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La dimensión psicológica de la sexualidad


Al discutir los determinantes psicológicos de la conducta, a menudo debemos tratar acerca de diferentes niveles de análisis del organismo humano. En un sentido, los factores psicológicos o sociales son meramente reflejos y manifestaciones de procesos biológicos subyacentes, y en otro sentido los factores psicológicos son independientes de lo biológico aún cuando deben mediarse a través de los mecanismos neurofisiológicos del cerebro, pues ni el pensamiento ni la emoción pueden ocurrir en un cráneo vacío.

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El concepto que de sí mismo pueda tener un individuo depende estrechamente del vivir y sentir su sexualidad, y de esta relación se desprende su sentimiento de auto-estima, su auto-concepto, su sentido de identidad, las formas específicas que utiliza para dar y para recibir afecto, su identidad moral y espiritual, etc.

La identidad sexogenérica forma parte de este constructo primordialmente psicológico, y es la identificación psicológica que se va desarrollando en el niño o en la niña para desembocar finalmente en el hecho de sentirse hombre o mujer.

Esta identidad sexogenérica se subdivide en tres áreas:

  • Núcleo genérico.
  • Identidad de rol.
  • Elección del objeto erótico.


El Dr. R. J. Stoller, sexólogo pionero en estudios de género y de identidad sexogenérica, fue quien propuso esta clasificación para darle cuerpo conceptual al conjunto de dimensiones psicosociales que incluyen a los sentimientos, conductas e identificaciones que todo ser humano tiene respecto de la vivencia intrínseca de su sexualidad.

  • Núcleo genérico: El núcleo genérico es la percepción psicológica a nivel íntimo y profundo de sentirse hombre o mujer. Los niños comienzan a definir su identidad entre los 18 y los 24 meses de edad, a los 2 años de edad por lo general ya comprenden que forman parte de un grupo genérico específico y pueden identificar correctamente a otros miembros de su mismo grupo, a la edad de 3 años tienen un concepto firme y consistente de lo que es su género, pero no es sino aproximadamente hasta los 5 años de edad que están plenamente convencidos de que son miembros permanentes de ese grupo.


Nos identificamos genéricamente cuando nuestro sentimiento coincide con nuestros órganos sexuales y con nuestro comportamiento (identidad sexogenérica concordante), lo que sucede en la gran mayoría de los casos. Sin embargo, existen situaciones en las que hay discrepancia entre el sexo biológico y los roles o los comportamientos que debemos mostrar, es decir, no coincide la imagen corporal con la percepción íntima de corresponder a ese sexo. A esta condición se le llama identidad de género discordante, identidad sexual discordante o identidad sexogenérica discordante, más recientemente disforia genérica, disforia sexual o disforia sexogenérica respectivamente, clínicamente reconocida como transgenereidad, transexualidad primaria o transexualidad secundaria a transvestismo dependiendo del caso.

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  • Identidad de rol: Los roles o los guiones son los papeles sociales de hombres y de mujeres, es decir, son la serie de comportamientos sociales que el grupo en que vivimos exige de nosotros, tomando como referencia el sexo que se infiere de acuerdo a nuestra apariencia masculina o femenina.

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Se habla de identidad de rol cuando una persona se ajusta a lo esperado para ella de acuerdo al hecho de ser o de manifestarse como hombre o como mujer, y de lo anterior se desprende el beneplácito social; pero por el contrario, el rechazo, la desaprobación y las críticas negativas emergerán cuando la persona no actúa con base en las expectativas sociales.

Los roles o guiones sexuales tan rígidos y estereotipados en sociedades como la nuestra, siguen originando grandes problemas sociales cuya repercusión en el ámbito familiar y personal es patente; y entre ellos cabe señalar la actitud sumisa y oprimida de la mujer, en tanto que el hombre por su par-te sufre de una expresividad emotiva soterradamente prohibida.

  • Elección del objeto erótico: Este concepto se refiere a los niveles de atracción que poseemos para relacionarnos tanto afectiva como emocional y eróticamente con personas ya sea de nuestro mismo género o sexo, del género o del sexo reproductivamente complementario o con ambos, y se le considera como un sinónimo de orientación sexual o de preferencia de género.


Existe una gran controversia para utilizar el término orientación sexual o para utilizar el término preferencia genérica. Si bien es cierto que las personas poco intervenimos en la decisión de ser heterosexuales, bisexuales u homosexuales y que por lo tanto podemos hablar de una orientación del deseo sexual, también es cierto que en algún momento todos y cada uno de nosotros preferimos relacionarnos tanto afectiva como emocional y eróticamente con personas ya sea de nuestro mismo género, del género reproductivamente complementario o con ambas, por lo que tenemos la posibilidad de elegir entre varias opciones. Y por su parte, utilizo la palabra género porque cuando menos en una primera instancia lo que percibimos en una persona es su género, mientras que su sexo tan solo podemos inferirlo a partir de lo que vemos.

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De acuerdo al resultado de diversas investigaciones realizadas científicamente cuya metodología fue impecable, se ha revelado que la orientación sexual queda establecida en algún punto entre los 6 y los 7 años de edad, y la gran mayoría de las investigaciones relacionadas con el origen de la orientación sexual o de la preferencia genérica, apuntan hacia la existencia de uno o más componentes biológicos relacionados con esta, al menos en los hombres.

Si un individuo tiene la capacidad para relacionarse tanto afectiva como emocional y eróticamente con personas de su género o de su sexo reproductivamente complementario se le llama heterosexual, si tiene la capacidad para relacionarse tanto afectiva como emocional y eróticamente con personas de su mismo género o de su mismo sexo se le denomina homosexual, y si la persona de hecho no tiene una capacidad exclusiva e indistintamente puede relacionarse tanto afectiva como emocional y eróticamente con uno u otro género o sexo, se le llama bisexual.

En el tema dedicado a la orientación sexual o a la preferencia genérica se describirán detalladamente las características de las tres orientaciones sexuales.

Existen otros dos términos que están muy relacionados con la sexualidad humana y que también están significados por sus tres dimensiones: el erotismo y la vinculación afectiva.

El erotismo se refiere a la capacidad humana de experimentar las respuestas subjetivas que evocan los fenómenos físicos percibidos como deseo sexual, excitación sexual y orgasmo, y que por lo general se identifican con el placer sexual. El erotismo se construye tanto a nivel individual como social, con significados simbólicos y concretos que lo vinculan a otros aspectos del ser humano.

Y la vinculación afectiva es la capacidad humana de establecer lazos con otros seres humanos, mismos que se construyen y que se mantienen mediante las emociones y los sentimientos. El vínculo afectivo se establece tanto en el plano personal como en el de la sociedad mediante significados simbólicos y concretos que lo ligan a otros aspectos del ser humano. En los seres humanos, el amor representa una clase particularmente deseable de vínculo afectivo.

Finalmente, la sexología es la ciencia encargada del estudio de la sexualidad, para lo cual se vale de la interrelación de otras disciplinas muy diversas (multidisciplinaria), ya que la sexología tiene injerencia tanto con áreas humanas, médicas y aún con las técnicas (transdisciplinaria); y la sexualidad se refiere al comportamiento sexual del ser humano, con base en la conjunción de los factores biológicos, psicológicos y sociales que integran al ser humano sexual (lo biológico se relaciona con el sexo y con sus 8 dimensiones, lo social corresponde al género y a sus respectivos componentes, y lo psicológico a la identidad sexogenérica y a la orientación sexual o a la preferencia de género).

La sexualidad, por su carácter integral no trata simplistamente sólo aspectos coitales o reproductivos ni tampoco técnicas sexuales, sino que tiene que ver con la totalidad del ser humano en su interrelación cotidiana con sus semejantes, inmersos todos en una sociedad demandante que especifica estrictamente sus lineamientos, por lo que también incluye patrones culturales, comportamientos, actitudes, pensamientos, emociones, sentimientos, sensaciones, etc.

Por su parte, el comportamiento sexual responsable se expresa tanto en el plano personal, como en el plano interpersonal y en el comunitario, y se caracteriza por autonomía, madurez, honestidad, respeto, consentimiento, protección, búsqueda de placer y de bienestar. La persona que practica un comportamiento sexual responsable no pretende causar daño y se abstiene de la explotación, del acoso, de la manipulación y de la discriminación. Una comunidad fomenta los comportamientos sexuales responsables al proporcionar la información, los recursos, los derechos y la formación que las personas necesitan para participar en dichas prácticas.

Autor: Héctor Castillo Ortiz
 

Actualizado: 28 de Agosto, 2018

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