
físicos
Los terapeutas
físicos se especializan en tratar discapacidades relacionadas
con problemas motores y sensoriales. Están entrenados en
todos los aspectos de la anatomía y fisiología asociados
a la función normal, con énfasis en el movimiento.
Pueden evaluar la fortaleza, resistencia, alcance de movimiento,
anormalidades en el andar, y déficit sensorial, para diseñar
programas individualizados de rehabilitación dirigidos para
que los pacientes puedan recuperar el control sobre las funciones
motoras.
Los terapeutas
físicos ayudan a los sobrevivientes a recuperar el uso de
las extremidades lesionadas por la apoplejía, les enseñan
estrategias de compensación para reducir el efecto de los
déficit restantes, y establecen programas de ejercicio para
ayudar a las personas a retener las habilidades que acaban de recuperar.
Las personas con discapacidades tienden a evitar el uso de sus extremidades
deterioradas, un comportamiento llamado no uso aprendido. No obstante,
el uso repetitivo de las extremidades deterioradas fomenta la plasticidad
del cerebro2 y ayuda a reducir las discapacidades.
Las estrategias
utilizadas por los terapeutas físicos para fomentar el uso
de las extremidades deterioradas incluyen estimulación sensorial
selectiva como golpear suavemente o acariciar, ejercicios activos
y pasivos de alcance de movimiento, y la restricción temporal
de las extremidades saludables mientras que se practican las tareas
motrices. Algunos terapeutas físicos pueden usar una tecnología
nueva, la neuroestimulación eléctrica transcutánea,
(TENS, por sus siglas en inglés) que fomenta la reorganización
cerebral y la recuperación de la función. La TENS
involucra el uso de una sonda pequeña que genera una corriente
eléctrica para estimular la actividad nerviosa en las extremidades
deterioradas por el ataque cerebrovascular.
En general,
la terapia física enfatiza la práctica de movimientos
aislados, alternando repetitivamente entre un tipo de movimiento
y otro, y practicando movimientos complejos que requieren gran cantidad
de coordinación y de equilibrio, como subir y bajar las gradas
o moverse con seguridad entre obstáculos. Las personas demasiado
débiles para soportar su propio peso pueden practicar los
movimientos repetitivos durante la hidroterapia (en la que el agua
proporciona estimulación sensorial al mismo tiempo que apoya
el peso del paciente) o mientras que están apoyadas por un
arnés. Una tendencia reciente en la terapia física
destaca la eficacia de realizar actividades con una meta, como juegos
para promover la coordinación. Los terapeutas físicos
a menudo emplean la estimulación sensorial selectiva para
promover el uso de las extremidades deterioradas y ayudar a los
sobrevivientes con negligencia unilateral a recuperar la sensibilidad
a los estímulos en el lado negligente del cuerpo.
Terapeutas
ocupacionales y de recreación
Al igual que
los terapeutas físicos, los terapeutas ocupacionales se preocupan
de mejorar las habilidades motoras. Ayudan a los sobrevivientes
a que reaprendan las habilidades motoras necesarias para realizar
actividades auto-dirigidas - ocupaciones o tareas - como la limpieza
del hogar, la jardinería, y artes y manualidades. Los terapeutas
pueden enseñarles a algunos sobrevivientes cómo adaptarse
a manejar y proporcionarles entrenamiento en la carretera. A menudo
les enseñan a las personas cómo dividir una actividad
compleja en sus componentes, practicar cada componente, y después
realizar la secuencia entera de acciones. Esta estrategia puede
mejorar la coordinación y puede ayudar a las personas con
apraxia a reaprender cómo realizar acciones planificadas.
Los terapeutas
ocupacionales también enseñan a las personas cómo
desarrollar estrategias compensatorias y cómo cambiar aquellos
elementos de su medio ambiente que limitan las actividades con un
propósito. Por ejemplo, las personas que tienen uso de una
sola mano pueden sustituir los botones en su ropa con cerraduras
de Velcro. Los terapeutas ocupacionales también ayudan a
los sobrevivientes de un ataque cerebrovascular a usar aparatos
de asistencia, como bastones, andadores, o sillas de ruedas. Finalmente,
muchos terapeutas ocupacionales enseñan a las personas cómo
hacer cambios en sus casas para aumentar la seguridad, remover barreras,
y facilitar el funcionamiento físico, por ejemplo, instalando
barras para agarrarse en los baños.
Los terapeutas
de recreación ayudan a las personas con una variedad de discapacidades
a desarrollar y usar su tiempo libre para mejorar su salud, independencia,
y la calidad de vida.
Patólogos
del habla y del lenguaje
Los patólogos
del habla y del lenguaje ayudan a los sobrevivientes con afasia
a reaprender a usar el lenguaje o a desarrollar medios alternativos
de comunicación. También les ayudan a mejorar su habilidad
para tragar.
Se han desarrollado
muchas técnicas terapéuticas especializadas para ayudar
a las personas con afasia. Algunas formas de terapia a corto plazo
pueden mejorar la comprensión rápidamente. Ejercicios
intensos como repetición de las palabras del terapeuta, práctica
en seguir instrucciones y ejercicios de lectura o escritura constituyen
la base de la rehabilitación del lenguaje. El entrenamiento
y la práctica de la conversación, así como
el desarrollo de recordatorios o indicaciones para ayudar a que
las personas se acuerden de palabras específicas, son algunas
veces beneficiosos. Los patólogos del habla y del lenguaje
también pueden ayudar a los sobrevivientes de una apoplejía
a desarrollar estrategias para circunvalar las discapacidades del
lenguaje. Estas estrategias pueden incluir el uso de tablas de símbolos
o del lenguaje de señas. Los avances recientes en la tecnología
informática han impulsado el desarrollo de nuevos tipos de
equipos para mejorar la comunicación.
Los patólogos
del habla y del lenguaje usan técnicas no-invasivas de imaginería
para estudiar los patrones del tragar del sobreviviente de una apoplejía
e identificar la fuente exacta de su impedimento. La dificultad
para tragar puede ser causada por diferentes razones, incluyendo
el reflejo de deglución o de tragar retrasado, la inhabilidad
de manipular la comida con la lengua o la inhabilidad de detectar
la comida que se queda acumulada en las mejillas después
de tragar. Cuando se ha determinado la causa, los patólogos
del habla y del lenguaje trabajan con el paciente para ingeniar
estrategias para sobreponerse o para minimizar el déficit.
A veces, sólo cambiando la posición del cuerpo y corrigiendo
la postura al comer se puede lograr una mejoría. Se puede
modificar la textura de los alimentos para hacer que sean más
fáciles de tragar, por ejemplo, se pueden espesar los líquidos
ligeros que a menudo hacen que una persona se atore. Cambiar los
hábitos de comer, por ejemplo, comiendo porciones más
pequeñas y masticando lentamente, también pueden ayudar
a aliviar la disfagia.
Terapeutas
vocacionales
Aproximadamente
un cuarto de todas las apoplejías ocurren entre las personas
de 45 a 65 años de edad. Para la mayoría de las personas
en esta edad, el regresar al trabajo es una de las principales preocupaciones.
Los terapeutas vocacionales realizan muchas de las mismas funciones
que los consejeros vocacionales regulares. Pueden ayudar a las personas
con discapacidades residuales a identificar sus fortalezas vocacionales
y desarrollar curriculum vitaes que destaquen esas fortalezas. También
pueden ayudar a identificar a posibles empleadores, a buscar trabajos
específicos, y proporcionar referencias a agencias de rehabilitación
vocacional para personas que han sufrido un ataque cerebrovascular.
Lo más
importante es que los terapeutas vocacionales educan a las personas
con discapacidades sobre sus derechos y las protecciones que tienen
de acuerdo con la Ley para Americanos con Discapacidades de 1990.
Esta Ley requiere que los empleadores realicen "acomodaciones
razonables" para los empleados discapacitados. Los terapeutas
vocacionales a menudo actúan como mediadores entre los empleadores
y los empleados para negociar la provisión de acomodaciones
razonables en el trabajo.
¿Dónde
puede obtener rehabilitación el paciente que ha sufrido un
ataque cerebrovascular?
La rehabilitación debe comenzar apenas el paciente del ataque
cerebrovascular se estabilice, a menudo de 24 a 48 horas después
de la apoplejía. Esta primera etapa de la rehabilitación
generalmente ocurre en el hospital de cuidados intensivos. Al momento
de ser dado de alta del hospital, el paciente y su familia, en coordinación
con los trabajadores sociales del hospital, deben localizar un lugar
apropiado para que viva el paciente. Muchos sobrevivientes de una
apoplejía regresan a su hogar, mientras que otros se mudan
a algún tipo de establecimiento médico.
Unidades
de rehabilitación para pacientes hospitalizados (inpatient)
Las unidades
para pacientes hospitalizados pueden ser independientes o pueden
ser parte de grandes complejos hospitalarios. Generalmente, los
pacientes permanecen en la instalación de 2 a 3 semanas,
y se involucran en un programa intensivo y coordinado de rehabilitación.
Tales programas a menudo comprenden por lo menos 3 horas diarias
de terapia activa, 5 ó 6 días a la semana. Las instalaciones
para pacientes hospitalizados ofrecen una serie completa de servicios
médicos, incluyendo la supervisión de un médico
las 24 horas al día, y acceso a un rango completo de terapeutas
especializados en la rehabilitación después de un
ataque cerebrovascular.
Unidades
para pacientes no hospitalizados (outpatient)
A menudo las
instalaciones para pacientes no hospitalizados son parte de un complejo
hospitalario más grande y proporcionan acceso a médicos
y a un amplio rango de terapeutas especializados en la rehabilitación
después de un ataque cerebrovascular. Los pacientes típicamente
pasan varias horas, a menudo 3 días por semana, en la instalación
participando en sesiones de terapia coordinada y regresan a sus
hogares en la noche. Las instalaciones integrales para pacientes
no hospitalizados frecuentemente ofrecen programas de tratamientos
tan intensivos cómo aquellos de los pacientes hospitalizados,
pero también pueden ofrecer regímenes menos exigentes,
dependiendo de la capacidad física del paciente.
Instalaciones
con enfermeras
Los servicios
de rehabilitación disponibles en las instalaciones con enfermeras
son más variables que aquellos en las unidades para pacientes
hospitalizados o para pacientes no hospitalizados. Las instalaciones
de enfermería altamente capacitadas generalmente ponen mayor
énfasis en la rehabilitación, mientras que los hogares
tradicionales enfatizan el cuidado residencial. Además, se
ofrecen menos horas de terapia en comparación a las que se
ofrecen en las unidades de rehabilitación para pacientes
hospitalizados y para pacientes no hospitalizados.
Programas
de rehabilitación en casa
La rehabilitación
en casa permite mayor flexibilidad de manera que los pacientes puedan
diseñar su propio programa de rehabilitación y seguir
un itinerario individual. Los sobrevivientes de un ataque cerebrovascular
pueden participar en un nivel de terapia intensivo varias horas
a la semana o seguir un régimen menos exigente. Estos arreglos
suelen ser los más convenientes para las personas que no
tienen transportación o que requieren tratamiento de un solo
tipo de terapeuta de rehabilitación. Los pacientes que dependen
del programa de Medicare para su rehabilitación deben cumplir
con los requisitos de Medicare de ser "confinado en casa"
o "homebound" para calificar para recibir estos servicios;
por ahora, la falta de transportación no constituye una razón
válida para recibir la terapia en casa. La mayor desventaja
de los programas de rehabilitación en casa es la falta de
equipo especializado. Sin embargo, realizar el tratamiento en casa
le otorga a las personas la ventaja de practicar las destrezas y
desarrollar estrategias de compensación dentro de su propio
ambiente.
¿Qué
investigaciones se están realizando?
El Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Apoplejía
(NINDS, por sus siglas en inglés), un componente de los Institutos
Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) del
gobierno federal, es el responsable máximo de patrocinar
las investigaciones sobre los trastornos del cerebro y del sistema
nervioso, incluyendo la fase aguda de la apoplejía y la restauración
de las funciones después de la apoplejía. El NINDS
también apoya la investigación sobre modos para mejorar
la reparación y regeneración del sistema nervioso
central. Los científicos financiados por el NINDS están
estudiando cómo el cerebro responde a la experiencia o se
adapta a la lesión a través de la reorganización
de sus funciones (plasticidad) usando tecnologías no-invasivas
de imaginería para hacer un mapeo de los patrones de actividad
biológica en el cerebro. Otros científicos financiados
por el NINDS están observando la reorganización del
cerebro después de un ataque cerebrovascular y determinando
si las técnicas específicas de rehabilitación,
como la terapia de movimiento inducido por la fuerza y la estimulación
magnética transcraneal, pueden estimular la plasticidad cerebral,
así mejorando la función motora y disminuyendo la
discapacidad. Otros científicos están experimentando
con la implantación de células troncales neurales,
para ver si estas células pueden reemplazar las células
que murieron como resultado de la apoplejía.
Fuente
Office of Communications and Public Liaison
National Institute of Neurological Disorders and Stroke
National Institutes of Health
Bethesda, MD 20892
http://www.ninds.nih.gov/health_and_medical/pubs/apoplejia_rehabilitacion.htm
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