Comer Sano para Luchar Contra el Cáncer

 

Dra. Paula Jiménez Fonseca
Sº Oncología Médica

¿Podemos reducir nuestro riesgo de padecer cáncer con una adecuada alimentación?

Prevenir el cáncer es uno de los grandes retos de la medicina actual por el gran número de nuevos casos y de muertes que causa cada año y porque en estadios avanzados se asocia con un gran sufrimiento físico y psíquico en el paciente y familiares con un importante impacto social, económico y laboral. Más aun, en el contexto económico en que nos encontramos cada caso de cáncer que se evite no solo supone una vida ganada sino muchos recursos sanitarios ahorrados.

La concienciación que la sociedad ha tomado en los últimos años en relación con la necesidad de llevar una vida sana para combatir el cáncer ha quedado patente en la gran aceptación que ha tenido el libro, Comer para vencer al cáncer de Ediciones Nobel, que hemos escrito, Belén, Química especialista en nutrición y yo, Paula, Oncóloga Médica. De dicho libro los beneficios económicos que reciba como autora irán donados íntegramente para la lucha contra el cáncer.

A continuación se recoge un resumen de lo tratado en la 1ª parte: Consejos Alimenticios para pre venir el cáncer. En la 2ª parte se dan Consejos Alimenticios para pacientes con cáncer.

Es importante conocer que 2 de cada 3 tumores se generan por causas evitables y que estos podrían evitarse:

  • Abandonando el tabaco y reduciendo el consumo de alcohol que se asocian con más del 50% de todos los cánceres.
  • Siguiendo una dieta equilibrada, dado que una mala alimentación se asocia directamente con más del 35% de las neoplasias e influye en otro 25%.
  • Haciendo ejercicio físico, caminando unos 30 minutos al día y 2 días a la semana realizando otros deportes como gimnasia, natación, Pilates, yoga, golf.
  • Utilizando una adecuada protección solar.
  • Evitando o tratando las infecciones, sobre todo víricas.

También es fundamental conocer las bebidas o alimentos carcinógenos y los cánceres con los que se asocian que son:

  • alcohol, principal agente causal de cáncer de cabeza y cuello, esófago y de hepatocarcinoma, también se asocia con cáncer de mama y colorrectal.
  • conservas, ahumados y alimentos en salazón, principal causa de cáncer de estómago, también se asocian con cáncer de cabeza y cuello, esófago y colorrectal.
  • carne o pescado a la brasa o parrilla, se asocian con cáncer de estómago, cabeza y cuello, esófago, colorrectal, mama y próstata.
  • las dietas hipercalóricas ricas en grasas saturadas y en azúcares refinados o bollería industrial, favorecen el cáncer de colon, recto, mama, endometrio, próstata, páncreas, vía biliar y riñón.

La obesidad se asocia especialmente con tumores hormonodependientes como el cáncer de mama, endometrio y próstata porque modifica el perfil hormonal favoreciendo el disbalance a favor de los estrógenos, carcinógenos confirmados.

El cáncer de estómago, el de mayor incidencia a nivel mundial, ha pasado a ser el 9º en España y ha reducido su frecuencia en la mayoría de países occidentales gracias a una modificación de los hábitos alimenticios de dichos países. La aparición de los sistemas frigoríficos ha permitido consumir todo el año alimentos frescos en buen estado y ha reducido la ingesta de alimentos en salazón que favorecen, al ingerirse y llegar al estómago, la liberación de nitrosaminas, potentes carcinógenos. Si modificando qué comemos, cómo lo conservamos y lo cocinamos hemos reducido de forma muy marcada la incidencia de cáncer de estómago en el mundo, debe ser un objetivo lograr esto en otros tumores asociados con una inadecuada alimentación.

Si tenemos en cuenta que a lo largo de nuestra vida ingerimos millones de toneladas de alimentos, es lógico pensar en el importante papel que juegan en mantener una buena salud. Así, el Código Europeo Contra el Cáncer en el punto 4 recoge la siguiente recomendación:

  • “Aumenta el consumo de frutas, verduras y hortalizas variadas: coma al menos 5 raciones al día.
  • Limita el consumo de alimentos que contienen grasas de origen animal.”

Las frutas y verduras son los productos estrella de nuestra alimentación y las que han demostrado mayor efecto antitumoral se recogen en el libro Comer para vencer al cáncer como Top 10 y son:

  • Coles por ser ricas en flavonoides, glucosinatos, índoles e isotiocianatos (brócoli, coles de Bruselas, coliflor, rábanos, nabos y lombarda).
  • Ajo y cebolla, por sus múltiples propiedades anticarcinógenas pero también antiinflamatorias, antisépticas, antihipertensivas y protectores frente a enfermedades cardiovasculares, neurológicas y articulares.
  • Verduras rojizas que son ricas en carotenoides como el licopeno (tomate, calabaza, zanahoria, pimiento rojo). Un estudio médico ha demostrado, en varones mayores de 65 años, que el consumo diario mantenido de 2 tomates disminuye el riesgo de hiperplasia benigna y de cáncer de próstata.
  • Cítricos por su alto contenido en vitamina C y antioxidante (limón, kiwi, naranja, pomelo y piña).
  • Verduras de hoja verde que contienen clorofila (repollo, espinacas, lechuga, acelga, escarola, apio, berros, canónigos, puerros).
  • Frutas rojas y frutas silvestres que son hipocalóricas, ricas en vitaminas antioxidantes: A, C, E, vitaminas que previenen el envejecimiento y en betacarotenos y polifenoles que les dan su color característico (granada, melocotón, albaricoque, papaya, cerezas, uvas, ciruelas, sandía, mora, arándanos, frambuesa y la fresa).
  • Setas (hongos comestibles) como shitake y maitake que contienen sustancias que potencian el sistema inmune.
  • Pescado azul que además de minerales como yodo, selenio y proteínas de alta calidad contiene grasas poliinsaturadas y omega 3 que ayudan a regular los niveles de colesterol (sardina, boquerón, anchoa, trucha, atún, bonito, caballa, salmón, anguila, arenque, cazón, congrio, chicharro, emperador, pez espada, lambrea, palometa) que debemos consumir unas 3 veces a la semana.
  • Yogur o queso fresco y pan integral, base de nuestra alimentación.
  • Aceite de oliva, imprescindible para el aliño de verduras crudas y para cocinar carne o pescado. Debemos ingerir unas 3-5 cucharadas día.

La mayoría de los alimentos incluidos en el Top 10 son ricos en fibra lo que incrementa la masa fecal y acelera el tránsito intestinal disminuyendo el contacto de las toxinas de las heces con el tubo digestivo y. por tanto, disminuyendo el estreñimiento, lo que previene sobre todo el cáncer colorrectal.

Son ricos en fibra: el pan integral y los cereales (3-5 raciones/día); la pasta integral, arroz y legumbres (5 raciones/semana, un día lentejas, otro garbanzos, otro alubias estofadas, otro arroz y otro pasta) además de las fruta, verdura (alcachofa, guisantes) y hortalizas (mínimo de 5 raciones/día, un  plato en comida y cena de verduras, hortalizas o ensalada y 2-3 piezas de fruta/día).

Además, debemos recordar que el agua es el mejor laxante y aunque es una bebida, es fundamental para regular las digestiones, limpiar el intestino y para muchas otras funciones del intestino.

Los alimentos con bifidobacterias o probióticos favorecen el crecimiento de la flora bacteriana intestinal con lo que se previene la colonización por bacterias con poder carcinógeno por lo que debemos consumir 2 yogures desnatados enriquecidos en vitamina D y calcio al día y 2 porciones (100 g) de queso preferiblemente fresco. Los alimentos ricos en calcio y vitamina D disminuyen el riesgo de pólipos intestinales y son: el huevo (unos 3/semana), los lácteos (3 raciones/día), el champiñón, la alubia y las sardinas de pequeño tamaño consumidas con espinas.

A pesar de todo lo anterior, debe evitarse la percepción extendida de que si una cosa es buena cuanto más se tome de sus extractos mejor, como sucede con los complejos polivitamínicos. Al contrario, no debe aconsejarse la ingesta de suplementos vitamínicos si la dieta es equilibrada. Lo adecuado es concienciar a la población de lograr un equilibrio y variedad en el consumo de frutas, verduras y cereales integrales que se mantenga en el tiempo, es decir, que las dietas saludables no deben ser esporádicas sino de por vida.

Además, el seguir una dieta saludable no solo reduce un 35% nuestro riesgo de padecer un cáncer sino que ayuda a prevenir otras enfermedades que pueden deteriorar nuestra calidad de vida.Y si a esto unimos el consumo de alimentos frescos de temporada en buen estado y conservados siempre fríos en frigoríficos, el cocinado al vapor, en olla exprés o a la plancha y limitar el consumo de alimentos precocinados o en conserva estaremos aplicando el refrán, incluido en el libro como otros dichos populares y rimas creadas por las autoras, “Quien bien come y bien digiere solo de viejo se muere”.

En definitiva, comer bien contribuye a sentirse mejor, a mantener la salud, a prevenir el cáncer y otras muchas enfermedades por lo que, sí, podemos reducir nuestro riesgo de padecer cáncer con una adecuada alimentación.

 

Dra. Paula Jiménez Fonseca
Sº Oncología Médica
Hospital Universitario Central de Asturias, Oviedo
Libro, “Comer para vencer al cáncer” Ediciones Nobel

 

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