El concepto de normal en sexualidad

Qué es lo normal y qué es lo anormal?

Generalmente el término normal hace hincapié en el cumplimiento de un nivel o de una pauta establecida que se asocia con el bienestar, pero en lo que respecta a la sexualidad, el concepto de normal puede ser muy arbitrario y muy subjetivo. Por ejemplo un grupo de personas pueden considerar cierta conducta sexual como normal (arbitrario), mientras que para otro grupo esa misma conducta puede ser calificada como anormal (subjetivo).

Del término normal se deriva lo que es una norma, y podría decirse que una norma es una conducta manifestada, avalada y permitida por la mayoría de una comunidad en un momento sociohistórico específico; y hablando de sexualidad las normas tampoco están exentas de componentes arbitrarios ni de componentes subjetivos.

Entonces, ¿qué es lo normal en la sexualidad? y la respuesta debería basarse en los siguientes puntos: Normal para quién, en dónde, en qué momento y bajo qué circunstancia… pues una misma conducta sexual puede ser permitida o sancionada con base en estos puntos.

El intento por definir lo que es sexualmente normal y lo que no lo es, constituye uno de los dilemas más confusos de la sexología actual. Generalmente el término normal hace hincapié en el cumplimiento de un nivel o de una pauta establecida que se asocia con el bienestar, aunque se basa en la tendencia de grupos y no en un ideal arbitrario.

Etimológicamente, la palabra normal proviene del latín normalis, dícese de lo que se halla en su estado natural, que sirve de norma o regla; de lo que por su naturaleza, forma o magnitud se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Inmersa en la definición de normal generalmente encontramos la palabra natural, misma que también encuentra sus raíces en el latín naturalis, que nos indica aquello relativo a la naturaleza o conforme a la calidad o a la propiedad de las cosas.

Categorizar y definir la palabra normal o natural no es tarea sencilla y más aún si como en nuestro caso lo enfocamos a la sexualidad, pues reiteradamente caemos en el cuestionamiento: ¿Normal? ¿Para quién, bajo qué circunstancias, en qué ámbito? pues una misma conducta puede ser reprimida con voracidad en alguna cultura y altamente ensalzada en otra.

El ser humano tiende a categorizar los fenómenos que percibe, y esta categorización no es una realidad. Por lo tanto, hay que aceptar que para un problema dado pueden existir varios enfoques alternativos, o sea, diversas modalidades de conceptualización y de explicación de los fenómenos que se presentan en nuestro universo circundante (conceptos anímicos, mágico-religiosos, científicos, sociales, etc.).

El proceso de socialización obliga al hombre a hacer suyos los valores de la comunidad, por esto es necesario dividir las conductas del ser humano en deseables e indeseables.

Con el lenguaje aparecen una serie de signos y de sonidos llamados semas, los cuales son emotivos y valorativos, y que no sólo describen un fenómeno sino que expresan un juicio o una opinión del sujeto que los enuncia. A través del uso constante de estos semas cuyo contenido semántico es un juicio de valor, el individuo percibe los valores de la comunidad, los integra a su existencia y los transmite a sus descendientes. Así, la gente aprende a vivir de hábitos y actúa como se le ha condi­cionado a actuar.

Los modelos y las pautas del comportamiento sexual varían según el tiempo y el lugar, y según los intereses de un grupo o de una cultura en particular.

Las características biológicas son prácticamente las mismas para todos los seres humanos de todas las razas, en todas las culturas y en todos los momentos de la historia (la diferencia genética entre un nórdico, un hispano, un asiático y una persona de raza negra es del 0.2%); pero el comportamiento sexual es diferente de una raza a otra, de una cultura a otra, de una persona a otra y también dependen del momento sociohistórico que se viva.

Como ejemplos de lo anterior podemos mencionar la edad al primer coito, las posiciones coitales, la frecuencia en las relaciones sexuales, la prevalencia de relaciones extramaritales, el concepto de belleza, la esteatopigia (término griego que significa grasa en los glúteos), las cirugías genitales (circuncisión, subincisión, excisión, supraincisión, introincisión, infibulación, clitoridectomía, etc.), los ritos de iniciación, la posición ante el adulterio, la posición ante el pudor (dujobores), los tipos de matrimonio, el concepto de masculinidad y de feminidad, etc.

La conducta sexual humana está influenciada, por no decir condicionada, por el aprendizaje social y por los patrones y normas externos a la sexualidad misma, como son la religión, la economía etc., los cuales determinan y moldean el comportamiento sexual de un individuo.

En las ligas que aparecen anexas a este artículo podrás conocer las características de cada una de estas tres dimensiones de la sexualidad.

Héctor Castillo Ortiz
Psicólogo y sexólogo clínico
México, D. F.
E-mail: hcastilloortiz@prodigy.net.mx

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