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Control Farmacológico del Dolor en el Paciente con Cáncer

La terapia con fármacos es fundamental en el control del dolor del cáncer. Es eficaz, de riesgo relativamente bajo, barata y generalmente funciona rápidamente.

Aun dentro de la misma familia de fármacos analgésicos, se reconoce bien las variaciones individuales en efectos y en efectos secundarios. Los principios para la terapia farmacológica empiezan con la escala de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (Figura 3), una jerarquía de tres pasos para el control analgésico del dolor. Las recomendaciones de la OMS se basan en la disponibilidad de drogas en el mundo entero y no estrictamente en la farmacología. Se debe tratar de efectuar la sustitución de los fármacos dentro de una categoría antes de cambiar de terapia:

Acetaminofeno y los NSAID

Los fármacos antiinflamatorios no esteroides (NSAID por sus siglas en inglés) son eficaces para el alivio del dolor leve y tienen el efecto de hacer más moderada la dosis de opioides lo cual ayuda a reducir los efectos secundarios cuando se administran con opioides para dolor moderado a severo. El acetaminofeno esta incluido con la aspirina y otros NSAID porque tiene una potencia analgésica similar aunque le falta la actividad antiinflamatoria periférica. Los efectos secundarios pueden ocurrir en cualquier momento, y los pacientes que toman acetaminofeno o NSAID, especialmente pacientes de edad avanzada, deberán ser observados cuidadosamente.

Ya que tanto los NSAID como los otros fármacos (p. ej., warfarina, metotrexato, digoxina, ciclosporina, agentes orales antidiabéticos y fármacos de sulfonamida) se fijan en forma elevada a las proteínas, existe la posibilidad de que se altere la eficacia o la toxicidad cuando se administran simultáneamente.

Opioides

Los opioides, la clase principal de analgésicos que se utiliza en el control del dolor de moderado a severo, son eficaces, de fácil valoración y tienen una proporción favorable de beneficio contra riesgo.

Las consecuencias previsibles de la administración de opioides a largo plazo -- tolerancia y dependencia física -- se confunden frecuentemente con la dependencia psicológica (adicción), que se manifiesta como abuso de drogas. Este malentendido puede llevar a la prescripción, administración o preparación ineficaz de los opioides para el dolor del cáncer. El resultado es un tratamiento deficiente.

Los clínicos pueden estar renuentes a dar dosis elevadas de opioides a pacientes con enfermedad avanzada por temor a la depresión respiratoria. Muchos pacientes con dolor de cáncer desarrollan tolerancia a los opioides durante terapias a largo plazo usando opioides. Por lo tanto el temor del clínico de que se acorte la vida porque se incrementan las dosis de opioides es generalmente infundado. El deber ético del clínico de beneficiar al paciente aliviando el dolor apoya el que se incrementen las dosis, aun con el riesgo de los efectos secundarios.

Los opioides están clasificados como agonistas totales semejantes a la morfina, agonistas parciales, o mezcla de agonistas-antagonistas, dependiendo de los receptores específicos a los cuales se fijan y de su actividad en estos receptores. Los beneficios de usar opioides y los riesgos asociados con su uso varían entre los individuos. La siguiente información acerca de los opioides está basada en una discusión más detallada que se encuentra en la Guía.

AGONISTAS TOTALES, incluso la morfina, la hidromorfona, la codeína, la oxicodona, la hidrocodona, la metadona, el levorfanol y el fentanilo están clasificados como tales porque su eficacia con aumento de dosis no está limitada por un "tope". Los agonistas totales no revertirán o antagonizarán los efectos de otros agonistas totales administrados simultáneamente.

Ha habido un renacimiento de interés en el uso de metadona para manejar el dolor de los pacientes que padecen de cáncer. Los documentos publicados sobre este tema han tomado la forma de informes de casos,[1-7] encuestas sobre resultados, [8-12] y revisiones.[13,14] Se ha informado que la metadona subcutánea causa irritación del tejido en el lugar de la inyección. Se ha tenido éxito sin embargo usándola por vía oral, intravenosa y por supositorio.

La metadona es un agonista opioide sintético que se ha informado que tiene una serie de características únicas, entre las cuales figuran excelente absorción oral y rectal, ausencia de metabolitos activos conocidos, acción prolongada que permite su administración a intervalos más largos, y precio inferior al de otros opioides. Los informes públicos acerca de la experiencia clínica con la metadona ha realzado los siguientes punto de importancia:

1. La metadona utilizada para controlar el dolor crónico demuestra una potencia mucho mayor que la proporción de 1:1 ó de 1:2 de metadona a morfina que aparece por lo general en las tablas de equivalencia de los opioides. Los resultados de estudios clínicos sobre la metadona muestran que es de 10 a 15 veces más potente que la morfina. Este coeficiente varía según la dosis previa de opiode. [15]

2. Los pacientes que reciben altas dosis de opioides y tienen control inadecuado del dolor y toxicidad significativa relacionada con estos fármacos han logrado controlar bien el dolor con la rotación a la metadona.

3. La respuesta individual idiosincrásica a la metadona (debido a asuntos relacionados con la potencia, la acumulación y la eliminación del fármaco) ha producido recomendaciones de que se utilice este fármaco con extrema precaución.

Se ha propuesto un cauteloso método de rotación a la metadona durante un período de una semana.[8,10]

AGONISTAS-ANTAGONISTAS MIXTOS bloquean o son neutrales en un tipo de receptor opioide mientras activan un receptor opioide diferente. Los que son agonistas-antagonistas están contraindicados para usarse en pacientes que reciben un agonista opioide porque pueden precipitar un síndrome de supresión y aumentar el dolor. Los agonistas-antagonistas mixtos incluyen la pentazocina (Talwin), el tartrato de butorfanol (Stadol), la dezocina (Dalgan), y el clorhidrato de nalbufina (Nubain). Su eficacia analgésica está limitada por un efecto del tope relacionado con la dosis.

DOSIFICACION. La dosis apropiada es la cantidad de opioide que controla el dolor con los menos efectos secundarios. La necesidad de elevar las dosis de opioides con frecuencia refleja la progresión de la enfermedad y no la tolerancia nalgésica. Si la tolerancia analgésica ocurre, se puede superar aumentando la dosis o cambiando el agente por otro opioide agonista. En las tablas 4 y 5 aparecen las dosis iniciales equianalgésicas de opioides usados generalmente por adultos que pesan más y menos de 50 kg (110 libras), respectivamente. Los puntos que se deben considerar incluyen:

Se ha llegado a indicar, que en vez del método de rotación de opioides, una forma menos complicada de abordar el problema sería reevaluar la situación clínica y usar analgésicos adyuvantes, reducir la dosis de opioides si es posible, controlar medicalmente los efectos secundarios asociados con los opioides y corregir cualquier anormalidad metabólica contributiva.[26-27] De todas formas, sí parece estar surgiendo un consenso de que la rotación de opioides puede jugar un papel cuando el control del dolor sigue siendo inadecuado con dosis crecientes escalonadas de opioides, y estos fármacos producen efectos secundarios inaceptables.[26-28]

La morfina, que es el metabolito opioide de preferencia para controlar el dolor causado por el cáncer, se usó cada vez más en los decenios de los 70 y los 80.[29] esta experiencia creciente se asocia con la observación clínica de que también había un riesgo de acumular metabolitos de morfina particularmente en casos en los que existe deterioro renal. Se ha reconocido que la morfina-6- glucuronida, un metabolito analgésico juega un papel útil para realzar la analgesia. Pero ha habido varios informes de convulsiones, deterioro cognoscitivo, nauseas, y problemas de mioclono que se asociaron con la acumulación de la morfina-6-glucuronida.[29-36]

Se ha rendido informes sobre la posible función de los metabolitos de morfina, en particular la proporción 3-glucuronida a 6-glucuronida, en el desarrollo de la intoxicación relacionada con los opioides. La literatura sobre este asunto ha suscitado polémica. Ciertamente no hay desacuerdo en que el efecto, los metabolitos de morfina aumentaron en la presencia del deterioro de la función renal. Sin embargo, ha habido pruebas conflictivas respecto a la función y la proporción de los metabolitos en pacientes que tienen una reacción precaria a las dosis crecientes de morfina y a la mala intoxicación que con ellas se asocia.[37- 41]

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