Epilepsia
Pocas
experiencias se comparan con el drama de una crisis convulsiva.
Una persona que está sufriendo una convulsión puede
gritar, caerse al suelo inconsciente, sacudirse o moverse en forma
incontrolable, babear y hasta perder el control de la vejiga. A
los pocos minutos, el ataque ha pasado y la persona recupera el
conocimiento, pero se siente agotada y aturdida. Esta es la imagen
que muchas personas evocan cuando escuchan la palabra epilepsia.
Sin embargo, este tipo de crisis, que es la convulsión
tónico-clónica generalizada, es solo un tipo
de epilepsia. Hay muchos otros tipos de epilepsia, cada uno acompañado
de un conjunto diferente de síntomas.
La
epilepsia fue uno de los primeros trastornos del cerebro en ser
descritos. Ya era mencionada en la antigua Babilonia hace más
de 3.000 años atrás. El extraño comportamiento
causado por algunos tipos de convulsiones ha generado a través
de la historia muchas supersticiones y prejuicios. La palabra epilepsia
se deriva del término griego que quiere decir "ataque". La
gente alguna vez llegó a pensar que aquellas personas con
epilepsia estaban siendo visitadas por demonios o dioses. Sin embargo,
en el año 400 a.C., Hipócrates, un médico de
la época antigua, indicó que la epilepsia era un trastorno
del cerebro y, ahora sabemos, que él estaba en lo correcto.
¿Qué
es la epilepsia?
La
epilepsia es un trastorno del cerebro en el cual grupos de células
nerviosas o neuronas en el cerebro, transmiten a veces las señales
en una forma anormal. Las neuronas normalmente generan impulsos
electroquímicos que actúan sobre otras neuronas, glándulas
y músculos para producir pensamientos, sentimientos humanos
y acciones. La epilepsia perturba el patrón normal de la
actividad neuronal y esto causa sensaciones, emociones y comportamientos
extraños o, a veces, crisis epilépticas,
espasmos musculares y pérdida del conocimiento. Durante una
crisis epiléptica, las neuronas pueden emitir señales
hasta 500 veces por segundo, lo cual es mucho más rápido
que la tasa normal, que es de aproximadamente 80 veces por segundo.
En ciertas personas, esto solo ocurre ocasionalmente, pero en otras,
puede ocurrir hasta cientos de veces en un día.
Más
de 2 millones de personas en los Estados Unidos (cerca de 1 en 100)
han experimentado una convulsión no provocada o han sido
diagnosticadas con epilepsia. Las convulsiones se pueden controlar
con medicinas y técnicas quirúrgicas modernas en cerca
del 80 por ciento de aquellas personas diagnosticadas con epilepsia.
Sin embargo, aproximadamente un 20 por ciento de personas con epilepsia
seguirán teniendo convulsiones, a pesar de contar con el
mejor tratamiento disponible. Los médicos llaman a esta situación
epilepsia resistente al tratamiento. Tener una convulsión
no quiere decir necesariamente que la persona tiene epilepsia. Solamente
cuando una persona ha tenido dos o más convulsiones es que
se considera que tiene epilepsia.
La
epilepsia no es contagiosa y no es causada por enfermedad mental
o retardo mental. Algunas personas con retardo mental pueden experimentar
convulsiones, pero las convulsiones no significan necesariamente
que la persona ha sufrido o va a sufrir un deterioro mental. Muchas
personas con epilepsia tienen inteligencia normal o por encima de
lo normal. Entre las personas famosas que se sabe o que se ha rumorado
tenían epilepsia se encuentran el escritor ruso Dostoievski,
el filósofo Sócrates, el general de ejército
Napoleón y el inventor de la dinamita, Alfred Nobel, quien
estableció la existencia del Premio Nobel. Muchos medallistas
olímpicos y otros atletas también han tenido epilepsia.
Las crisis epilépticas causan a veces daño cerebral,
especialmente si son graves. Sin embargo, la mayoría de ellas
no parecen tener un efecto perjudicial sobre el cerebro. Los cambios
que se pueden presentar son generalmente imperceptibles y, a veces,
no está claro, si esos cambios son debidos a las crisis mismas
o al problema subyacente que las causó.
Aunque
la epilepsia no tiene cura en la actualidad, la enfermedad finalmente
desaparece en algunas personas. Un estudio descubrió que
niños con epilepsia idiopática o epilepsia
de causa desconocida, tenían entre un 68 y un 92 por ciento
de posibilidades de no sufrir convulsiones 20 años después
de haber sido diagnosticados. Las probabilidades de quedar libre
de crisis epilépticas no son tan buenas para los adultos
o para los niños con síndromes epilépticos
graves, pero, no obstante, es posible que las crisis epilépticas
puedan disminuir o hasta detenerse con el tiempo. Esto es más
probable que ocurra si la epilepsia ha sido bien controlada con
medicamentos o si la persona ha tenido cirugía para tratar
la epilepsia.
¿Qué
causa la epilepsia?
La
epilepsia es un trastorno que puede tener muchas causas posibles.
Cualquier cosa que perturbe el patrón normal de la actividad
de las neuronas, (desde una enfermedad, un daño cerebral,
hasta el desarrollo anormal del cerebro) puede causar crisis epilépticas.
La
epilepsia se puede producir debido a una anormalidad en el cableado
del cerebro, un desequilibrio de las sustancias químicas
que transmiten las señales nerviosas llamadas neurotransmisores
o alguna combinación de estos factores. Los investigadores
creen que algunas personas con epilepsia tienen niveles anormalmente
altos de neurotransmisores excitadores que aumentan la
actividad neuronal, mientras que otras tienen niveles anormalmente
bajos de neurotransmisores inhibidores que disminuyen la
actividad neuronal en el cerebro. Cualquiera de estas situaciones
puede provocar demasiada actividad neuronal y causar epilepsia.
Uno de los neurotransmisores más estudiados que juega un
papel en la epilepsia es el GABA, o ácido gammaaminobutírico,
el cual es un neurotransmisor inhibidor. Las investigaciones sobre
el GABA han conducido a la producción de medicamentos que
alteran las cantidades presentes de este neurotransmisor en el cerebro
o que cambian la forma en que el cerebro responde a éste.
Los investigadores también están estudiando neurotransmisores
excitadores como el glutamato.
En
ciertos casos, los intentos del cerebro por repararse a sí
mismo después de una lesión en la cabeza, un accidente
cerebrovascular u otro tipo de problema pueden generar inadvertidamente
conexiones nerviosas anormales que pueden llevar a la epilepsia.
Las anormalidades en el cableado del cerebro que ocurren durante
el desarrollo del cerebro también pueden perturbar la actividad
neuronal y causar epilepsia.
Las
investigaciones han mostrado que la membrana celular que rodea cada
neurona juega un papel importante en la epilepsia. Las membranas
celulares son vitales para que una neurona pueda generar los impulsos
eléctricos. Por esta razón, los investigadores están
estudiando los detalles de la estructura de las membranas, la forma
en que las moléculas entran y salen de las membranas y cómo
la célula nutre y repara las membranas. La perturbación
de cualquiera de estos procesos puede causar epilepsia. Estudios
realizados en animales han mostrado que debido a que el cerebro
se adapta continuamente a cambios en los estímulos, un pequeño
cambio en la actividad neuronal, si es repetitivo, puede finalmente
causar del todo la epilepsia. Los investigadores están estudiando
si este fenómeno, llamado activación propagada
(kindling en inglés), también puede ocurrir en
los seres humanos.
En
ciertos casos, la epilepsia puede deberse a cambios en las células
no neuronales del cerebro, llamadas glías. Estas células
regulan las concentraciones de sustancias químicas en el
cerebro que pueden afectar las actividades de señalización
entre las neuronas.
Aproximadamente
la mitad de todas las crisis epilépticas no tienen causa
conocida. No obstante, en otros casos, las convulsiones están
relacionadas claramente con infecciones, traumas u otros problemas
identificables.
Factores
genéticos
Las
investigaciones indican que las anormalidades genéticas pueden
constituir algunos de los factores más importantes que contribuyen
al desarrollo de la epilepsia. Algunos tipos de epilepsia han sido
relacionados con la anormalidad en un gen específico. Muchos
otros tipos de epilepsia tienden a venir de familia, lo cual indica
que los genes influyen en el desarrollo de la epilepsia. Algunos
investigadores estiman que más 500 genes podrían tener
una participación en este trastorno. Sin embargo, cada vez
es más claro que, en el caso de muchas formas de epilepsia,
las anormalidades genéticas juegan solo un papel parcial,
tal vez al aumentar la predisposición de la persona a tener
convulsiones desencadenadas por factores ambientales.
Varios
tipos de epilepsia han sido ahora relacionados con genes defectuosos
en los canales iónicos, los cuales son las "puertas" que
controlan el flujo de iones que entran y salen de las células
y regulan la actividad de señalización entre las neuronas.
Otro
gen, el cual está ausente en personas con epilepsia mioclónica
progresiva, codifica una proteína llamada cistatina
B. Esta proteína regula las enzimas que descomponen otras
proteínas. Otro gen, el cual se encuentra alterado en otra
forma grave de epilepsia llamada enfermedad de Lafora,
ha sido relacionado con el gen que ayuda en la descomposición
de los carbohidratos.
Aunque
los genes anormales a veces causan epilepsia, también pueden
influenciar el trastorno en formas más sutiles. Por ejemplo,
un estudio mostró que muchas personas con epilepsia tienen
una versión anormalmente activa de un gen que aumenta la
resistencia a los medicamentos. Esto puede ayudar a explicar por
qué muchos medicamentos anticonvulsivantes no funcionan en
algunas personas. Los genes también pueden controlar otros
aspectos de la respuesta del cuerpo a los medicamentos y la predisposición
que tiene cada persona a sufrir convulsiones o lo que se conoce
como umbral de convulsión. Las anormalidades
en los genes que controlan la migración neuronal, un paso
crítico en el desarrollo del cerebro, pueden producir áreas
en el cerebro donde hay neuronas desplazadas o de desarrollo anormal
llamadas displasia, las cuales pueden causar epilepsia.
En ciertos casos, los genes pueden ayudar al desarrollo de la epilepsia
aún en personas que no tienen antecedentes familiares de
este trastorno. Estas personas pueden tener una anormalidad recién
creada o la mutación de un gen relacionado con la
epilepsia.
Otros
trastornos
En
muchos casos, la epilepsia ocurre como el resultado de un daño
cerebral causado por otros trastornos. Por ejemplo, los tumores
cerebrales, el alcoholismo y la enfermedad de Alzheimer causan con
frecuencia epilepsia debido a que alteran el funcionamiento normal
del cerebro. En ciertos casos, los accidentes cerebrovasculares,
los ataques cardíacos y otras condiciones médicas
que privan de oxígeno al cerebro también pueden causar
epilepsia. Aproximadamente un 32 por ciento de todos los casos de
epilepsia recién aparecida en personas ancianas, parece deberse
a la enfermedad cerebrovascular, la cual reduce el suministro de
oxígeno a las células del cerebro. La meningitis,
el SIDA, la encefalitis viral y otras enfermedades infecciosas pueden
causar epilepsia, así como la hidrocefalia, una condición
en la cual se acumula un exceso de líquido en el cerebro.
La epilepsia también puede originarse en la intolerancia
al gluten en trigo (también conocida como enfermedad
celíaca) o debido a una infección parasitaria
del cerebro llamada neurocisticercosis. Las crisis epilépticas
pueden dejar de ocurrir una vez estos trastornos hayan sido tratados
eficazmente. Sin embargo, las probabilidades de no tener más
crisis después de que se haya atendido el trastorno primario
son inciertas y varían según el tipo de trastorno,
la región del cerebro afectado y la magnitud del daño
cerebral ocurrido antes de que se iniciara el tratamiento.
La
epilepsia está asociada con una variedad de trastornos metabólicos
y del desarrollo, entre los que se incluyen parálisis cerebral,
neurofibromatosis, dependencia del piruvato, esclerosis tuberosa,
síndrome de Landau-Kleffner y autismo. La epilepsia es solo
uno entre un grupo de síntomas que se presentan comúnmente
en las personas que tienen estos trastornos.
Lesiones
de la cabeza
En
algunos casos, las lesiones de la cabeza pueden conducir a convulsiones
o epilepsia. Las medidas de seguridad como ponerse el cinturón
de seguridad en el automóvil y utilizar cascos cuando se
monte en motocicleta o se practiquen deportes competitivos puede
proteger a la gente de la epilepsia y de otros problemas causados
por las lesiones de la cabeza.
Lesiones
prenatales y problemas del desarrollo
El
cerebro en desarrollo es vulnerable a muchos tipos de lesiones.
Las infecciones maternas, una pobre nutrición y la carencia
de oxígeno son solo algunas de las condiciones que pueden
afectar el cerebro de un bebé en desarrollo. Estas afecciones
pueden causar parálisis cerebral, la cual a menudo está
asociada con la epilepsia, o pueden causar epilepsia que no está
relacionada con ningún otro trastorno. Cerca del 20 por ciento
de las crisis epilépticas en los niños se debe a parálisis
cerebral o a otras anormalidades neurológicas. Las anormalidades
en los genes que controlan el desarrollo también pueden contribuir
a la aparición de la epilepsia. Las técnicas avanzadas
de formación de imágenes del cerebro han revelado
que algunos casos de epilepsia que ocurren sin causa aparente, pueden
estar asociados con áreas de displasia en el cerebro que
probablemente se produjeron antes del nacimiento.
Intoxicaciones
Las
convulsiones pueden ser el resultado de la exposición al
plomo, al monóxido de carbono y a muchos otros venenos. También
pueden deberse a la exposición a los estupefacientes de venta
callejera y a las sobredosis de antidepresivos y de otros medicamentos.
A
menudo, las convulsiones son desencadenadas por factores como la
falta de sueño, el consumo de alcohol, el estrés y
los cambios hormonales asociados con el ciclo menstrual. Estos desencadenantes
de las crisis no causan epilepsia, pero pueden provocar una
crisis por primera vez o causar crisis significativas en personas
que, de otra forma, controlan bien las crisis con sus medicamentos.
La privación del sueño, en particular, es un desencadenante
universal y poderoso de las crisis epilépticas. Por esta
razón, las personas con epilepsia deberían asegurarse
de dormir lo suficiente y tratar, en la medida de lo posible, de
seguir una rutina para dormir. En el caso de ciertas personas, los
destellos de luz a ciertas velocidades o el destello de una pantalla
de computador puede desencadenar una crisis epiléptica; a
este problema se le llama epilepsia fotosensible. Fumar
cigarrillo también puede desencadenar una crisis epiléptica.
La nicotina presente en los cigarrillos actúa sobre los receptores
del neurotransmisor excitador, acetilcolina, en el cerebro, lo cual
aumenta la frecuencia de los impulsos neuronales. Las crisis epilépticas
no son desencadenadas por la actividad sexual, excepto en casos
muy raros.
¿Cuáles
son los diferentes tipos de crisis epilépticas?
Los
médicos han descrito más de 30 tipos de crisis epilépticas.
Estas se dividen en dos categorías principales: crisis
focales y crisis generalizadas. No obstante, dentro
de cada una de estas categorías hay muchos tipos de crisis.
Crisis
focales
Las
crisis focales, también llamadas crisis parciales, ocurren
en solo una parte del cerebro. Aproximadamente el 60 por ciento
de personas con epilepsia tienen crisis focales. Estas crisis se
describen frecuentemente según el área del cerebro
donde se originan. Por ejemplo, alguien podría ser diagnosticado
con crisis focales del lóbulo frontal.
Durante
una crisis focal simple, la persona sigue estando consciente
pero experimenta sentimientos o sensaciones inusuales que pueden
expresarse de diferentes formas. La persona puede experimentar sentimientos
súbitos e inexplicables de alegría, ira, tristeza
o náuseas. También puede escuchar, oler, saborear,
ver o sentir cosas que no son reales.
Durante
una crisis focal compleja, la persona sufre un cambio en
su nivel de conciencia o pérdida del conocimiento. Su estado
de conciencia puede alterarse y producir una experiencia de ensueño.
Las personas que tienen convulsiones focales complejas pueden mostrar
comportamientos repetitivos y extraños como parpadeos, tics,
movimientos de la boca o hasta caminar en círculos. Estos
movimientos repetitivos son llamados automatismos. También
pueden realizar acciones más complicadas que pueden parecer
ser hechas a propósito, pero que también pueden ser
involuntarias. Los pacientes también pueden seguir realizando
las actividades que habían iniciado antes de la crisis, como
lavar los platos, en una forma repetitiva pero improductiva. Estas
crisis duran, generalmente, solo unos cuantos segundos.
Algunas
de las personas que tienen crisis focales, especialmente crisis
focales complejas, pueden sentir auras: sensaciones inusuales
que advierten de la ocurrencia inminente de una crisis. Estas auras
son realmente crisis focales simples en las cuales la persona mantiene
el estado de conciencia. Los síntomas de cada persona y la
progresión de los mismos tienden a ser una situación
estereotipada, es decir, se repiten en forma similar.
Los
síntomas de las crisis focales pueden ser fácilmente
confundidos con otros trastornos. Por ejemplo, las percepciones
de ensueño asociadas con la ocurrencia de las crisis focales
complejas pueden ser diagnosticadas erróneamente como cefaleas
migrañosas, las cuales también causan un estado de
ensueño. El comportamiento extraño y las sensaciones
causadas por las crisis focales también pueden ser confundidas
por síntomas de narcolepsia, desvanecimiento o hasta de enfermedad
mental. Para poder notar la diferencia entre la epilepsia y otros
trastornos, se puede necesitar hacer muchas pruebas y la vigilancia
cuidadosa de un médico con experiencia.
Crisis
generalizadas
Las
crisis generalizadas son causadas por la actividad neuronal anormal
en ambos lados del cerebro. Estas crisis pueden causar pérdida
del conocimiento, caídas o espasmos musculares masivos.
Existen
muchos tipos de crisis generalizadas. Durante una crisis de
ausencia, la persona puede parecer que tiene la vista fija
en el espacio y puede tener algún espasmo o sacudida brusca
de los músculos. A estas crisis se les llama, a veces, crisis
de pequeño mal, un término que es anticuado.
Las crisis tónicas causan la rigidez de los músculos
del cuerpo, generalmente aquellos de la espalda, piernas y brazos.
Las crisis clónicas causan movimientos bruscos repetidos
de los músculos de ambos lados del cuerpo. Las crisis
mioclónicas causan movimientos bruscos o sacudidas,
especialmente en la parte superior del cuerpo, brazos o piernas.
Las crisis atónicas causan pérdida del tono
muscular normal. La persona afectada sufrirá una caída
o puede dejar caer la cabeza en forma involuntaria. Las crisis
tónico-clónicas o convulsiones, causan una mezcla
de síntomas, entre los que se incluyen, rigidez del cuerpo
y movimientos bruscos repetidos de brazos y piernas, así
como pérdida del conocimiento. A las convulsiones tónico-clónicas
se les llama, a veces, crisis de gran mal, un término
anticuado.
A
todas las crisis no se las puede definir fácilmente como
focales o generalizadas. Algunas personas tienen convulsiones que
se inician como crisis focales, pero que luego se propagan a todo
el cerebro. Otras personas pueden tener ambos tipos de crisis sin
que haya un patrón aparente.
La
falta de comprensión de la sociedad acerca de los numerosos
tipos diferentes de epilepsia que existen, constituye uno de los
problemas más grandes que enfrentan las personas con epilepsia.
Las personas que presencian una crisis no convulsiva les queda difícil,
a menudo, entender que el comportamiento que parece deliberado no
está bajo el control de la persona. En ciertos casos, esto
ha causado que la persona afectada sea arrestada o internada en
un hospital psiquiátrico. Para enfrentar estos problemas,
la gente en todas partes necesita entender los diferentes tipos
de epilepsia que existen y cómo pueden presentarse.
¿Cuáles
son los diferentes tipos de epilepsia?
Así
como hay muchos tipos diferentes de crisis, también existen
muchos tipos diferentes de epilepsia. Los médicos han identificado
cientos de síndromes epilépticos diferentes,
los cuales son trastornos caracterizados por un conjunto de síntomas
específicos, entre los que se incluye la epilepsia. Algunos
de estos síndromes parecen ser hereditarios. En el caso de
otros síndromes, su causa es desconocida. Los síndromes
epilépticos son descritos frecuentemente según sus
síntomas o de acuerdo con el lugar en el cerebro donde se
originan. La persona debería hablar con el médico
sobre las implicaciones del tipo de epilepsia que tiene, para entender
la gama completa de síntomas, los tratamientos posibles y
el pronóstico de la misma.
Las
personas que sufren de ausencia epiléptica tienen
crisis de ausencia repetidas que causan pérdidas momentáneas
de la conciencia. Estas crisis casi siempre se inician en la infancia
o en la adolescencia y tienden a venir de familia, lo que indica
que pueden deberse, al menos parcialmente, a la presencia de un
gen o genes defectuosos. Algunas personas que sufren crisis de ausencia
realizan movimientos sin sentido, como movimientos bruscos de un
brazo o parpadeo rápido de los ojos. Otras no muestran síntomas
evidentes, excepto por los momentos breves en los cuales están
"idas de la situación". Inmediatamente después de
pasar la crisis, la persona puede retomar lo que estaba haciendo.
Sin embargo, estas convulsiones pueden ocurrir tan frecuentemente
que la persona no se puede concentrar en la escuela o en otras situaciones.
La crisis de ausencia infantil generalmente se detiene cuando el
niño llega a la pubertad. Las crisis de ausencia no tienen
generalmente efectos duraderos sobre la inteligencia u otras funciones
del cerebro.
Epilepsia
del lóbulo temporal, o ELT, es el síndrome epiléptico
más común entre los que tienen crisis focales. Estas
convulsiones son, a menudo, asociadas a auras. La ELT se inicia
en la infancia. Las investigaciones han mostrado que las convulsiones
repetidas en el lóbulo temporal pueden causar que una estructura
del cerebro llamada hipocampo se encoja con el tiempo.
El hipocampo es importante para la memoria y el aprendizaje. Aunque
puede tomar años para que las convulsiones del lóbulo
temporal ocasionen un daño apreciable al hipocampo, este
hallazgo subraya la necesidad de tratar a la ELT en forma temprana
y tan eficazmente como sea posible.
La
epilepsia neocortical se caracteriza por crisis que se
originan en la corteza del cerebro o en su capa exterior. Las crisis
pueden ser tanto focales como generalizadas y pueden causar sensaciones
extrañas, alucinaciones visuales, cambios emocionales, espasmos
musculares, crisis convulsivas y una variedad de otros síntomas,
de acuerdo con el lugar donde se originen en el cerebro.
Hay
muchos otros tipos de epilepsia, cada uno con su propio conjunto
característico de síntomas. Muchos de estos tipos,
entre los que se incluyen el síndrome de Lennox-Gastaut
y la encefalitis de Rasmussen, se inician en la infancia.
Los niños con el síndrome de Lennox-Gastaut tienen
epilepsia grave que se manifiesta con diferentes tipos de crisis,
entre ellas, las crisis atónicas, las cuales causan caídas
súbitas y a las que también se les llama crisis
de caída. Esta forma grave de epilepsia puede ser muy
difícil de tratar eficazmente. La encefalitis de Rasmussen
es un tipo progresivo de epilepsia en el cual la mitad del cerebro
muestra inflamación constante. A veces, se trata con un procedimiento
quirúrgico radical llamado hemisferectomía (ver la
sección sobre Cirugía). Algunos síndromes
epilépticos de la infancia, como la ausencia epiléptica
infantil, tienden a entrar en remisión o a detenerse completamente
durante la adolescencia, mientras que otros síndromes como
la epilepsia mioclónica juvenil y el síndrome
de Lennox-Gastaut generalmente siguen de por vida,
después de que han aparecido. Sin embargo, los síndromes
epilépticos no siempre surgen en la infancia.
Los
síndromes epilépticos que son fácilmente tratables,
que no parecen afectar las funciones cognitivas o el desarrollo
y que generalmente se detienen espontáneamente, son descritos,
a menudo, como síndromes benignos. Entre los síndromes
epilépticos benignos se incluyen la encefalopatía
infantil benigna y las convulsiones neonatales benignas.
Otros síndromes, como la encefalopatía mioclónica
temprana, causan problemas neurológicos y del desarrollo.
Sin embargo, estos problemas pueden ser causados por procesos neurodegenerativos
subyacentes más que por las convulsiones. A los síndromes
epilépticos en los cuales las crisis y las capacidades cognitivas
de la persona empeoran con el tiempo se les llama epilepsia
progresiva.
Varios
tipos de epilepsia se inician en la infancia. El tipo de epilepsia
infantil más común son los espasmos infantiles,
una serie de convulsiones que generalmente se inician antes de los
6 meses de edad. Durante estas convulsiones el bebé puede
doblarse y llorar a gritos. A menudo, los medicamentos anticonvulsivantes
no funcionan para los espasmos infantiles, pero las convulsiones
pueden tratarse con la ACTH (hormona adrenocorticotropa)
o la prednisona.
¿Cuándo
una crisis no es epilepsia?
Aunque
toda crisis debe ser motivo de preocupación, sufrir una crisis
no necesariamente significa que la persona tiene epilepsia. Las
crisis que ocurren por primera vez, las convulsiones febriles, los
incidentes no epilépticos y la eclampsia son ejemplos de
crisis que pueden no estar asociadas a la epilepsia.
Crisis
que ocurren por primera vez
Muchas
personas tienen una única crisis, generalmente una convulsión,
en algún momento de sus vidas. A menudo, estas crisis ocurren
como reacción a la anestesia o a un medicamento fuerte, pero
también pueden presentarse sin ninguna provocación,
es decir, ocurren sin que haya habido un factor desencadenante evidente.
A menos que la persona haya sufrido daño cerebral o que tenga
antecedentes familiares de epilepsia o de otras anormalidades neurológicas,
estas convulsiones únicas no son seguidas generalmente por
crisis adicionales. Un estudio reciente, que hizo un seguimiento
a pacientes durante 8 años, encontró que solo el 33
por ciento de las personas tienen una segunda crisis dentro de los
4 años siguientes a la crisis inicial. Las personas que no
tuvieron una segunda crisis durante ese período de tiempo
estuvieron libres de convulsiones durante el resto del estudio.
En el caso de las personas que tuvieron una segunda crisis, el riesgo
de sufrir una tercera crisis fue, en promedio, de cerca del 73 por
ciento para el final de los 4 años.
Cuando
alguien ha sufrido una primera crisis, el médico generalmente
ordenará la realización de un electroencefalograma,
o EEG, para determinar qué tipo de crisis puede
haber tenido la persona y para ver si hay anormalidades detectables
en las ondas cerebrales de la persona. El médico también
puede ordenar la realización de escáneres cerebrales
para identificar las anormalidades que pueden ser visibles en el
cerebro. Estas pruebas pueden ayudarle al médico a decidir
si debe o no tratar a la persona con medicamentos antiepilépticos.
En ciertos casos, es posible que el tratamiento con medicamentos
después de la primera crisis ayude a prevenir la ocurrencia
de crisis en el futuro y la aparición de la epilepsia. Sin
embargo, los medicamentos también pueden tener efectos secundarios
perjudiciales, razón por la cual los médicos recetan
los medicamentos solo cuando creen que los beneficios pueden ser
mayores que los riesgos. La evidencia indica que puede ser beneficioso
iniciar la medicación anticonvulsivante después de
que la persona ha tenido una segunda crisis, debido a que la posibilidad
de que haya crisis en el futuro aumenta significativamente después
de que esto ocurre.
Crisis
febriles
A
veces, un niño tendrá una crisis durante el transcurso
de una enfermedad en la que hay fiebre alta. Estas crisis son llamadas
crisis febriles (febril se deriva de la palabra
"fiebre") y pueden alarmar mucho a los padres y a las otras personas
que cuidan a los niños. En el pasado, los médicos
recetaban generalmente un tratamiento con medicamentos anticonvulsivantes
después de una crisis febril, con la esperanza de evitar
la aparición de la epilepsia. Sin embargo, la mayoría
de los niños que tienen una crisis febril no contraen epilepsia
y el uso a largo plazo de los medicamentos anticonvulsivantes en
los niños puede dañar el cerebro en desarrollo o causar
otros efectos secundarios perjudiciales. Los expertos, que asistieron
una conferencia de consenso organizada por los Institutos Nacionales
de la Salud en 1980, concluyeron que generalmente no se justificaba
el tratamiento preventivo después de una crisis febril, a
menos que hubiera ciertas otras condiciones presentes: antecedentes
familiares de epilepsia, signos de deterioro del sistema nervioso
previos a la crisis o una crisis complicada o relativamente prolongada.
El riesgo de sufrir crisis posteriores que no sean causadas por
la fiebre es solamente de un 2 a 3 por ciento, a menos que esté
presente uno de los factores mencionados anteriormente.
Los
investigadores han ahora identificado varios genes diferentes que
influyen en el riesgo que tienen ciertas familias de sufrir convulsiones
febriles. El estudio de estos genes puede conducir a entender mejor
cómo ocurren las convulsiones febriles y, quizá, a
indicar la forma de prevenirlas.
Eventos
no epilépticos
A
veces, las personas parecen tener convulsiones, aunque sus cerebros
no registren la actividad de las mismas. Este tipo de fenómeno
tiene varios nombres, entre ellos, eventos no epilépticos
y pseudocrisis. Ambos términos quieren esencialmente
decir que es algo que se parece a una crisis, pero que no lo es.
A los eventos no epilépticos que tienen origen psicológico
se les conoce como crisis psicógenas. Las crisis
psicógenas pueden indicar dependencia, necesidad de atención,
acciones para evitar situaciones estresantes o condiciones psiquiátricas
específicas. Algunas personas con epilepsia tienen crisis
psicógenas además de sus crisis epilépticas.
Otras personas que tienen crisis psicógenas no tienen epilepsia.
Las crisis psicógenas no se pueden tratar de la misma forma
en que se tratan las crisis epilépticas. En lugar de esto,
son a menudo tratadas por especialistas de salud mental.
Otros
eventos no epilépticos pueden ser causados por la narcolepsia,
el síndrome de Tourette, la arritmia cardíaca y otras
condiciones médicas que presentan síntomas parecidos
a las crisis epilépticas. Debido a que los síntomas
de estos trastornos pueden parecerse mucho a las crisis epilépticas,
estos trastornos son, a menudo, confundidos con la epilepsia. La
distinción entre las crisis epilépticas verdaderas
y los eventos no epilépticos puede ser muy difícil
de hacer y por lo general requiere de una evaluación médica
completa, una vigilancia cuidadosa y la participación de
profesionales de la salud conocedores del tema. Es posible que el
diagnóstico de los eventos no epilépticos mejore en
el futuro, gracias a las mejoras alcanzadas en la tecnología
de exploración y vigilancia por imágenes del cerebro.
Eclampsia
La
eclampsia es una condición potencialmente mortal que puede
producirse en mujeres embarazadas. Entre sus síntomas se
incluyen elevaciones súbitas de la presión arterial
y convulsiones. Las mujeres embarazadas que sufran convulsiones
inesperadas deben ser llevadas de inmediato a un hospital. La eclampsia
puede ser tratada en el hospital y generalmente no causa convulsiones
adicionales, o epilepsia, una vez que haya terminado el embarazo
.
¿Cómo
se diagnostica la epilepsia?
Los
médicos han diseñado varias pruebas diferentes para
determinar si una persona tiene epilepsia y, si la tiene, para saber
qué tipo de epilepsia es. En ciertos casos, las personas
pueden tener síntomas que son muy parecidos a una crisis
pero que, en realidad, son eventos no epilépticos causados
por otros trastornos. Aún hasta los mismos médicos
pueden no darse cuenta de la diferencia entre estos trastornos y
la epilepsia, sino hasta que realizan una observación cuidadosa
y hacen pruebas intensivas.
Monitoreo
con encefalograma (EEG)
Un
EEG registra las ondas cerebrales que son detectadas por los electrodos
colocados en el cuero cabelludo. Esta es la prueba diagnóstica
más común utilizada para la epilepsia y puede detectar
anormalidades en la actividad eléctrica del cerebro. Las
personas con epilepsia tienen frecuentemente cambios en los patrones
normales de sus ondas cerebrales, aunque no estén experimentando
una convulsión. A pesar de que este tipo de prueba puede
ser muy útil para diagnosticar la epilepsia, no es infalible.
Algunas personas todavía siguen mostrando ondas cerebrales
normales aún después de haber tenido una crisis epiléptica.
En otros casos, las ondas cerebrales anormales se generan a un nivel
profundo en el cerebro donde el encefalograma no las puede detectar.
Muchas personas que no tienen epilepsia también muestran
cierta actividad cerebral inusual en el EEG. Siempre que sea posible,
se debe hacer un encefalograma dentro de las 24 horas posteriores
a la primera crisis del paciente. Idealmente, se debe hacer el encefalograma
tanto cuando el paciente está durmiendo como cuando está
despierto, debido a que la actividad cerebral durante el sueño
es muy diferente a la actividad registrada en otras ocasiones.
A
menudo, el monitoreo por video se utiliza en conjunto con el encefalograma
para determinar la naturaleza de las crisis de una persona. También
puede utilizarse, en ciertos casos, para descartar otros trastornos
que pueden parecerse a la epilepsia, como la arritmia cardíaca
o la narcolepsia.
Estudios
de Imágenes cerebrales
Uno
de los medios más importantes para diagnosticar la epilepsia
es el uso de los estudios de imágenes cerebrales. De estos
estudios los más comúnmente utilizados son la TC
(tomografía computadorizada), la TEP (tomografía
por emisión de positrones) y la RM (resonancia magnética).
La TC y la RM revelan la estructura del cerebro, lo cual puede ser
útil para identificar tumores cerebrales, quistes y otras
anormalidades estructurales. La TEP y una adaptación de la
RM, llamada RM funcional (resonancia magnética funcional),
pueden ser utilizadas para vigilar la actividad cerebral y detectar
anormalidades en su funcionamiento. La SPECT (tomografía
computadorizada por emisión de fotón único)
es un tipo relativamente nuevo de estudio de imagen cerebral que
se utiliza a veces para ubicar el lugar de origen de la convulsión
en el cerebro.
En
ciertos casos, los médicos pueden utilizar un tipo experimental
de estudio de imagen cerebral llamado magnetoencefalograma,
o MEG. El MEG detecta las señales magnéticas
emitidas por las neuronas, lo cual le permite a los médicos
vigilar la actividad cerebral en diferentes puntos del cerebro a
lo largo del tiempo, revelando, de esta forma, las diferentes funciones
cerebrales. A pesar de que el MEG es similar en concepto al EEG,
no necesita electrodos y puede detectar señales que se originan
más profundamente en el cerebro, a donde el EEG no puede
llegar. Los médicos también están experimentando
con un estudio de imagen cerebral llamado espectroscopia por
resonancia magnética (ERM) que puede detectar anormalidades
en los procesos bioquímicos del cerebro y con la espectroscopia
casi infrarroja, se puede detectar niveles de oxígeno
en el tejido cerebral.
Historial
médico
Reunir
un historial médico detallado, que incluya los síntomas
y la duración de las crisis, constituye todavía uno
de los mejores métodos disponibles para determinar si una
persona tiene epilepsia y qué tipo de epilepsia tiene. El
médico hará preguntas sobre las crisis y las enfermedades
u otros síntomas que la persona puede haber tenido en el
pasado. Debido a que las personas que han sufrido una crisis no
recuerdan a menudo lo que pasó, es importante contar para
esta evaluación con la descripción de la crisis hecha
por el encargado del cuidado de la persona.
Pruebas
de sangre
A
menudo, los médicos toman muestras de sangre para hacer pruebas,
especialmente cuando están examinando a niños. Estas
muestras de sangre son, con frecuencia, examinadas para detectar
trastornos metabólicos o genéticos que pueden estar
asociados a las convulsiones. También pueden ser utilizadas
para buscar problemas subyacentes, como infecciones, intoxicación
por plomo, anemia y diabetes que pueden estar causando o desencadenando
las convulsiones.
Pruebas
de comportamiento, neurológicas y del desarrollo
Los
médicos utilizan, con frecuencia, pruebas diseñadas
para medir las habilidades motoras, el comportamiento y la capacidad
intelectual, como una forma de determinar la manera en qué
la epilepsia está afectando a la persona. Estas pruebas también
dan indicaciones sobre el tipo de epilepsia que tiene la persona.
¿Se
puede prevenir la epilepsia?
Muchos
casos de epilepsia pueden prevenirse mediante la utilización
del cinturón de seguridad y de los cascos para bicicleta,
colocando a los niños en los asientos para carros y siguiendo
otras medidas que pueden prevenir las lesiones de la cabeza y otros
traumas. En ciertos casos, el tratamiento con medicamentos después
de la primera o segunda convulsión o después de las
convulsiones febriles puede también ayudar a prevenir la
epilepsia. Un buen cuidado prenatal, que incluya tratamiento para
la presión arterial alta y tratamiento de las infecciones
durante el embarazo, puede prevenir daños cerebrales en el
bebé en desarrollo que pueden causar epilepsia u otros trastornos
neurológicos más adelante. El tratamiento de la enfermedad
cardiovascular, la presión arterial alta, las infecciones
y otros trastornos que puedan afectar al cerebro durante la edad
adulta y la vejez también pueden prevenir muchos casos de
epilepsia. Por último, la identificación de muchos
trastornos neurológicos puede dar la oportunidad de realizar
pruebas de detección genética y diagnóstico
prenatal que, a la larga, pueden prevenir muchos casos de epilepsia.
¿Cómo
se puede tratar la epilepsia?
El
diagnóstico preciso del tipo de epilepsia que tiene la persona
es vital para encontrar un tratamiento eficaz. Hay muchas formas
diferentes de tratar la epilepsia. Los tratamientos actualmente
disponibles pueden controlar las crisis, al menos durante parte
del tiempo, en aproximadamente el 80 por ciento de las personas
con epilepsia. Sin embargo, otro 20 por ciento (cerca de 600.000
personas con epilepsia en los Estados Unidos) tienen crisis resistentes
al tratamiento y otras 400.000 sienten que los tratamientos disponibles
no les ofrecen un alivio adecuado. Estas estadísticas dejan
en claro que se necesita urgentemente contar con mejores tratamientos.
Los
médicos que tratan la epilepsia provienen de muchos campos
diferentes de la medicina. Estos médicos incluyen, entre
otros, neurólogos, pediatras, neurólogos pediatras,
internistas y médicos familiares, así como neurocirujanos
y médicos llamados epileptólogos, quienes se especializan
en el tratamiento de la epilepsia. Las personas que necesitan cuidado
especializado o intensivo para la epilepsia pueden recibir tratamiento
en grandes centros médicos y clínicas neurológicas
de hospitales o pueden ser atendidas por neurólogos en sus
consultorios privados. Muchos centros para el tratamiento de la
epilepsia están asociados a hospitales universitarios los
cuales, además de proporcionar atención médica,
realizan investigaciones.
Una
vez que se ha diagnosticado la epilepsia, es importante que el tratamiento
se inicie lo más pronto posible. Las investigaciones indican
que los medicamentos y otros tratamientos pueden ser menos exitosos
en el tratamiento de la epilepsia una vez que se hayan consolidado
las crisis y sus efectos.
Medicamentos
El
enfoque más utilizado todavía para tratar la epilepsia
es recetar medicamentos antiepilépticos. Los primeros medicamentos
antiepilépticos eficaces fueron los bromuros, dados a conocer
por un médico inglés llamado Sir Charles Locock, en
1857. Él se dio cuenta de que los bromuros tenían
un efecto sedante y parecían reducir el número de
las crisis en algunos pacientes. Ahora hay más de 20 medicamentos
antiepilépticos diferentes, todos con beneficios y efectos
secundarios diferentes. La decisión de cuál medicamento
recetar y, en qué dosis, depende de una gran variedad de
factores, entre ellos, el tipo de crisis que tiene la persona, el
estilo de vida de la persona y su edad y la frecuencia con que ocurren
las crisis y, en el caso de las mujeres, la probabilidad de quedar
embarazada. Las personas con epilepsia deben seguir los consejos
del médico y compartir con él cualquier preocupación
que puedan tener sobre los medicamentos que están tomando.
A
menudo, los médicos que atienden a un paciente que acaba
de contraer epilepsia recetan inicialmente carbamazepina, valproato,
lamotrigina, oxcarbazepina o fenitoína, a menos que se conozca
que la epilepsia es de un tipo que necesita un tratamiento diferente.
En el caso de las crisis de ausencia, la etosuximida es, con frecuencia,
utilizada como tratamiento primario. Otros medicamentos comúnmente
recetados son, entre otros, clonazepam, fenobarbital y primidona.
Algunos medicamentos relativamente nuevos contra la epilepsia incluyen
tiagabina, gabapentina, topiramato, levetiracetam y felbamato. Otros
medicamentos son utilizados en combinación con uno de los
medicamentos estándar o para tratar las convulsiones resistentes
al tratamiento que no responden a otros medicamentos. Algunos medicamentos,
como la fosfenitoína, tienen solo un uso autorizado en instalaciones
hospitalarias para el tratamiento de problemas específicos
como el estado de mal epiléptico o status epilepticus
(ver la sección: "¿Hay riesgos especiales asociados
a la epilepsia?"). En el caso de las personas con crisis graves,
recurrentes y estereotipadas, que pueden ser fácilmente reconocidas
por los familiares de la persona, el medicamento diazepam está
ahora disponible en un gel que puede ser administrado rectalmente
por un miembro de la familia. Este método para la administración
de medicamentos puede servir para detener las crisis repetidas o
prolongadas antes de que se conviertan en estado de mal epiléptico.
En
la mayoría de las personas con epilepsia, las crisis se pueden
controlar con un solo medicamento administrado a una dosis óptima.
La combinación de medicamentos generalmente amplifica efectos
secundarios como la fatiga y la disminución del apetito,
razón por la cual los médicos recetan una monoterapia,
o el uso de una sola droga, siempre que esto sea posible. Si la
monoterapia falla, a veces se recetan combinaciones de medicamentos
para controlar eficazmente las crisis del paciente.
El
número de veces que una persona necesita tomar medicamentos
al día está generalmente determinado por la vida media
del medicamento o la cantidad de tiempo que toma para que la mitad
de la dosis del medicamento sea metabolizada o descompuesta
en otras sustancias en el cuerpo. Algunos medicamentos, como la
fenitoína y el fenobarbital, solo necesitan tomarse una vez
al día, mientras que otros, como el valproato, deben tomarse
de dos a tres veces al día.
La
mayoría de los efectos secundarios de los medicamentos antiepilépticos
son menores, como cansancio, mareo o aumento de peso. No obstante,
puede haber efectos secundarios más graves y potencialmente
mortales, como las reacciones alérgicas. Los medicamentos
contra la epilepsia también pueden predisponer a la persona
a sufrir depresión o psicosis. Las personas con epilepsia
deben consultar al médico inmediatamente si contraen cualquier
tipo de sarpullido mientras están tomando el medicamento
o si se encuentran deprimidas o no se sienten en capacidad de pensar
de una forma racional. Otros signos de peligro que deben ser consultados
inmediatamente con el médico son cansancio extremo, tambalearse
al caminar u otros problemas del movimiento y hablar arrastrando
las palabras. Las personas con epilepsia deben estar concientes
de que los medicamentos contra la epilepsia pueden interactuar con
muchos otros medicamentos en formas potencialmente dañinas.
Por esta razón, las personas con epilepsia siempre deberán
decirle al médico que los atiende cuáles medicamentos
están tomando. Las mujeres también deben saber que
algunos medicamentos antiepilépticos pueden interferir con
la eficacia de los anticonceptivos orales y deben hablar de esta
posibilidad con sus médicos.
Debido
a que las personas se vuelven más sensibles a los medicamentos
a medida que envejecen, es posible que se necesite hacer un análisis
ocasional de los niveles de los medicamentos en la sangre para ver
si se necesita ajustar las dosis. Los efectos de algunos medicamentos
en particular disminuyen con el tiempo, lo que causa un aumento
de las convulsiones si no se ajusta la dosis. Las personas deben
saber que algunas frutas cítricas, el jugo de toronja en
particular, puede interferir con la descomposición de muchos
medicamentos. Esto puede causar que se acumule mucho medicamento
en el cuerpo, lo que a menudo empeora los efectos secundarios.
Las
personas que están tomando medicamentos contra la epilepsia
deben asegurarse de hablar con sus médicos y/o buscar una
segunda opinión médica si el medicamento no parece
estar teniendo efecto o si causa efectos secundarios inesperados
.
Ajuste
de la dosis de los medicamentos antiepilépticos
Cuando
una persona comienza a tomar un nuevo medicamento contra la epilepsia,
es importante que se ajuste la dosis para lograr los mejores resultados.
El cuerpo de cada persona reacciona a los medicamentos en formas
muy diferentes y, a veces, en formas impredecibles; esta es la razón
por la que puede tomar cierto tiempo encontrar el medicamento correcto
y la dosis apropiada que ofrezca un control adecuado de las crisis
epilépticas y reduzca a la vez los efectos secundarios. Un
medicamento que a cierta dosis no surte efecto o que produce muy
malos efectos secundarios puede funcionar muy bien si se cambia
la dosis. Generalmente, los médicos recetarán inicialmente
una dosis baja de un nuevo medicamento y vigilaran los niveles sanguíneos
del medicamento para determinar cuándo se ha llegado a la
mejor dosis posible.
Hay
versiones genéricas disponibles para muchos medicamentos
antiepilépticos. Las sustancias químicas presentes
en los medicamentos genéricos son exactamente las mismas
que las de los medicamentos de marca registrada, pero pueden ser
absorbidas o procesadas de forma diferente por el cuerpo debido
a la manera en que son preparadas. Por lo tanto, los pacientes siempre
deberían consultar con sus médicos antes de cambiarse
a una versión genérica de sus medicamentos.
Suspensión
de la medicación
Algunos
médicos les aconsejarán a las personas con epilepsia
que suspendan sus medicamentos antiepilépticos si han pasado
2 años sin que haya habido una convulsión. Otros médicos
consideran que es mejor esperar de 4 a 5 años. La suspensión
de la medicación siempre debe ser hecha
con la aprobación y la supervisión de un médico.
Es muy importante seguir tomando la medicación antiepiléptica
por el tiempo que el médico lo disponga. Se recomienda también
que pregunten con anticipación al médico o al farmacéutico
que deben hacer si se olvidan de tomar una dosis. La suspensión
de la medicación sin la aprobación del médico
es una de las razones principales por las que las personas que han
estado libres de crisis epilépticas comienzan a tenerlas
otra vez. Las crisis que se originan con la suspensión repentina
de los medicamentos pueden ser muy graves y pueden causar estado
de mal epiléptico. Además, existe cierta evidencia
de que las crisis incontrolables desencadenan cambios en las neuronas,
lo que hace más difícil tratar las crisis en el futuro.
La
posibilidad de que finalmente una persona pueda suspender la medicación
varía según la edad de la persona y el tipo de epilepsia
que tiene. Más de la mitad de los niños que entran
en remisión con medicamentos pueden finalmente dejar de tomarlos
sin tener nuevas crisis. Un estudio mostró que el 68 por
ciento de adultos que no habían tenido crisis durante 2 años
antes de la suspensión de los medicamentos pudieron suspenderlos
sin sufrir más convulsiones y el 75 por ciento pudieron descontinuar
la medicación exitosamente si no habían sufrido crisis
durante 3 años. Sin embargo, las probabilidades de suspender
la medicación exitosamente no son tan buenas para las personas
con antecedentes familiares de epilepsia, aquellas que necesitan
tomar múltiples medicamentos, aquellas con crisis focales
y aquellas que siguen teniendo resultados de EEG anormales mientras
están tomando los medicamentos.
Cirugía
Cuando
las convulsiones no pueden ser controladas en forma adecuada con
los medicamentos, es posible que los médicos recomienden
que se evalúe si debe hacérsele cirugía a la
persona. La cirugía de epilepsia es realizada por un equipo
de médicos en los centros médicos. Para decidir si
una persona puede beneficiarse de la cirugía, los médicos
toman en consideración el tipo o los tipos de crisis que
tiene. También toman en cuenta la región del cerebro
que está involucrada y qué tan importante es esa región
para el comportamiento diario. Los cirujanos evitan operar generalmente
en áreas del cerebro que son necesarias para el habla, el
lenguaje, la audición u otras habilidades importantes. Es
posible que los médicos realicen pruebas como la prueba de
Wada (administración del medicamento amobarbital en la arteria
carótida) para encontrar las áreas del cerebro que
controlan el habla y la memoria. A menudo vigilan intensamente al
paciente antes de la cirugía para poder señalar la
ubicación exacta en el cerebro donde se inician las convulsiones.
También pueden usar electrodos implantados dentro del cráneo
para registrar la actividad cerebral en la superficie del cerebro.
Esto ofrece mejor información que un EEG externo.
Durante
una conferencia de consenso sobre la cirugía de epilepsia,
organizada por los Institutos Nacionales de la Salud en 1990, se
concluyó que hay tres grandes categorías de epilepsia
que pueden ser tratadas exitosamente con la cirugía. Estas
incluyen las crisis focales, las crisis que se inician como focales
pero que luego se propagan al resto del cerebro y la epilepsia multifocal
unilateral con hemiplejía infantil (como es el caso de la
encefalitis de Rasmussen). Generalmente, los médicos recomiendan
cirugía solamente después de que los pacientes han
tratado dos o tres diferentes medicamentos sin que estos hayan surtido
efecto, o si hay una lesión cerebral identificable
(un área dañada o disfuncional) que se cree es la
causante de las crisis.
Un
estudio publicado en 2000 comparó los resultados de la cirugía
con los resultados de un año adicional de tratamiento con
medicamentos antiepilépticos en personas que llevaban largo
tiempo con epilepsia del lóbulo temporal. Los resultados
mostraron que el 64 por ciento de pacientes que tuvieron cirugía
dejaron de tener crisis, comparado con un 8 por ciento de aquellos
que solo siguieron con la medicación. Debido a este estudio
y a otras evidencias, la Academia Americana de Neurología
(American Academy of Neurology o AAN, por su sigla en inglés)
ahora recomienda cirugía para tratar la epilepsia del lóbulo
temporal cuando los medicamentos antiepilépticos no son eficaces.
Sin embargo, el estudio y las directrices de la AAN no dan orientación
sobre qué tan largas o graves deberían ser las convulsiones
o cuántos medicamentos deberían ser tratados antes
de que se considere realizar la cirugía. Un estudio a nivel
nacional se encuentra ahora en marcha para determinar con qué
prontitud se debe realizar la cirugía de la epilepsia del
lóbulo temporal.
Si
se considera que la persona es una buena candidata para la cirugía
y tiene convulsiones que no pueden ser controladas con los medicamentos
que hay disponibles, los expertos generalmente están de acuerdo
en que debe realizarse la cirugía lo más pronto posible.
Puede ser difícil para una persona que ha tenido convulsiones
durante años readaptarse completamente a una vida libre de
convulsiones si la cirugía tiene éxito. Es posible
que la persona nunca haya tenido la oportunidad de desarrollar un
grado de independencia y puede haber tenido dificultades en la escuela
o el trabajo que se hubieran podido evitar con un tratamiento temprano.
La cirugía siempre deberá hacerse contando con el
apoyo de especialistas de rehabilitación y consejeros que
le pueden ayudar a la persona a manejar las numerosas situaciones
psicológicas, sociales y laborales.
A
pesar de que la cirugía puede reducir significativamente
o hasta detener las crisis en ciertas personas, es importante recordar
que cualquier clase de cirugía conlleva cierto riesgo (generalmente
pequeño). La cirugía de epilepsia no siempre es eficaz
para reducir las crisis y puede causar cambios cognitivos o en la
personalidad, aún en personas que son excelentes candidatas
para la cirugía. Los pacientes siempre deberían preguntarle
al cirujano sobre su experiencia, su índice de éxito
y de complicaciones con el procedimiento que están considerando
hacerse.
Aun
cuando la cirugía detenga por completo las crisis epilépticas
de la persona, es importante que se sigan tomando los medicamentos
durante cierto tiempo para darle tiempo al cerebro de readaptarse.
Los médicos generalmente recomiendan que se sigan tomando
los medicamentos durante 2 años después de una cirugía
exitosa, para evitar la ocurrencia de nuevas crisis.
Cirugía
para el tratamiento de condiciones subyacentes
En
los casos en donde las convulsiones son causadas por tumores cerebrales,
hidrocefalia u otras condiciones que pueden ser tratadas con cirugía,
los médicos pueden operar para tratar estas condiciones subyacentes.
En muchos casos, una vez que la condición subyacente ha sido
tratada con éxito, las crisis de la persona también
desaparecerán.
Cirugía
para extirpar el lugar de origen de la convulsión
El
tipo más común de cirugía de epilepsia es la
extirpación del lugar de origen de la crisis o pequeña
área del cerebro donde se originan las crisis. Este tipo
de cirugía, que los médicos pueden llamar lobectomía
o lesionectomía, solamente es apropiada para las
crisis focales que se originan en una sola área del cerebro.
Por lo general, las personas tienen una mejor posibilidad de quedar
libre de crisis después de la cirugía si el lugar
de origen de la crisis es pequeño y bien definido. Las lobectomías
tienen un 55 y 70 por ciento de éxito cuando el tipo de epilepsia
y el lugar de origen de la convulsión están bien definidos.
El tipo más común de lobectomía es la resección
del lóbulo temporal, la cual se realiza en personas
con epilepsia del lóbulo temporal. La resección del
lóbulo temporal causa un reducción significativa o
un cese completo de las convulsiones en aproximadamente el 70 -
90 por ciento de las veces.
Transección
sub-pial múltiple
Cuando
las convulsiones se originan en partes del cerebro que no pueden
ser extirpadas, los cirujanos pueden realizar un procedimiento llamado
transección sub-pial múltiple. Durante este
tipo de operación, la cual se ha realizado comúnmente
desde 1989, los cirujanos hacen una serie de cortes que están
diseñados para prevenir que las convulsiones se propaguen
a otras partes del cerebro, a la vez que se dejan intactas las capacidades
normales de la persona. Cerca del 70 por ciento de los pacientes
que son sometidos a la transección sub-pial múltiple
tienen una mejoría satisfactoria en el control de las convulsiones.
Callosotomía
La
callosotomía o el corte de la red de conexiones
neuronales entre las mitades derecha o izquierda, o hemisferios,
del cerebro, se hace principalmente en niños con crisis graves
que se inician en una mitad del cerebro y se propagan hacia la otra.
La callosotomía puede eliminar las crisis de caída
y otras crisis generalizadas. Sin embargo, el procedimiento no detiene
las crisis en el lugar del cerebro donde se originan y estas crisis
focales pueden hasta aumentar después de la cirugía.
Hemisferectomía
y hemisferotomía
Estos
procedimientos retiran la mitad de la corteza cerebral o la capa
exterior. Son utilizados predominantemente en niños que tienen
crisis que no responden a los medicamentos debido a un daño
en solo la mitad del cerebro, como ocurre con condiciones médicas
como la encefalitis de Rasmussen, el síndrome de Sturge-Weber
y la hemimegencefalia. Aunque este tipo de cirugía es muy
radical y se realiza solo como última opción, con
frecuencia los niños se recobran muy bien de este procedimiento
y generalmente sus crisis cesan del todo. Con una rehabilitación
intensa, recuperan a menudo casi todas las habilidades normales.
Debido a que la posibilidad de una completa recuperación
es mejor en niños más pequeños, la hemisferectomía
debería ser realizada tan pronto en la vida del niño
como sea posible. En muy contadas ocasiones se realiza en niños
mayores de 13 de edad.
Dispositivos
El
estimulador del nervio vago fue aprobado en 1997 por la Administración
de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por su sigla en
inglés) para su uso en personas con crisis que no son bien
controladas por los medicamentos. El estimulador del nervio vago
es un dispositivo que funciona con pilas y que se implanta quirúrgicamente
bajo la piel del pecho, muy parecido a un marcapasos, y se conecta
con el nervio vago en la parte baja del cuello. Este dispositivo
envía descargas de energía eléctrica al cerebro
por la vía del nervio vago. Esta estimulación reduce
las convulsiones entre cerca del 20 al 40 por ciento en promedio.
Generalmente, los pacientes no pueden dejar de tomar los medicamentos
antiepilépticos por el hecho de tener el estimulador, pero
experimentan a menudo menos crisis y pueden estar en capacidad de
reducir las dosis de sus medicamentos. Los efectos secundarios del
estimulador del nervio vago son generalmente leves, pero pueden
incluir ronquera, dolor de oído, dolor de garganta o náuseas.
Ajustar la cantidad de estimulación utilizada puede usualmente
eliminar la mayoría de los efectos secundarios, aunque típicamente
persiste la ronquera. Las pilas del estimulador del nervio vago
deben ser reemplazadas aproximadamente una vez cada 5 años;
esto requiere una cirugía menor que generalmente puede ser
realizada en forma ambulatoria.
Varios
dispositivos nuevos para el tratamiento contra la epilepsia pueden
estar disponibles en el futuro. Los investigadores están
estudiando si la estimulación magnética transcraneal
(EMT), un procedimiento que utiliza un poderoso campo magnético
(imán) en la parte externa de la cabeza para influenciar
la actividad cerebral, puede reducir las crisis. También
tienen la esperanza de crear dispositivos que se puedan implantar
para administrar medicamentos a partes específicas del cerebro.
Dieta
Los
estudios han mostrado que, en algunos casos, los niños pueden
experimentar menos convulsiones si siguen una estricta dieta rica
en grasas y baja en carbohidratos. Esta inusual dieta, llamada dieta
cetogénica, hace que el cuerpo descomponga grasas en
vez de carbohidratos para sobrevivir. Esta condición es llamada
cetosis. Un estudio realizado en 150 niños, cuyas convulsiones
no eran bien controladas por los medicamentos, encontró que
cerca de un cuarto de los niños tuvo una disminución
de las crisis de un 90 por ciento o más siguiendo una dieta
cetogénica, y la otra mitad del grupo tuvo una disminución
de las crisis de un 50 por ciento o más. Además, algunos
niños pueden suspender la dieta cetogénica después
de varios años y seguir libres de crisis. La dieta cetogénica
no es fácil de mantener porque requiere el seguimiento estricto
de una dieta que incluye una gama inusual y limitada de alimentos.
Los posibles efectos secundarios incluyen retardo del crecimiento
debido a la carencia nutritiva y acumulación de ácido
úrico en la sangre, lo que puede causar cálculos renales.
Las personas que tratan la dieta cetogénica deberían
buscar la orientación de un dietista para asegurar que ésta
no conduzca a una carencia nutritiva grave.
Los
investigadores no están seguros la manera en que la dieta
cetogénica inhibe las convulsiones. Un estudio mostró
que un residuo de la cetosis llamado beta-hidroxibutirato (BHB)
inhibe las convulsiones en animales. Si el BHB también funciona
en los seres humanos, los investigadores podrían finalmente
elaborar medicamentos que imiten los efectos inhibidores de las
convulsiones provocados por la dieta cetogénica.
Otras
estrategias de tratamiento
Los
investigadores están estudiando si la bioautorregulación,
una estrategia mediante la cual las personas aprenden a controlar
sus propias ondas cerebrales, puede ser útil para controlar
las crisis. Sin embargo, este tipo de terapia es controversial y
la mayoría de los estudios han mostrado resultados desalentadores.
Tomar grandes cantidades de vitaminas generalmente no es bueno para
las crisis de una persona y puede ser hasta dañino en algunos
casos. Pero seguir una buena dieta y tomar algunos suplementos vitamínicos,
en especial el ácido fólico, puede ayudar a reducir
algunos defectos del nacimiento y carencias nutritivas causadas
por el uso de los medicamentos. El uso de suplementos no vitamínicos
como la melatonina es controversial y puede ser riesgoso. Un estudio
mostró que la melatonina puede reducir las crisis en algunos
niños, mientras que otro encontró que el riesgo de
crisis aumenta perceptiblemente con la melatonina. La mayoría
de los suplementos no vitamínicos, como aquellos encontrados
en las tiendas de alimentos naturistas, no están regulados
por la FDA, razón por la que sus efectos reales y sus interacciones
con otros medicamentos son desconocidos en gran medida.
¿Cómo
afecta la epilepsia la vida diaria?
La
mayoría de las personas con epilepsia llevan aparentemente
vidas normales. Aproximadamente el 80 por ciento pueden ser ayudadas
por las terapias modernas, y algunas pueden pasar meses o años
entre una crisis y otra. Sin embargo, esta condición puede
y, de hecho, afecta la vida diaria de las personas con epilepsia,
sus familias y sus amistades. Las personas que sufren crisis graves
resistentes al tratamiento tienen, en promedio, expectativas de
vida más cortas y un aumento del riesgo de sufrir deterioro
cognitivo, especialmente si las crisis se iniciaron temprano en
la niñez. Estos deterioros pueden estar relacionados con
las condiciones subyacentes que causaron la epilepsia o con el tratamiento
contra la epilepsia y no con la epilepsia misma.
Comportamientos
y emociones
No
es extraño que las personas con epilepsia, los niños
en especial, desarrollen problemas emocionales o del comportamiento.
Algunas veces estos problemas son causados por la vergüenza
o la frustración asociada a la epilepsia. Otros problemas
pueden ser causados por la intimidación, las burlas o el
hecho de evitar la escuela y otros ambientes sociales. En los niños,
estos problemas pueden ser minimizados si los padres estimulan el
sentido de independencia y una visión positiva de la cosas,
no premian los comportamientos negativos con cantidades inusuales
de atención y tratan de estar pendientes de las necesidades
y sentimientos de sus hijos. Las familias deben aprender a aceptar
y vivir con las crisis sin culpar a la persona afectada o tener
resentimiento contra ella. Los servicios de consejería pueden
ayudarles a las familias a sobrellevar la epilepsia en una forma
positiva. Los grupos de apoyo contra la epilepsia también
pueden servir para que las personas con epilepsia y sus familias
cuenten con un medio a través del cual compartir sus experiencias
y frustraciones y también ofrecen consejos para sobrellevar
este trastorno.
Las
personas con epilepsia tienen un mayor riesgo de tener poca autoestima,
sufrir de depresión y llegar al suicidio. Estos problemas
pueden ser una reacción a la falta de comprensión
sobre la epilepsia o a la incomodidad que ésta genera en
las personas, las cuales pueden tener reacciones crueles o evitar
el contacto con las personas afectadas. Muchas personas con epilepsia
también viven con el miedo constante de que van a tener otra
convulsión.
Conducción
de vehículos y recreación
Para
muchas personas con epilepsia, el riesgo de las convulsiones restringe
su independencia, especialmente la habilidad para conducir vehículos.
La mayoría de los estados y el Distrito de Columbia no expiden
licencias de conducción a personas con epilepsia a menos
que la persona pueda docum |