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La Meditación como Vía a la Felicidad

Dr Ignacio Salom E.

La Felicidad es consustancial al ser humano y a otras especies: la simple observación del comportamiento del ser humano demuestra que la felicidad es una experiencia al alcance de nuestra vivencia.  La felicidad se presenta en una constelación de manifestaciones, desde la alegría, el placer, el gozo, el bienestar, la satisfacción, la armonía, todas con un correlato de actividad biológica, localizada en el lóbulo pre-frontal izquierdo del cerebro, desde donde se regula al centro de las emociones o sistema límbico. Cuando se activa el lóbulo pre-frontal izquierdo del cerebro, la sensación que se experimenta es de felicidad, en cualquiera de sus manifestaciones y en relación con el estímulo interno o externo que le da origen (una ilusión, un logro alcanzado, una cena agradable, el abrazo amoroso, el nacimiento de un nuevo ser).

Existe mucha información científica que apoya este conocimiento. Se sabe además, que esta manifestación  de felicidad, está codificada genéticamente, de tal manera que todos tenemos el potencial de llegar a experimentar la felicidad, unos más que otros,  ya sea de una manera casual o azarosa, o de una forma más sistemática y auto-dirigida. Existen los genes de la felicidad, no uno sino varios, que aportan el 50% de la probabilidad de ser felices, agregando el otro 50%, aquellas condiciones del medio ambiente en las que nos ha tocado vivir.  Pero es que además, la felicidad como manifestación, parece haber sido muy importante en la evolución de la especie, ya que el placer de comer, dormir, de abrazarse con el ser querido, de  inter-actuar  socialmente, le agrega valor y da sentido a la experiencia de vida, favoreciendo la interacción con el medio y su dominio. Por el contrario, la ausencia de la experiencia de la felicidad, no le hubiese permitido a la especie humana y otras especies, el éxito evolutivo alcanzado; la vida no habría valido la pena.

La Felicidad debe ser una decisión de vida

Richard Davidson, con 20 años de experiencia en estudios para la ubicación geográfica  de las emociones y los sentimientos en nuestro cerebro, y más recientemente con la ayuda  de la tomografía por emisión de positrones y la resonancia nuclear magnética funcional, ha logrado definir, en conjunto con otros investigadores, los sitios que se encienden cuando experimentamos la felicidad o la tristeza, la primera predominantemente localizada en el lóbulo prefrontal izquierdo del cerebro y las emociones negativas en el derecho.

Pero la sentencia más interesante definida por Davidson reza que la felicidad es un acontecimiento demasiado importante para el ser humano y que no sólo es posible construir la felicidad, sino que además su vivencia no se le puede dejar al azar o a la casualidad. Davidson ( Universidad de Wisconsin) ha trabajado muchos años con el Dalai Lama y con Daniel Goleman (Inteligencia Emocional), y piensan que el ser humano, por medio de la voluntad y del ejercicio mental, puede aprender a controlar sus estados de ánimo y emociones.

La humanidad viene hablando de este tema desde hace varios miles de años, ya sea en la idea de apartarse del sufrimiento, con Budha y sus nobles cuatro verdades, con Periandro (S VII a.c en Grecia), quien le daba mucha importancia al ejercicio mental para el autodominio y la fuerza de la razón sobre las emociones, así como con Epicuro, quien invitaba a abrir la mente a los pensamientos positivos, con arreglo al carpe diem, para “aprovechar el día”, entre muchos otros pensadores.

La Felicidad se puede construir.

Hace unos pocos años se pensaba en el cerebro como un órgano rígido, terminado, estructurado, en el sentido de que lo aprendido, estaba guardado en nuestra memoria y no podía ser modificado. Hoy se conoce que lo que caracteriza al cerebro es más bien su gran plasticidad, lo que le confiere la propiedad de seguir cambiando a lo largo de la vida, no sólo desde el punto de vista funcional, sino además desde la perspectiva estructural. Esta plasticidad nos permite crear hábitos de pensamiento, de tal manera que habiendo inicialmente desarrollado un temperamento y estados de ánimo con una tendencia a las emociones destructivas, como la tristeza, la ira, los celos, el rencor, el enojo, el miedo, la angustia,  capaces de generar o agravar enfermedades dependientes del estrés.  

Hoy sabemos que se pueden cambiar los contenidos del pensamientos por medio de ejercicios mentales, hacia aquellos de carácter más positivo, que nos permitan emociones relacionadas con el bienestar. Las investigaciones recientes no solamente indican la generación permanente de nuevas conexiones inter-neuronales, sino además que como resultado de éstas, la corteza cerebral en algunas de sus regiones (la corteza cingulada anterior) es capaz de aumentar su grosor, en tanto que cambio estructural. Es decir, por medio de la decisión valiente (Osho) en relación  con la búsqueda de la felicidad, con una voluntad férrea por alcanzar este estado de manera permanente, y aprovechando la plasticidad para el cambio que nos confiere la naturaleza del cerebro, podemos transformar nuestra forma de pensar (morir para vivir), hacia un estado mental más positivo, que al mismo tiempo nos permita conservar una buena salud, o bien que sirva de complemento en el manejo médico de enfermedades ya establecidas.

La felicidad es una necesidad

Los estudios médicos de los últimos veinte años establecen la correlación entre los pensamientos negativos, las emociones destructivas y la enfermedad. Esta conexión está clara para aquellas enfermedades que denominamos “estrés dependientes” como el infarto del miocardio, el insomnio, la depresión, la fibromialgia, la lumbalgia crónica, la colítis espástica, la hipertensión arterial, la psoriasis, y otras más. Pensar negativamente, tiene consecuencias para la salud, relacionado con la elevación de algunas hormonas, entre ellas el cortisol derivado de las glándulas suprarrenales. Por el contrario, despojarse de la tensión emocional y del estrés alivia muchas de estas patologías y sirve de complemento a la terapia convencional,  previene esas enfermedades si aún no se han adquirido, y le permite al individuo una vida más llena de armonía y libre de conflicto. En Inglaterra por ejemplo, se está desarrollando un movimiento con apoyo gubernamental, en el que la felicidad de la población se debe incorporar como uno de los logros del desarrollo social  para los próximos años, tan relevante ó más, que algunos rubros relacionados con la salud económica del país.

La Meditación como vía a la felicidad

Varios son los caminos que se pueden emprender en ruta a la felicidad, la Meditación es uno de ellos. La Meditación es una tradición milenaria, ya existía en los registros védicos de la India, se ha conservado en el Oriente, y establece contacto reciente con Occidente al final de la primera mitad del siglo pasado. Esta relación se favorece a partir de la migración de monjes tibetanos a este lado del mundo, relacionado con la invasión china a sus territorios, además de la visita de jóvenes de Occidente a conocer las técnicas y a practicar la Meditación con ellos.

 La Meditación, a diferencia de lo que comúnmente se piensa, es un ejercicio mental para eliminar durante su práctica, todo pensamiento, toda emoción,y toda imagen.   Esta actividad, que puede durar de 30 a 45 minutos por día, tiene como recompensa durante las primeras etapas, generar una sensación de arrobamiento, de paz, de armonía muy agradable, que invita al meditador a permanecer en ese estado la mayor parte del tiempo posible. Este fenómeno está relacionado con la activación de un proceso subconsciente que resulta de liberar la mente transitoriamente de las funciones cognitivas.

La Meditación promueve por tanto el desarrollo de un estado especial de felicidad,  corroborado por medio de los estudios científicos, cuando demuestran que durante el acto meditativo, se encienden o activan las zonas del cerebro conocidas por su relación con el bienestar, entre otras, el lóbulo pre-frontal izquierdo del cerebro. El deseo por alcanzar un objetivo placentero, genera la producción en nuestro cerebro de una sustancia conocida como dopamina, que promueve la concentración, pero una vez alcanzado el objetivo, otra zona del cerebro genera la liberación de al menos dos sustancia, las endorfinas y las encefalinas, que confieren un rocío de plenitud, de goce,  de satisfacción y alegría para nuestra mente y para nuestro cuerpo. La Meditación en tanto que estado de paz, armonía y felicidad,  nutre al practicante de estos beneficios al alcance de su propia naturaleza.

Por otro lado la Meditación trae el beneficio del desarrollo de una Meta-consciencia, en tanto que habilidad de la mente para mirar el propio silencio durante el acto mismo del ejercicio, así como para observar los pensamientos ocasionales y dispersos que se presenten. Esta habilidad genera una fortaleza, de tal manera que cuando el meditador incursiona en la vida cotidiana, se está en la capacidad de  mirar los propios pensamientos y de liberar al individuo a voluntad de aquellos sentimientos que  generan estrés, acompañado de emociones destructivas, potencialmente dañinas para la salud.

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Contar con la habilidad de silenciar voluntariamente la actividad mental, ya sea total o parcialmente, confiere las condiciones para que en la vida cotidiana se logre cambiar el foco de atención, desde un pensamiento negativo a otro más positivo; incluso a reevaluar positivamente un pensamiento negativo, a tono con la Psicología Cognitivo Conductual.

La paz interior y el estado de armonía que se alcanza durante la Meditación se traduce en ecuanimidad y sosiego en los actos de la vida. El desarrollo de una Meta-consciencia durante la Meditación, genera un “observador” para la vida diaria, con el propósito de conservar el estado de felicidad la mayor parte del tiempo posible. No se trata de eliminar por completo nuestras emociones y estados de ánimo, sino sólo de controlarlas, matizarlas, desarrollando una fortaleza interior que promueva un incremento del umbral a las emociones negativas y decantar en un estado pleno de felicidad y arrobamiento.
Buena suerte en tu camino.

Dr Ignacio Salom E.
misalome@racsa.co.cr

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